La labor de los traductores suele ser prácticamente anónima. Hace relativamente poco empezó a concedérseles crédito y en tiempos recientes sus nombres acompañan al de los autores traducidos en las portadas, pero pocos traductores son además escritores, caso de la sonorense Cristina Rascón que mucho ha aportado en ambas facetas, además de dirigir la primera escuela de escritores en línea en México, Skribalia.com, aunque nos centraremos en su admirable labor como traductora del japonés. Su más reciente trabajo en este campo, Flor del alba es una antología de haikus de Chiyo-ni, poeta del siglo XVI, y que acompaña con una traducción alterna al náhuatl de los mismos, a cargo de Mardonio Carballo y unas preciosas ilustraciones en tinta de Fabricio Vanden Broeck.
El haiku es sonoro y visual
“Algo que me han dicho amigos traductores es que trato mis traducciones como «libros propios» —señala la autora de En voz alta, entre otros—. Es una cuestión que estamos apoyando mucho en la Asociación Mexicana de Traductores Literarios, de la cual soy socia fundadora. Nos interesa que los traductores sean visibles y considerados autores de sus versiones. Como escritora comencé a publicar en 2006 y como traductora en 2007. Lo que sentí la primera vez que traduje un poema del japonés fue algo muy parecido a cuando uno logra escribir un poema propio”.
¿Hasta qué punto, en el caso de Cristina Rascón, se hace válida la premisa traductor/traidor?
Esa premisa es válida siempre, pero Flor del alba estuvo muy pensado, muy meditado. La forma del haiku en japonés responde a la métrica (5-7-5 sílabas) pero también a un corte gramatical (kireji) y a una palabra de estación. Estas tres reglas de la forma son enteramente respetadas en este libro, tanto por mí, en la versión hispana, como por Mardonio Carballo en la traducción al náhuatl. La traición, por así decirlo, vendrá en las complicaciones específicas de la lengua japonesa. Es un idioma visual y sonoro. A veces es difícil transmitir las varias acepciones de una palabra, porque en japonés nacen de cómo se ve el carácter o ideograma y en español las acepciones generalmente vienen de las raíces grecolatinas.
“Desde que conocí el género del haiku —agrega— me fascinó por la síntesis, la imagen, los juegos sonoros y visuales. Varios narradores japoneses, como Sōseki y Akutagawa se vieron fascinados por él porque el género trata del efecto de una historia entre líneas. Esta combinación de minificción y poesía, de cuento y musicalidad, de asombro y matemática, es lo que mí más me atrae”.
En el caso concreto de la autora, Chiyo-ni, desconocida en México hasta ahora, ¿cómo fue el descubrimiento y posterior proceso de traducirlos y encontrar una editorial?
No recuerdo dónde la leí por primera vez, pero me quedó claro que sus poemas eran desde una perspectiva femenina, diferente a los haikus que había leído previamente. El proceso fue muy interesante, porque el ilustrador, Fabricio Vanden Broeck, así como los dos traductores, tuvimos varias reuniones donde comentábamos las propuestas que los otros traían, por lo que las tres interpretaciones: ilustración, español, náhuatl, tuvieron sus conexiones y coincidencias en el proceso.
“Las mujeres de la Era Edo —agrega Cristina— eran muy aceptadas en los talleres, concursos y antologías de Bashō. Chiyo-ni estudió directamente con discípulos de Bashō y fue muy reconocida por Buson, quien la invitó a prologar una antología de mujeres haikuístas de su época. Lo curioso es que después, poco a poco, las mujeres comenzaron a figurar cada vez menos en el mundo del haiku, finalmente hubo un repunte en el siglo XX. Chiyo-ni en su época enviudó joven y se convirtió en monja budista. Era una forma de tener tranquilidad y tiempo de escritura, así como una vida económica resuelta. Aunque era genuinamente budista, muchos de sus poemas son de carácter zen”.

Antología de haikus.
Libros en puerta
¿De dónde surge la idea de incluir una traducción al náhuatl, a cargo de Mardonio Carballo, reconocido poeta, actor y traductor?
Cuando le propuse el proyecto a Fabricio Vanden Broeck, me comentó que sería genial tenerlo en tres idiomas y coincidió con mi interés y curiosidad desde hace años sobre posibles coincidencias entre lengua y literatura asiática y prehispánica. Me dio mucho gusto que él incorporara a Mardonio en el proyecto.
Agrega Cristina: “En cuanto a coincidencias, la forma en que el ser humano se relaciona con la naturaleza, más horizontal que vertical, así como cuestiones de erotismo muy sutiles. En la construcción lingüística, la principal coincidencia es el difrasismo, que es la unión de dos conceptos concretos para dar pie a una tercera acepción, más abstracta. Por ejemplo, en náhuatl, «la flor y el canto» son dos conceptos que al unirse significan «poesía». Es una construcción que se usa en japonés también. El primer libro que traduje se titula El ingenuo, pero sus caracteres significan, por separado, «sin conocer» y «el mundo». En otras palabras, quien no conoce el mundo es un ingenuo. Este tipo de ejemplos abundan en ambas lenguas”.
Actualmente, Cristina Rascón trabaja en varios proyectos a la vez: dos libros de cuentos, uno relacionado con la economía, otro con la autoficción, que espera se publiquen el próximo año. En cuanto a la traducción, sigue traduciendo a Tanikawa —de quien espero publicar una antología muy pronto— y en el mundo del haiku está iniciando un diccionario de palabras kigo o palabras de estación, las cuales son imprescindibles para traducir y escribir haiku. Es un diccionario en línea, estará disponible en un par de meses en www.haikukigo.com e incluirá una sección sobre cómo escribir haiku.
Flor del alba, publicado en México en 2017 por la editorial El Dragón Rojo, además de la traducción al español de haikus de Chiyo-ni de Cristina Rascón, cuenta con una traducción al náhuatl de Mardonio Carballo e ilustraciones de Fabricio Vanden Broeck.

