John Ray, el cual fue su nombre inventado, debido a que en su certificado de nacimiento sus padres, al no llegar a un acuerdo, decidieron únicamente anotar “JR”, tuvo un extraordinario paso por la historia de la música. Al crecer en una granja cerca de la carretera y ayudar a su familia a recolectar algodón, se forjó en él una sensibilidad que posteriormente se expresaría por medio de la música.

Su biógrafo por excelencia, Robert Hilburn, relata que pudo darse cuenta de su destino armonioso cuando escuchaba cantar a su madre canciones bautistas en un salón, lo cual generó un vínculo indisoluble entre sus conceptos de música y religión. Su misma progenitora le alentaba diciéndole: “Tienes un don para cantar. Dios ha puesto su mano sobre ti para llevar el mensaje de Jesucristo”.

Los paisajes de la infancia, la fe baptista, el huir de casa para trabajar en una fábrica de automóviles y después el alistamiento en la Fuerza Aérea orillaron a Johnny Cash a explorar escenarios inusitados y, sin lugar a dudas, forjaron su estilo de composición. A lo largo de su vida, Cash comenzó a desarrollar un estilo musical que nunca buscó ser comercial.

Hilburn indica que “su ambición no era colar otro éxito en la radio. De niño había visto cómo la música levantaba el ánimo de la gente que recogía el algodón y siempre quiso lograr lo mismo con su música. Su mensaje siempre fue el mismo. No importa lo mucho que hayas pecado: no debes perder la fe porque vendrán tiempos mejores”.

Dicho objetivo, aunado al hecho de una vida llena de adicciones a narcóticos y mujeres, hacen de la obra literaria de Cash un verdadero caudal de interés. Atreverse a considerar que el autor posee una “obra literaria” podría considerarse asunto de una seria polémica intelectual; sin embargo, el tema se mantiene aún incandescente desde que le fue otorgado el Premio Nobel de Literatura a Bob Dylan y el debate alrededor sigue arrojando posturas igual de contrariadas que al principio, pero un mérito que tuvo la designación fue el atraer los reflectores sobre el análisis literario a las composiciones musicales.

Eternas palabras es fruto de ese análisis. A través de una exhaustiva recopilación de poemas y letras, en una edición bilingüe, el lector emprende una travesía para adentrarse en el complejo mundo de Cash y vivir la experiencia de su pensamiento místico y personal.

Y es que mediante lo que ya es clasificado como material poético, se podrán conocer pequeñas historias en verso que Cash escribía, a la par de numerosos papeles sueltos que quedaron en el viento después de su muerte en el año de 2003.  En ellos, lo mismo pueden descubrirse referencias a pasajes bíblicos como escenas de cotidianidad gris.

Se trata, pues, de letras versátiles, ricas y curiosas que además se encontrarán prologadas por el hijo del también interprete, John Carter Cash e introducidas por el ganador del Premio Pulitzer, Paul Muldoon. Es una oportunidad de enorme valía para quien busque acercarse a la figura de Cash o para aquellos que requieran contribuir al debate de los músicos poetas y su reconocimiento.