Catalina Miranda
Desafortunadamente, el pasado 31 de diciembre de 2017, falleció en Satélite, Estado de México, el escritor Raymundo Ramos, quien nació en Piedras Negras, Coahuila, en 1934. Fue editor, poeta, cuentista, ensayista, periodista y catedrático de la IBERO, IPN y UNAM, durante más de cincuenta años; además, un crítico riguroso, especialista en teoría literaria. Lo conocí en la Redacción de sábado de unomásuno, en 1998, en ese entonces yo era jefa de Redacción de ese suplemento, y Raymundo Ramos colaboraba ahí, desde 1987: enviaba semanalmente un texto: “(…) que contenía divagaciones de orden literario y filosófico. En mi primer artículo menciono que Goethe tiene un poema que se llama ‘Mesa Abierta’, que se refiere a la mesa de trabajo donde él convocaba a todos sus hijos menores de la escritura, a todo aquello que no constituía estrictamente una obra terminada: ‘Así recibo yo, padre acrítico, a esta legión harapienta de hijos pródigos (mis notas de trabajo) que se acercan a la mesa abierta de trabajo a beber tinta de imprenta y migajas tipográficas’ (Primera ‘Mesa Abierta’ en sábado, 4 de abril de 1987). Empecé a enviar a sábado esa especie de fragmentos, a los que he denominado un intergénero. Son materiales, si no informales porque están trabajados con el mismo rigor con que se puede trabajar una pieza más grande, sí sujetos a espacios pequeños, y que no tienen un compromiso total con la estructura de un género. Podían ser minicuentos, miniensayos, anécdotas que tendían al cuento más o menos formal; el principio de un ensayo que luego acababa en cuento o viceversa; un poema o un poema en prosa, pero breves. Eran materiales que se iban acumulando, un poco a la izquierda de los trabajos serios. En ‘Mesa Abierta’ publiqué los hijos menores del espíritu”.
Así describió Raymundo Ramos su sección en sábado, en la entrevista titulada: “En sábado se publican textos con un lenguaje libre y total: No hay malas palabras”, incluida en Protagonistas del suplemento sábado de unomásuno. Huberto Batis* (p. 514), que le hice en 1999. Además de “Mesa Abierta”, Ramos habló, en esa misma entrevista, de la crítica literaria que se venía publicando en las revistas y en los diarios mexicanos, tema que le interesaba sobremanera: (…) la crítica literaria ha venido a menos, no sólo en sábado, sino en la mayoría de los suplementos. Falta crítica buena, con esto me refiero a la crítica que está hecha sobre análisis de textos, no a la que se transforma en escaparates impresionistas de lo que yo creo, de lo que a mí me parece que debe ser, de acuerdo con mi gusto formado en mis lecturas. La crítica literaria no puede ser un problema de gusto. Pienso que los críticos de la literatura mexicana cada vez son menos. Hay estupendos escritores sin ninguna idea de que la crítica es un género distinto al de la creación. En sábado han sido mejores las colaboraciones de creación literaria que las de crítica; ésta me parece el renglón menos atendido en las últimas épocas” (Ibídem, p. 518).
La entrevista la realicé en una cafetería ubicada en Plaza Satélite, al norte de la Zona Metropolitana, un lugar adecuado para él, ya que daba clases en la FES Acatlán. Raymundo Ramos era un hombre amable y sonriente; imponente por ser robusto y de alta estatura; era preciso y audaz al hablar, riguroso, de lenguaje florido, platicaba como si estuviera impartiendo cátedra, no podía ocultar su erudición ni tampoco un halo de bonhomía y sencillez que inspiraba confianza. Ese día, al final de nuestra plática, me regaló algunos de sus libros (Escorpión en invierno, 1980; La prisión y su forma, 1983) y una tesis sobre su poesía, que recientemente había redactado una de sus alumnas.
Además de los libros mencionados publicó: Sonetos españoles, 1960; Luz en las Segovias, 1962; Homenajes, 1965; Custodia de las palabras, 1967; Mar erótica y otros estudios marinos, 1970; Alta infidelidad y los espejos cóncavos, 1997; El tiempo y la cuenta. Antología esencial, 2003; Los arcanos de las islas, 2004; La balsa de la Medusa, 2005; El ojo de Polifemo, 2010; Sonetos de Dios sin Dios y del amor sin amor, 2010; Metacrítica. Modelos de análisis narrativos, 2013, entre muchos más, ya que fue un escritor prolífico. Su fallecimiento representa una gran pérdida para la cultura y la docencia mexicanas. Su obra creativa, sus investigaciones filológicas, su crítica literaria, como la de muchos autores mexicanos ya desaparecidos, necesitan ser ampliamente divulgadas.
Raymundo Ramos era amigo de Huberto Batis, a quien conoció en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, en la década de 1960, cuando Batis, con Carlos Valdés, hacía la revista Cuadernos del Viento, en la que Ramos no colaboró.

Raymundo y Huberto coincidieron en varias publicaciones, como en la revista La Capital, en la que Batis y Beatriz Espejo fueron secretarios de Redacción, y Ramos, director, según cuenta Espejo, en la entrevista: “Todos los escritores jóvenes que surgieron durante veinte años están presentes en sábado” (Ibídem, p. 233), un ameno testimonio, dicho sea de paso, de la cuentista y ensayista mexicana.
Al maestro Raymundo Ramos también le interesaba la política, aunque no con la misma intensidad que la literatura y la crítica, mantuvo en el unomásuno una columna de política que aparecía en la primera plana, durante muchos años, hasta que por desavenencias con los directivos del diario dejó de colaborar. También gustaba de la polémica y defendía la libertad de expresión y el uso de lo que él llamaba “el lenguaje total”: “Batis dio libertad para escribir y para hacer del lenguaje de sábado un lenguaje libre y total; ahí no hay malas palabras, no hay veda, sino que cada quien es responsable de lo que escribe y lo hace como le da la gana. Todas las palabras que existen son parte del idioma literario, y esto, creo, se transmitió como una idea general a todo el unomásuno, que ha tenido la virtud, hasta ahora, de tener el lenguaje más libre en todos sus escritores. En otros suplementos o diarios te tachan algunas palabras por considerarlas malas: ‘Esta palabra no se usa’, ‘esta palabra no se dice’, se castiga al idioma como si él fuera el culpable de las intenciones del escritor. En el unomásuno ha habido una libertad enorme de escritura. Esto no tiene que ver con las ideologías, un periódico puede ser de derecha o de izquierda, de centro, progobiernista o no, y tener un idioma mojigato y monjil, o tener uno libre, libérrimo en su expresión. Ésa es una virtud en general del unomásuno y particularmente de sábado, que es dirigido por un hombre de letras, que viene de la Universidad y de El Colegio de México, y que conoce el lenguaje como una forma libre de expresión y no como una selección de palabras autorizadas. Yo creo que estas dos grandes conquistas: la libertad del idioma y el que Huberto Batis sea un promotor de la cultura y no un crítico literario (no porque no pueda, sino porque no quiso serlo) le dio y le ha dado a sábado, sobre todo en su segunda etapa, la calificación del mejor suplemento literario de México (Ibídem, p. 519)”.
Raymundo Ramos fue un hombre de amplio criterio, de alta sensibilidad, interesado en los jóvenes, un humanista apasionado, honesto y generoso. Respecto a su muerte, su hija Vera Milarka me comentó que desde varios años atrás, había tenido complicaciones de salud y sufrido varias operaciones, debido sobre todo a la edad y a algunos trastornos degenerativos. Pero que hasta el final mantuvo sus clases en la FES Acatlán y siempre estuvo cerca de su biblioteca, custodiándola, la cual tenía en su casa en Satélite, con aproximadamente treinta mil ejemplares que fue reuniendo desde que tenía trece años de edad. Hasta el final, Ramos se mantuvo leyendo y escribiendo. Los últimos años de su vida viajó y redactó varios libros con esas experiencias. Fue un hombre odiado por ser un crítico político audaz e irónico, pero también fue muy amado por sus musas, lo cual se reflejó en muchos de sus poemas.
Además de Vera Milarka, tuvo otros tres hijos: Frida Varinia, Claudio Ariel y Ulises Sandal, los cuatro: Ramos Koprivitza. Descanse en paz Raymundo Ramos Gómez.
Catalina Miranda, Protagonistas del suplemento cultural sábado de unomásuno. Huberto Batis. Editorial Ariadna, México, 2017, 720 páginas. (Colección Laberinto de Papel/ 10).
Imagen: Uberto Batis.

