A diferencia de muchos países, en el caso de Estados Unidos de América (EUA), sus mandatarios tienen manga ancha respecto a su poder de actuación tratándose del manejo de la diplomacia del Tío Sam. Posibilidad que le ha caído como anillo al dedo al mendaz racista que ahora vive en la Casa Blanca, histórica residencia digna de mejor suerte.
En las horas más bajas de su primer año de gobierno, y con el peor índice de popularidad de un mandatario estadounidense en los últimos 70 años, Donald Trump decidió intentar mejorar su desgastada imagen –interna y externa–, con una larga gira por el continente asiático. Sobre todo visitando Pekín, donde recibió una apoteósica bienvenida que obligó al presidente color “naranja” a dedicarle loas a Xi Jinping que ni sus más serviles empleados se atreven a decirle. En pocas palabras, Trump se puso en ridículo en la capital china por su propia boca. Ni más ni menos.
Con el propósito de cosechar “éxitos diplomáticos” para esgrimirlos ante la opinión pública nacional y en el extranjero, Trump cayó en sus propias mentiras que cada vez son más evidentes. Así las cosas, su equipo informó que el jueves 9 de noviembre había “vendido” una serie de acuerdos multimillonarios con China (250,000 millones de dólares) que “servirían” para reducir el elevado déficit comercial de EUA con el gigante asiático que en 2016 sumó 347,000 millones de dólares. El más alto del mundo.
Como sumario de una gira de este tipo, la prensa no podía desaprovechar la información. Pero, lo cierto, es el análisis de la misma: la mayor parte de estos acuerdos son memoranda de entendimientos que podrían tardar lustros y hasta décadas para materializarse. O nunca, porque además casi ninguno es vinculante. Todo indica que en el “gran total” de esta noticia, el esposo de la rubia Melania incluyó hasta los regalos que su delegación compró en su turné turística. Aunque usted no lo crea. Así se las gasta el mandatario golfista que invitó a Jinping a jugar varios hoyos en su campo de Florida, hace pocos meses en su visita de Estado a la Unión Americana.
Por cierto, Donald Trump prometió en su campaña electoral que cuando ganara la presidencia se dedicaría a “gobernar” y no a jugar golf como otros lo hacían, refiriéndose a Barack Obama que también le encantaba perder el tiempo con este deporte. Resulta que según los encargados de recopilar estadísticas en el vecino país del norte, el empresario ha dedicado muchísimas más horas que el mulato tratando de emular al famoso golfista negro Eldrick Tont Woods, mejor conocido por su apodo “Tiger” Woods, que ha ganado 14 majors. Así se las gastan en los altos círculos diplomáticos.

Resulta que en este tipo de giras internacionales –en China y en otras capitales importantes–, todas las delegaciones encabezadas por presidentes y primeros ministros que acuden a dichas cumbres, aprovechan la oportunidad para suscribir acuerdos rubricados antes o se firman, con bombos y platillos, que luego se olvidan una vez que el “gran momento” pasó. En esta ocasión, como lo definió el ministro chino de Comercio, Zhong Shan –aprovechando la megalomanía de Trump–, ha propiciado “un milagro”.
No obstante lo exagerada que puede ser la cifra –250,000 millones de dólares– y de los contratos reales que finalmente sean efectivos, destacan algunos como el de la Boeing, que venderá en China 300 aviones por un valor de 37,000 millones de dólares (32,000 millones de euros). Sin embargo, la compañía estadounidense no especificó cuántas de estas aeronaves (260 de un solo pasillo y 40 de cuerpo ancho), eran nuevos pedidos o hechos con anterioridad.
Asimismo, en el campo aeronáutico, la fábrica Bell venderá 50 helicópteros al grupo Reignwood, que ya había ordenado anteriormente otros 60, y General Electric fabricará para la aerolínea Juneyao motores y turbinas para sus Boeing 737, con un valor de 2,500 millones de dólares. Además, Honeywell –que ya es proveedor del primer comercial chino, el C919–, rubricó un contrato con la aerolínea de bajo coste Spring, que vuela a más de 130 rutas con una flota de Airbus A320.
Según la agencia de noticias Reuters, en las próximas dos décadas, otro de los mayores proyectos es el de la Corporación de Inversión en Energía de China, que “destinará” 83,700 millones de dólares para la extracción de gas pizarra y manufacturas químicas en Virginia, EUA. Asimismo, la petrolera Sinopec y el Banco de China acordaron con la empresa estatal estadounidense Alaska Gasline Development desarrollar en dicha entidad un proyecto de gas natural licuado en 43,000 millones de dólares. Sin embargo, aún pasarán muchos años hasta que se firmen sus correspondientes contratos y el régimen de Pekín siempre podrá negociar esta negociación como baza política.
Con todo esto, Donald Trump buscó reducir el gigantesco déficit comercial de la Unión Americana con la elefantiásica República Popular China. Después del recibimiento de mandarín que recibió en la ciudad de Pekín, al empresario se le olvidaron las furibundas críticas que le endilgó a Jinping por sus “abusivas prácticas comerciales”. Es más, Donald responsabilizó a sus antecesores en la Casa Blanca de lo ocurrido. “Después de todo, ¿quién puede culpar a un país por ser capaz de aprovecharse de otro en beneficio de sus ciudadanos? Le doy mucho crédito a China por ello”, aseguró Trump, sonriendo, al encontrarse con Xi Jinping en el Gran Palacio del Pueblo, algo verdaderamente inusitado. Sin duda, Jinping quería –y lo logró– “apantallar” al bocazas WASP que presume de sus tres matrimonios con mujeres eslavas.

Por su parte, el líder asiático correspondiendo al cambio de tono del visitante de EUA, prometió abrir más el mercado chino y continuar cooperando con la Casa Blanca para terminar la crisis nuclear con el régimen norcoreano, uno más de los principales temas de esta “visita de estado superior”, tal y como fue bautizada oficialmente. En esta ocasión, Donald y Xi comparecieron en una sesión de prensa conjunta donde leyeron sendas declaraciones, pero sin contestar ninguna pregunta de los periodistas. En otras ocasiones, los presidentes de EUA presionaban para que su contraparte china contestara algún requerimiento aunque estuviera convenido de antemano. Ahora, el pragmático Trump, satisfecho con los supuestos contratos comerciales entre ambos países, amén de la suntuosa bienvenida en Pekín, no hizo ni una pequeña referencia sobre el mejoramiento de los derechos humanos o del avance de la democracia en China, donde la represión ha crecido bajo las órdenes del “amigo” Xi Jinping. “Business is Business” (“Los negocios son los negocios”).
Como propósito esencial de la gira asiática –Japón, China, Corea del Sur, Vietnam y Filipinas–, el presidente Trump se concentró en fortalecer alianzas para estrechar el cerco a Pyongyang y terminar con su incesante programa balístico y nuclear, casi la única “línea maestra” de la diplomacia de la Casa Blanca, si acaso se le puede llamar así.
Parecía que todo iba a transcurrir en calma. Pero, en la recta final, en Filipinas, resurgió la andanada verbal de parte y parte. Trump respondió rápidamente a las palabras de Kim Jong-un que calificó el viaje presidencial como una “belicista gira”. “Nadie puede predecir cuándo el lunático viejo de la Casa Blanca vaya a perder el sentido e iniciar una guerra nuclear”…”Nunca podrán atemorizarnos ni frenar nuestros avances. Nos empujan a acelerar los esfuerzos para la gran causa, la fuerza nuclear nacional”, indicó la agencia estatal de noticias norcoreana KCNA.
A Trump no le molestó tanto que se le calificara de “belicista”, sino de “viejo lunático”. Eso fue imperdonable para alguien que cuida su cabellera y su ego más que cualquier otra cosa. Y, en uno de sus infantiles tuits, el mandatario estadounidense se quejó: “¿Por qué Kim Jong-un, me insultaría llamándome viejo cuando yo nunca lo llamaría chaparro y gordo? Oh, bueno, trato tanto de ser su amigo, ¡y quizá algún día eso ocurra!”.
De hecho, los contragolpes infantiloides de Trump cada día sorprenden menos, aunque estén pendientes de su Twitter millones y millones de personas, la mayoría republicanos que se ubican entre los sectores menos educados de la sociedad estadounidense. El sucesor de Obama lo hizo en su primer discurso como mandatario de EUA ante la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas (ONU) cuando amenazó a Corea del Norte con la “destrucción total” si ponía en riesgo la seguridad de la Unión Americana y llamó “hombre cohete” a Kim Jung-un.
Quién sabe cuál de los dos está más desequilibrado. VALE.

