A casi dos semanas del sismo del 19 de septiembre (19/S) de 7.1 grados Richter en la Ciudad de México (CDMX), el escenario político cambió completamente; desde muchos aspectos y puntos de vista, cambió toda la situación y la dinámica que se llevaba rumbo al proceso electoral de 2018, afirma Marco Rascón, fundador de la Asamblea de Barrios, después del terremoto de 1985 y del Partido de la Revolución Democrática (PRD).
“Hay una percepción ciudadana muy sensible frente al comportamiento de los partidos, pero también de todo el sistema político. Hay un reclamo muy fuerte de que las cosas tienen que cambiar, aunque no hay precisión hacia dónde, ni cómo, pero las cosas no pueden seguir como están o han estado a lo largo de todos estos años”, dice Rascón.
Es algo que plantea la emergencia y la solidaridad extendida, donde propiamente los jóvenes o una nueva generación es protagonista en este momento que deja pasmads otra vez a las instituciones; no es el caso de 1985 donde abiertamente el gobierno cometió el error de regresar a todos a sus casas; no, hoy fue mucho más precavido.
Sin embargo, agrega, por muchas otras razones se han desarrollado, de tiempo atrás, altos niveles de corrupción, de escándalos, en muchos aspectos, lo que cataliza y genera o expresa un alto nivel de hartazgo. El asunto no se dirige ni siquiera a un partido u otro, sino es general al sistema de partidos. Todo esto que vemos en la política que son los mítines organizados, camisetas, cachuchitas, micros, acarreos, reparto de despensas, etc., entró en una crisis profunda.
El creador de Superbarrio, defensor de los inquilinos, pone de ejemplo “la indignación ante el hecho, cierto o no, que está presente en las denuncias de etiquetar la ayuda con el nombre de un partido, de una persona o de una empresa, genera un rechazo sumamente grande y profundo”.
Frente a esto, Marco Rascón reitera, “el escenario cambió, lo que se pensaba seguro entra en un alto nivel de incertidumbre. En la ciudad, y en el país también, como se venían perfilando las fuerzas políticas y sus acomodos, alianzas, estaba al margen de la sociedad, pero hoy la sociedad será protagonista.

Confrontación PRD-Morena
Frente a este escenario y dado que el próximo año, el PRD y Morena, serán las dos principales fuerzas políticas que se disputarán la jefatura de Gobierno de la capital del país, el experredista explica que “esta confrontación entre PRD y Morena genera dos situaciones: una, ingobernabilidad y vacíos que llena el crimen organizado. Frente a un gobierno como el actual, de Miguel Ángel Mancera, el sismo lo tomó en una situación muy especial pues en su V Informe de Gobierno, el 17 de septiembre, prácticamente anunció que dejaba la Jefatura de Gobierno para buscar la candidatura presidencial, y anunciaba como su coordinador de la campaña a Héctor Serrano.

De repente sucede el sismo, ¿cómo se podrán desprender dejando la ciudad como está?
“Si en este momento alguien vive un alto nivel de incertidumbre con respecto al futuro político es el jefe de Gobierno, tanto en lo personal como respecto a sus responsabilidades al frente del gobierno de la ciudad”, explica.
“Después de 72 horas, donde ya la sociedad había ganado una presencia muy importante, PRD y Morena empezaron a trasladar todo lo que fue el escenario electoral del Estado de México, pero ahora su disputa es por la CDMX. Quieren trasladar su confrontación a todos los frentes de emergencia, a todos los frentes de reconstrucción”.
Marco Rascón asegura que, ante esto, es muy fácil que la gente empiece a considerar que más que una representación política, los partidos, principalmente el PRD y Morena que son los que llevan la mayor carga del gobierno capitalino, son más un obstáculo que un instrumento para generar condiciones favorables de una reconstrucción incluyente que ayude a la planeación y al desarrollo futuro urbano de la propia ciudad.
El activista va más allá al señalar que las encuestas que hizo Morena o las mediciones que se hacen resultaron tan falsas como la “historia de Frida”. Hoy el futuro electoral para 2018 es totalmente incierto, lo que se consideraba ya un triunfo en el bolsillo de Morena es absolutamente relativo, y pasarán muchas cosas de aquí hasta el proceso electoral en julio del año entrante.
Por eso, los partidos comenten un error “al querer sobreponerse y querer estar arriba de la ola y lo que generan es un rechazo contundente”, dice el luchador social.

El “boom inmobiliario”
Marco Rascón señala que el sismo aparece dentro de lo que es la burbuja, el boom inmobiliario que se ha desarrollado desde hace 17 años, desde el gobierno capitalino de Andrés Manuel López Obrador —2000 a 2005—. El ancla, el símbolo de esa burbuja inmobiliaria es la Torre Mayor en avenida Reforma con una decisión incluso de excepción del pago del impuesto predial, por parte de López Obrador. A partir de ahí se extiende prácticamente a la Ciudad de México.
Explica que el sismo de 1985 acabó con la era hegemónica del concreto armado, en términos de la construcción, y nació este proceso de la ingeniería mexicana del acero. En el 85, los nuevos reglamentos, sobre todo en edificios de alta densidad, fueron ya con el acero, lo vemos en el caso de los edificios de Reforma que resistieron los últimos sismos, el de 8.4 y el de 7.1 del 7 y 19 de septiembre.
El activista que contribuyó a organizar la Asamblea de Barrios comenta que ha tratado de averiguar o por lo menos de abrir la interrogante de cuántos son los edificios que colapsaron o se dañaron; los que tuvieron que ver con los reglamentos de construcción antes del sismo del 85; los que se construyeron ya con las nuevas reglas y las nuevas normas del 85, y aquí abarca el gobierno de Manuel Camacho Solís, de Óscar Espinosa Villareal y los 20 años de los gobiernos de la izquierda.
Apunta que se ha dado un proceso de desarrollo de compactación de alta densificación frente a una ciudad que sigue siendo atractiva en términos económicos. “Es tan atractiva que aquí en la delegación Cuauhtémoc somos alrededor de 550 mil habitantes y la población flotante es de alrededor de dos millones y medio diarios, de los seis millones que diariamente cruzan las fronteras del Estado de México y los estados conurbados hacia la CDMX, porque todavía la metrópolis es un foco de atracción económica muy importante, incluso más importante que muchas de las economías de los estados y las zonas que nos están rodeando; en términos de empleo, de inversión, de actividad económica, la ciudad ha crecido”.
Frente a eso, dice Rascón, el gran reto hacia el futuro es que seguimos creciendo espacialmente, lo que es un suicidio, porque vamos sobre los bosques, los mantos acuíferos, desecar propiamente el Lago de Texcoco con el nuevo aeropuerto, cuando hay voces que plantean que nos estamos acercando a una crisis, ya no únicamente de las crisis sísmicas recurrentes que tenemos, sino también hidráulica. El tema del agua que necesitamos para sobrevivir, pero también el agua que desechamos, requiere una transformación y una visión de futuro al respecto.
El tema del desarrollo inmobiliario —añade— está directamente ligado con eso, hay una cuestión de compactación, pero eso genera altos valores en el suelo que encarece a la misma ciudad y demuestra dos situaciones al mismo tiempo: la necesidad de la sustentabilidad de cómo crecer, pero por otra parte haciéndola vulnerable, porque los fenómenos de la naturaleza son muy difíciles de medir, el tamaño del impacto que pueden tener.

Camino a la reconstrucción
El pasado 25 de septiembre, el jefe de Gobierno de la Ciudad de México (CDMX), Miguel Ángel Mancera, dio a conocer el Plan para la Reconstrucción, Recuperación y Transformación de la Ciudad de México, que implica atender los más de 10 mil inmuebles que se vieron afectados en la capital del país.
Plan de reconstrucción que, según Marco Rascón, “no desea que se junten ni se organicen las víctimas de este sismo, los quiere negociando uno a uno por separado”, por eso en su opinión hay dos tipos de reconstrucción que se pueden discutir, “el de todos los damnificados, una visión urbana, o el de reproducir un teletón inmobiliario de pura caridad, filantropía y ayuda, pero finalmente tratando de que las víctimas y toda esta generación no se organice. Ofrece tratos individuales con cada una de los damnificados, pero con la idea de que se mantengan divididos”.
Ante la propuesta del gobierno central, es necesaria una mesa central o programa de entidades públicas, sociales y privadas para discutir, construir vivienda en renta de los mismos condóminos, suponiendo que se construyan 30 departamentos, serían 20 condóminos y 10 en renta, apunta.
La ciudad necesita movilidad, “este esquema de cada quien un departamentito con un cochecito está haciendo crisis. Este sismo pondrá en evidencia y catalizará los límites que tiene esa forma de vida, de cultura de todos propietarios y todos con un cochecito privado para trasportarlos”.
Rascón acepta que en el mercado inmobiliario de la ciudad existe una colusión entre autoridades del gobierno local, autoridades delegacionales y constructoras, “claro que existe, nadie puede meter la mano al fuego de que no ha existido”.

El caso del Colegio Rébsamen es un claro ejemplo de que a la hora que sucede una desgracia empieza a relucir la opacidad y la oscuridad que hay en la gestión administrativa. Además de que hay una sobrerreglamentación que abre también la puerta a la corrupción en muchos sentidos y desprestigia lo que es el papel normativo por parte de las autoridades tanto las delegacionales como las del gobierno central.
Hay que pensar —dice— que estamos al final de la estructura delegacional que imperó, incluso con elecciones, pero que el sismo modificó su esencia, una estructura de gobierno hecha en 1928, donde con las elecciones ganó cierto tipo de autonomía, pero que entró en conflicto porque en el gobierno de Marcelo Ebrard —2006 a 2012— se creó el Instituto de Verificación Administrativa del Distrito Federal (INVEADF) que confrontó las facultades del gobierno central y de las delegaciones, y en lo que se acomodaron, crearon una cantidad de vacíos que dan como resultado casos como el de la escuela Enrique Rébsamen, donde afloran todas las irregularidades.
“Es un mundo de opacidad tan grande como el desarrollo de la ciudad a partir de estas formas reglamentadas que generan vacíos que hoy pagamos cuando la naturaleza actúa sin miramientos, que entra y ataca todo lo que ha construido el género humano”.
Sin embargo, hay que ver el futuro de la ciudad, ¿cómo se está desarrollando?, ¿cuál es la visión hacia el futuro del propio desarrollo urbano? Aquí entra ese gran capital que tiene una necesidad de reproducirse y que en cada terrenito de carácter urbano ve la posibilidad de construir. Todo lo construido es la gran complejidad para la reconstrucción, porque en un edificio se tienen condóminos que ya pagaron su crédito y otros que no lo han hecho; unos tienen seguro y otros no lo tienen; algunos mas son inquilinos de los condóminos o de algún condómino que ya no vive ahí pero rentó y tiene un contrato de arrendamiento.
En toda esa variedad hay un gran problema y la única manera de resolverlo es la expropiación del suelo de toda la zona cero, es decir, la zona afectada y colapsada, para poner un piso y hacer una herramienta para la reconstrucción y la planeación de la ciudad, asegura Marco Rascón.

