De repente, cuando todo indicaba que el Frente Ciudadano por México no tenía porvenir, surge un grupo de personas y personajes que se niegan a asumirse como políticos y anuncian su disposición para incorporarse al FC, sigla que recuerda los membretes aquellos que inventaba el impoluto Rafael Aguilar Talamantes.
No parecía tener futuro el Frente con el PRD desfondado al extremo de haberse convertido en un partido meramente testimonial y, por otra parte, con el PAN seriamente dividido entre los partidarios de Ricardo Anaya y los seguidores del expresidente Felipe Calderón, empeñado en sabotear su propio partido por todos los medios. Por cierto, los lectores de La Jornada ya habrán notado que los caricaturistas de ese diario invariablemente dibujan al michoacano con una copa en la mano y en redes sociales le endilgan al mismo remoquetes como Calde-Ron y Caldedrunk.
Otra razón para que ese Frente termine dándose un frentazo es que no le será fácil resolver quién será el candidato al Gobierno de la Ciudad de México y quién a la Presidencia de la República. Muchos son los aspirantes y no pocas las dificultades para ponerse de acuerdo, entre otras, que la eventual salida de Ricardo Monreal de Morena lo convierte en el mejor candidato para oponerse y ganarle a Claudia Sheinbaum, lo que se convertiría en un desastre para Andrés Manuel López Obrador.
Ante un porvenir tan incierto, el referido grupo de personas y personajes que se niegan a asumirse como políticos pareciera que le viene a dar oxígeno a la moribunda coalición de izquierderecha. Entre los que buscaron el FC se cuentan académicos, periodistas, dirigentes de organizaciones no gubernamentales, intelectuales orgánicos de la derecha y algunos cartuchos quemados, como el excomunista y expanista Jorge Castañeda.
Algunos de los que buscan integrarse al FC juran que no buscan hueso, pero otros no ocultan su interés en ligar alguna delegación capitalina, la alcaldía de su pueblo, una diputación local y con suerte una federal, aunque las senadurías y otros cargos parecen más lejanos.
El grupo arguye que ya izquierdas y derechas están pasadas de moda y por eso poco importa la filiación perredista o la adscripción a los colores marianos de Acción Nacional. Lo importante es colarse en la grilla. A cambio, los setenta y tantos firmantes del documento que desató este proceso de arrejunte pueden allegarle diez y hasta cien votos por cabeza al Frente, 780 o 7,800 votos que mucha falta le han de hacer al FC. Así es esto de las convicciones democráticas.

