Los teatristas Arturo Amaro y Adriana Enríquez han cosechado durante muchos años de empeño y dedicación un repertorio de obras que han sido vistas ya por muchas generaciones dejando una huella palpable, tal es el caso de Bonanza… Como en aquellos tiempos, pieza original de Arturo Amaro que reanima la memoria para llevarla hasta el encuentro de la nostalgia e incluso de la ternura, para llegar hasta el fondo mismo de una niñez feliz, siempre atenta a los cambios de la vida y a la interrelación con los hermanos y los padres.

A 25 años de su estreno, Bonanza… Como en aquellos tiempos celebró también 5,200 representaciones con una función de gala en el Espacio Universitario de Cultura Off Spring de la Colonia San Rafael, sede fundada por Enríquez y Amaro para su grupo Bajos Fondos Teatro Independiente. A la encomiable empresa de creación del Off-Spring, impulsado por este binomio de creadores, el público ha respondido con gran interés. Y no es para menos: se trata de una contienda artística empeñada en rescatar el quehacer emergente y la tradición de nuestro teatro independiente desde una perspectiva humanística, decidida a forjar un público nuevo y un teatro renovado.

Obra que se adelantó, acaso con notable pericia expositiva a la crítica hacia el llamado bullying, como un grito de alerta en una sociedad que antes y después de Vietnam educó a los niños en valores bélicos a través de programas televisivos estadounidenses como Combate o Bonanza, la tragicomedia escrita y dirigida por Amaro, ha cobrado —a un cuarto de siglo de su estreno mundial— una vigencia abrumadora, inobjetable y asombrosa, expresada quizás ahora con mayor ahínco cuestionador para el tiempo y la sociedad actuales.

Hace énfasis el dramaturgo en el programa televisivo Bonanza conocido popularmente por ser una de las series propias del divertimento colectivo entre los años cincuenta y sesenta, y que hoy es considerado como uno de los clásicos de la televisión mundial.

Los niños, personajes de la obra, juegan a Bonanza, ríen, encuentran en la travesura el ímpetu para aferrarse a la inocencia, pero el destino es cruel y, al final, juega tremendamente con ellos. El juego se torna peligroso y convierte a los niños en criminales, el asesinato imprudencial oscurece el devenir de la infancia.

Hay una lección de vida que nos desuella el alma. En un estilo hiperrealista que es muy bien recibido por el joven público, Bonanza… se refrenda en su acento de comedia agridulce, muy lograda en todos sus aspectos teatrales, bajo la acertada, inquietante y lúcida dirección del propio Amaro, y la excelente escenografía y producción de Adriana Enríquez, así como de la deleitable actuación del experimentado histrión Arturo Amaro quien hace una creación espléndida como Jorge y junto a quien actúa un grupo de apreciables actores: Néstor López, Miguel Fuentes y Enrique Sánchez, todos magníficos.

Ese niño “que todos llevamos dentro” es el que, con voluntad sincera explora Arturo Amaro en una obra que se desliza incesante entre el humor negro y la crítica a los usos y costumbres de la familia clasemediera de la segunda mitad del siglo XX.

La placa por los 25 años de Bonanza… fue develada por la dramaturga y ensayista Estela Leñero, los críticos Gustavo Suárez Ojeda y Benjamín Bernal, y quien esto redacta.

Bonanza… Como en aquellos tiempos de Arturo Amaro es un canto a la nostalgia, pero también un llamado de alerta a la soledad en que muchos niños son confinados en la misma vida cotidiana. Hay que verla. Bonanza… seguirá representándose todos los fines de semana en el Espacio Universitario de Cultura Off-Spring (Francisco Pimentel 14, entre José Rosas Moreno e Ignacio Manuel Altamirano, Colonia San Rafael).