La semejanza de estudios y costumbres es siempre conciliadora de voluntadesLope de Vega

Afortunadamente, el 2018 no sólo será un año para elegir el 65 presidente de la república mexicana o un ciclo adverso económicamente hablando, producto de la ausencia de planeación nacionalista y de la máxima sujeción de la economía a los humores del inquilino de la Casa Blanca; en este año que inicia, existirán motivos suficientes para recuperar la reflexión de nuestra historia nacional y la de nuestra ciudad.

Esta ciudad que hace un siglo vivió atemorizada de la gripe española, epidemia mundial que diezmó poblaciones, lo que llevó a Venustiano Carranza a reformar la Constitución para que, desde el Ejecutivo, se asumiera el control para hacer frente a estas calamidades colectivas.

En 2018 estaremos conmemorando los cincuenta años del movimiento estudiantil de 1968, de su fatídico desenlace con la matanza del 2 de octubre en la Plaza de las Tres Culturas; así mismo serán recordados los XIX Juegos Olímpicos que se celebraron aquí, en la capital de la república, y cuyos testigos urbanos son estadios e instalaciones olímpicas y las esculturas de la Ruta de la Amistad, esa que quedó ahogada entre un Anillo Periférico hoy copado por su segundo piso para agilizar la movilidad de la ciudad.

Este año se cumplirán cuatro décadas de la recuperación del glorioso pasado del atéptl de Mexhico-Tenochtitlan, develado por el fortuito hallazgo del monolito de la Coatlicue en las calles de Guatemala, y merced a ello la acertada determinación de dar a la luz los vestigios del Templo Mayor y, a partir de ello, la resignificación y puesta en valor de una serie de elementos arquitectónicos fundamentales para entender la cósmica concepción del “ombligo de la luna” y su traducción urbana en traza y ubicación de sus imponentes edificaciones.

Esta vertiente de rescate arqueológico desacralizó el mito de la ciudad colonial y permitió reconocernos en ese pasado hundido por el conquistador, provocando la transformación del perímetro histórico de la capital del país y la reconciliación de sus habitantes con los pueblos y barrios que dieron origen al portento urbano que lo mismo maravilló a Cortés que a Bernal Díaz, al conquistador anónimo, a Zumárraga, a Sahagún y a otros franciscanos que fueron los pioneros en su evangelización.

Y para este 2018, nuestra ciudad ha sido electa por la Organización Mundial del Diseño como Capital Mundial del Diseño y del Arte, hecho que distingue a nuestra metrópoli por ser la primera ciudad iberoamericana designada para albergar programas de diseño que repercutan en acciones concretas de beneficio colectivo en materia de diseño.

El gobierno saliente del Dr. Mancera deberá tener muy presente la definición que de identidad acuñó Lope de Vega, en la que resalta la importancia de analogar proyectos y costumbres a fin de conciliar voluntades, de lo contrario, el autoritarismo dará al traste con todo el espíritu de la designación.