Con esta frase el presidente Enrique Peña Nieto hizo vibrar a los mil quinientos invitados que asistieron a Palacio Nacional a la ceremonia, de alguna manera sucedánea, del informe presidencial.
Muchos recordaron los momentos en que la gallarda diplomacia mexicana fue aplaudida en diversos heroicos capítulos del siglo pasado; el presidente conectó con su auditorio y logró además dar una explicación coherente y concisa de su proyecto de nación, con el que podemos estar de acuerdo o no, pero defendió el rumbo de las llamadas reformas estructurales.
Mas aún, el viaje a China, al cual asistió como invitado del BRICS, que es la unión finaciera de Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, fue de trascendental importancia para el futuro comercial de México, pues estos países han promovido un fondo para las naciones emergentes, compitiendo —aunque sea en menor escala todavía— con el Fondo Monetario Internacional y con el Banco Mundial, desde luego con una óptica distinta a la de estas instituciones financieras internacionales que han sido el conducto más eficiente para imponer la política neoliberal en el mundo. Su viaje nos indica con claridad que no se están poniendo todos los huevos en una sola canasta.
Naturalmente, la relación comercial del TLCAN es una de las más importantes del mundo, pues transitan más de mil millones de dólares diarios en nuestro comercio tan solo con Estados Unidos.
Por ello, no será nada fácil para el presidente Donald Trump, a pesar de sus actitudes prepotentes y discriminatorias, romper esta sólida relación comercial.

Ante la cortesía diplomática de México que se reflejó en el ofrecimiento de ayuda a los damnificados de Houston, Trump responde con actitudes inaceptables, continúa insistiendo en la construcción de su muro que nos ofende, persigue a los indocumentados de manera feroz y racista y, finalmente, cuando aquí se terminaba la segunda etapa de las pláticas del TLCAN, el procurador Sessions daba por terminada la orden ejecutiva del presidente Obama que apoya a más de 800 mil jóvenes, cuyo denominador común es que llegaron sin documentos desde que eran niños y se han convertido en un factor importante del desarrollo social y económico; no obstante, lo que dijo anteriormente, hoy deja en la angustia y al desamparo a estos dreamers cuya esperanza de una vida mejor se pretende cancelar, pues ellos no eligieron ir a Estados Unidos y no conocen otra patria más que esa, a pesar de ello, el trato que se les intenta dar es una verdadera brutalidad contra los jóvenes del mundo.
En México siguen siendo los temas más relevantes de la discusión del tratado la integración de origen, que consiste en una mayor utilización de productos en la elaboración de las mercancías que habrán de exportase a Estados Unidos, lo cual no sería malo, pues podría lograrse una mayor inversión y una oportunidad para la empresa mexicana de aumentar su productividad y tecnología.
También se discute el déficit que existe y al que tanto alude y combate el presidente Trump, sin darse cuenta de que ese déficit también se debe a que importamos numerosas materias primas de Norteamérica, que se trasforman en mercancías, de tal manera que los verdaderos ganadores económicos son las grandes empresas transnacionales como la automotriz.
El otro tema muy importante es la forma de dirimir las controversias, ya que pretende la contraparte norteamericana sujetar a su tribunales la decisiones de los conflictos que se suscitan entre las tres naciones, esto sería verdaderamente inaceptable, tan solo recordemos los famosos fondos buitre que, de una manera alevosa e inmoral, han puesto en la ruina a Argentina gracias a una decisión de un juez federal de Washington; si nos sujetamos a estas competencias, tendríamos perdidos todos los litigios, lo cual es absurdo e inaceptable.
En resumen, el informe del presidente despertó un nuevo animo entre sus partidarios y a todos los mexicanos nos enorgulleció su decisión —que esperamos que así sea— de no aceptar nada que ofenda la dignidad de la nación.

