Javier Cercas es uno de los escritores ibéricos más leídos y comentados en la vanguardia literaria de los últimos años. Su más exitosa novela, Soldados de Salamina, ha sido llevada a más de una treintena de idiomas y recibió, en su lanzamiento, el reconocimiento de prestigios íconos como George Steiner, Susan Sontang y Mario Vargas Llosa. A partir de ese momento, Cercas fue extendiendo su prestigio de manera significativa en los círculos literarios del mundo, además de haber incursionado notablemente en los ámbitos del ensayo y la traducción.
En el marco de la presentación de su última obra, El monarca de las sombras, Javier Cercas reflexionó del significado de ser un “triunfante” en el ámbito de las letras, sobre lo que aclaró no sentirse una celebridad “como lo son los futbolistas” y diferenció la fama de su personalidad sociable que le permite divertirse en sus deberes docentes y literarios. Estos últimos, en el aspecto del periodismo, dice, desarrollados en el sentido inverso a la trayectoria de Hemingway y los escritores del boom, pues primero fue “un escritor que se ganaba la vida como profesor” y después, por casualidad, comenzó a escribir en El País de Madrid. Sin embargo, así como no se considera celebridad, Cercas tampoco cree hacer periodismo, únicamente “escribo en periódicos”.
Siguiendo la literal ley de que un escritor es, siempre, primero lector que escritor, el también autor de Relatos reales dice haber siempre sido un devorador de libros, “ni recuerdo siquiera el primer libro que leí”, pero rememora la circunstancia exacta en que se convirtió en que se volvió literato gracias al constante peregrinar de su juventud: “soy un desarraigado y por eso soy escritor, y no lo sería si me hubiese quedado en mi pueblo”.
Aunado al desarraigo, para Javier Cercas también influyeron las diversas crisis de su vida, como las provocadas por las mujeres que “aparecieron a descontrolarlo todo”. Repite: “Desde entonces soy escritor” y una ingeniosa frase de Pavese: “La literatura es una defensa contra las ofensas de la vida.” Y añade, como queriendo aclararse algo él mismo: “Si tú eres una persona feliz no necesitas la literatura, serás lector como mucho, dice en entrevista con El País de Uruguay.
Sin embrago, lejos de la nostalgia, Cercas reconoció la importancia social de la literatura:
“Lo que hacen las grandes obras es permitirnos entender la realidad. Si un Shakespeare o un Dostoievski nos permitiesen entender por qué Hitler fue capaz de seducir no solo al país probablemente más civilizado de su época, sino a medio mundo, empezaríamos a tener instrumentos para que algo semejante no vuelva a ocurrir”.
Cerrando el circulo de conversación con el diario sudamericano, el creador de Anatomía del instante opinó de lo que ocurre en Cataluña y lo definió “un estado de delirio”. Por último, haciendo una referencia casi extrovertida a su patria y al simbolismo en sus personajes concluye: “Los triunfadores en mis libros no existen, o son unos imbéciles”.

