“Convertiré tu muro en un peldaño”. Rainer Maria Rilke.

Ceuta es un territorio español, y por ende, asociado a la Unión Europea ubicado en un extremo al norte de África, concretamente aledaña a Marruecos. Este recuerdo del pasado colonial es una ciudad con cerca de 85 mil habitantes dispersos en 18 kilómetros cuadrados (equivalentes a 6/7 partes de Iztacalco, la delegación más pequeña de la Ciudad de México). En tanto, el territorio de Melilla tiene una población ligeramente mayor a Ceuta, pero en un territorio de apenas 12 kms2. Ambas demarcaciones tienen una valla de acero que separa la frontera entre ambos países, que significan la única frontera terrestre entre los continentes europeo y africano, así como un motivo de crítica social por parte de organizaciones defensoras de los Derechos Humanos.

Si bien estas vallas fueron construidas por motivos de seguridad nacional y regional a fin de poner un alto al contrabando de mercancías ilegales y evitar la llegada masiva de inmigrantes ilegales, también representan el cierre del diálogo por parte de los gobiernos nacionales y supranacionales por una apertura internacional que pueda beneficiar a la sociedad.

Las vallas fronterizas de Ceuta y Melilla tienen como característica que miden seis metros de alto y que tienen un remate metálico que dificulta la escalada de los migrantes. Además, son dobles, por lo que el espacio entre ambas barreras facilita el trabajo de la Policía Española para detener a los inmigrantes africanos. Adicionalmente, del lado de Marruecos está instalada otra malla de 200 centímetros de altura, lo que en conjunto se extiende en suma por 30 kilómetros en ambas fronteras.

Otra característica de estas divisiones es contar con equipos modernos de tecnología que detectan los intentos de los inmigrantes. Ejemplo de ello son cámaras de video, sensores de calor y movimiento, torres de control con gendarmes vigilantes e incluso apoyo de helicópteros. Estos esfuerzos fueron financiados por el gobierno español y el apoyo de la Unión Europea, a fin de poner un alto a la inmigración ilegal.

Pese a estos gastos en seguridad las oleadas de personas provenientes de África con rumbo a buscar una mejor calidad de vida y oportunidades en Europa continúa y estas vallas no han logrado su cometido de detener el tránsito de migrantes. Diferentes medios han documentado el éxito de centenares de individuos que han llegado a las ciudades de Ceuta y Melilla, pero una vez allí han sido detenidos y enviado a centros de internamiento para ser repatriados a sus países de origen. Menos aún, pueden tener éxito y hacer la travesía por el mar Mediterráneo para llegar a la península ibérica.

No obstante, otra forma de evitar pasar por estas barreras ha sido quizás más peligrosa y con características de crisis humanitaria al intentar cruzar este mar en rudimentarias embarcaciones, con múltiples casos de naufragios y pérdidas de vida. Sin embargo, en este tipo de travesía no sólo es en el espacio náutico entre Marruecos y España; también se da en otros países como Túnez, Argelia o Libia hacia las zonas del sur de Francia o Italia.

Si bien las posibilidades de concluir la travesía con éxito son mínimas diferentes organizaciones de la sociedad civil han informado el grado que es la tragedia. Lo que ha rebasado la capacidad de reacción de guardiamarinas y fuerzas navales de los países involucrados. En el terreno del arte se han realizado manifestaciones que retratan el anonimato de los cadáveres hallados en el mar, tal como la canción Clandestino del grupo Manu Chao el referirse del terror que sufren lo migrantes entre Ceuta y Gibraltar.

En tanto, pese a las protecciones instaladas en ambas ciudades españolas situadas en el norte de África existen problemas sociales que no han sido detenidos con las vallas. La discriminación entre quienes pueden salir legalmente de las demarcaciones y los que por falta de documentos esperan su turno de regresar a su lugar de origen es una primera diferencia. También hay diferencias comunitarias por temas como idioma, religión, alfabeto, raza, grados de pobreza, entre otros. Asimismo, existen temores de que grupos fundamentalistas puedan realizar sus actividades ilícitas en estas regiones debido a detenciones de simpatizantes yihadistas, lo que agrava la percepción de inseguridad.

Si bien el costo de la seguridad y los problemas sociales existentes en las fronteras entre España y Marruecos son considerables, existen razones de geopolítica internacional que hacen de vital importancia la presencia de elementos policiales y fuerzas armadas. Algunas voces han propuesto regresar ambas ciudades al país del norte de África, mientras que otras alegan la importancia de la presencia española, país que además de estar incorporado a la Unión Europea es miembro de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), por lo que hay muchos intereses políticos en la zona.

A diez años de redoblar la seguridad con la ampliación de la altura de las vallas de Ceuta y Melilla es tiempo de reflexionar si los trabajos humanitarios han mejorado las condiciones de vida de los migrantes que tratan de llegar a Europa por este punto. Si bien las crisis humanitarias han tenido diferentes grados de intensidad, es importante plantear nuevos canales de relaciones internacionales que permitan reducir el impacto social de esta barrera.

El autor es Doctor en Humanidades, Universidad Latinoamericana.