Wonder Wheel llegará hoy a la pantalla grande; se trata de la más reciente película del polifacético y extravagante director norteamericano Woody Allen. La historia que ha escogido proyectar para deslúmbranos nuevamente con  su extraordinaria visión surrealista pasa a través de cuatro personajes con un singular escenario: Coney Island, una feria enorme a la orilla del mar en que el creador de Mignight in Paris paso parte de su infancia.

“Es un lugar lleno de sustos fáciles y falsas apariencias. Mis personajes viven al otro lado del decorado de ese gran espectáculo de magia. Ellos saben en qué consisten sus trucos baratos. Cuando los ves sobre el escenario te parecen maravillosos. Pero, bajo la superficie, descubres que son insulsos y que no tienen ningún glamour…”, dice Allen al diario El País, cuyo publicista es determinante en establecer la regla de no mencionar, insinuar siquiera, los escándalos sexuales que envuelven a Hollywood y de los cuales el mítico director ha sido parte en diferentes rumores.

Aunque si hablamos de reglas, Woody Allen tiene una sumamente curiosa en la con la cual justifica la metáfora de su filme: “…la vida suele ser tan fea por fuera como por dentro. Pocas cosas escapan a esa regla: un puñado de obras de arte, ciertos momentos vividos con los demás y algunos instantes encantadores, heroicos o románticos…”

Congruente con el estilo que le caracteriza, el hombre de los icónicos anteojos, aprendió de Tennesse Williams y Eugene O´Neill “lo fascinante que es observar personajes en crisis”. Allen no gusta nada de la filosofía de los cuentos de hadas, pues asegura que tendemos a esperar que pase algo que lo mejore todo cuando “en realidad, la vida suele cambiar a peor”, aunque admite anteponer la felicidad a la desgracia: “Es mejor ser un hombre rico, con buena salud y una relación sentimental agradable que un tipo amargado, sin techo y sin amigos. El problema es que, al final, los dos terminarán enterrados en el mismo cementerio…”

Casi como un ritual ineludible, Woody Allen hace un balance de sus 82 años de vida y mira atrás con añoranza pero, al mismo tiempo, con resignación: “Me hubiera gustado no estar limitado por ciertos defectos de mi carácter. Me hubiera gustado ser menos cobarde, más dispuesto a correr aventuras, menos hipocondríaco. Más libre…”. Sin embargo, califica sus defectos de “patéticos cuando mucho”,  pero les agrega un matiz de remordimiento a los “hubiera”: “seguir estudiando”, “tomar decisiones artísticas diferentes”, “ser decidido con ciertas mujeres”.

También declara que su amor por la poesía y lamenta no haberse convertido en poeta y aceptar rodar Crisis in six scenes. A pesar de eso, el genio está hecho y él lo sabe, al terminar la entrevista irá a ver una exposición de Gauguin: “el paraíso no es tan bello, hay que embellecerlo”.