Se asocia la película ¡Madre! a obras de Luis Buñuel, en particular Viridiana y El ángel exterminador, pero sin profundizar en el nivel simbólico. La crítica superficial sólo percibe el nivel literal, como si se tratara de realismo. Dante hablaba del nivel alegórico. Es claro que Viridiana parodia el Evangelio. Hay cineastas más allá de cualquier literalidad. Menciono a algunos: Ingmar Bergman (lo más alto que para mí ha dado el cine, con obras como Persona o La hora del lobo), Satyayit Ray (con La vida de Apu, entre otras), Akira Kurosawa (Trono de sangre y muchas más), Fellini (Satiricón o Amarcord), Andrei Tarkovski (Stalker, Solaris o Sacrificio), Buñuel (con las ya mencionadas, pero también La vía láctea y El fantasma de la libertad), Pier Paolo Pasolini (sobre todo con Teorema, donde el Huésped es Dios anunciado por el cartero Angelino), Roman Polanski (Repulsión, El inquilino, El bebé de Rosemary) o Alejandro Jodorowski (Fando y Lis, La montaña sagrada, Santa Sangre). En este sentido, ¡Madre! es de las escasas obras maestras alegóricas (no realistas) desde La danza de la realidad (2013), de Jodorowski.

Aclarado lo anterior, me parece inútil contar la anécdota de ¡Madre! Me ubicaré en el nivel simbólico. Etimológicamente, poeta significa creador. Había una vez un Poeta solitario que vivía aburrido con su mujer virgen en el paraíso terrenal. ¿Virgen? Ella lo aclara y no lo repetiré aquí. Este Poeta no es otro sino el Dios judeocristiano, quien (como Viridiana) le abre las puertas a quien lo necesita. Sin embargo, Aronofsky va más lejos. La pareja a la que el Poeta alberga en la casa que tanto cuida la Virgen es Adán y Eva. A él le muestra el fruto prohibido: una frágil piedra de cristal. Luego, Adán se lo mostrará a Eva.

La pareja primordial se sirven del Jardín del Edén, pero ella siente curiosidad por la habitación donde está la piedra-fruto prohibido. Lo toma, se le cae y se rompe. Dios se enoja mucho y con el vidrio se hiere las manos. Clausura la habitación. Si antes tenía bloqueo creativo, ahora mucho más, pero desea un hijo. Adán y Eva tienen dos: Caín y Abel. Ambos llegan a la casa-paraíso debido al testamento del padre y ocurre lo que tenía que ocurrir: Caín mata a Abel, el favorito de Papá. En la noche, los invitados dan el pésame. El paraíso se llena de gente, pero todo tiene un límite y pronto deberán partir.

Dios-Padre y la Virgen conciben a un hijo. El Espíritu penetra y la creatividad del Poeta se inflama con una obra genial, que su editora (¿Satán?) acepta de inmediato. A la Virgen ya se le nota el embarazo. Fanáticos se pelean por el favor del Dios-Poeta e invaden la casa-paraíso. Se crean sectas y guerras: es la historia de la Iglesia (parodiada por Monty Python en La vida de Brian cuando los fanáticos de Brian se dividen, sin importar que este filme sea otra parodia del Evangelio). En ¡Madre! la Virgen da a luz. El Dios-Hijo recibe obsequios. Dios-Padre quiere cargar a su Hijo. La madre se niega. Él espera a que ella se duerma y se lo arrebata. El pueblo quiere tocarlo. Al igual que en el mito, Dios-Padre ofrece a su Hijo en sacrificio. Así, Dios-Hijo se convierte en Hostia, palabra que significa “víctima de sacrificio”. El pueblo comulga (canibalismo ritual o teofagia: come del cuerpo de Dios). Recordemos que ciertas sectas del gnosticismo cristiano llegaron a comulgar con embriones (véase el libro de Lacarrière). La Madre-Virgen se desgarra: ¡mataron a su hijo! Pero Dios-Padre-Poeta dice que los asesinos se arrepienten y Él los perdona. La madre no lo acepta y decide la purificación con fuego. El paraíso terrenal se convierte en Apocalipsis.

En el pasado, Dios perdió su casa en un incendio. Entre las cenizas halló la piedra-fruto prohibido. Es obvio que Dios no puede morir y sobrevive al incendio. Del corazón de la madre-ceniza, madre-tierra, extrae la piedra de nuevo. La historia se repite. A diferencia del tiempo lineal (Génesis-Apocalispsis), Aronofsky optó por el Eterno Retorno, pero con otra creación y otra Virgen. En la India, el tiempo es cíclico: creación-preservación-destrucción, y luego de nuevo la creación. Contra la crítica superficial, es claro que en ¡Madre! todo está calculado, obedece a un orden y a correspondencias simbólicas. No es obra de ningún loco.