En 1948, la entonces Unión Soviética cerró las fronteras que compartía con los aliados en Berlín, esta acción dio inicio al periodo de confrontación bipolar que conocemos como Guerra Fría. A 70 años de ese acontecimiento, Moscú sigue estando en el plano internacional como un jugador de gran cuidado no tanto por su arsenal bélico sino por su potencial informático que, según expertos internacionales, le ha permitido manipular instrumentos democráticos como las elecciones con la finalidad de colocar en el poder a un candidato acorde con sus intereses globales.

Las elecciones en México han sido señaladas como el próximo objetivo del Kremlin para desencadenar un cambio político que le permitiría contar con un aliado en Latinoamérica y crear una confrontación con Estados Unidos. México está considerado dentro de las 20 principales economías. De hecho, ocupa el lugar número 15 de un total de 189 países. Tiene una importante frontera con la potencia principal del mundo y es considerado como la puerta de Latinoamérica, donde Rusia ha comenzado a consolidar su influencia.

Por su parte, el presidente ruso Vladimir Putin dejó en claro durante su gira realizada en julio del año pasado que América Latina es “una de las direcciones claves y muy prometedoras de la política exterior de Rusia”. También agradeció a sus “aliados” sudamericanos “por su apoyo en las iniciativas internacionales promovidas por Rusia, incluidos la desmilitarización del espacio y el fortalecimiento de la seguridad internacional en materia de información. Ha sido esta última declaración la que mantiene al jefe del Kremlin en la mira de todos los analistas informáticos y electorales.

Recientemente, el secretario de Estado norteamericano, Rex Tillerson, recomendó a México “prestar atención” ante una posible injerencia rusa en el proceso electoral del primero de julio. Durante una reunión de evaluación del Tratado de Libre Comercio de América Latina (TLCAN), el funcionario estadounidense dijo “Sabemos que Rusia tiene sus huellas dactilares en elecciones de todo el mundo. Mi recomendación es que presten atención a lo que sucede”.

La advertencia de Tillerson llega en momentos en que Vladimir Putin ha comenzado a tomar posiciones en suelo latinoamericano, aprovechando el descuido de las administraciones Bush Jr. y Obama, que relegaron a un plano secundario al subcontinente en un intento por lograr mayor influencia en Oriente Medio.

En septiembre pasado, Rusia firmó un convenio de hidrocarburos con Cuba que permite a la empresa Rosneft procesar petroquímicos en la refinería de Cienfuegos. Venezuela también concedió la explotación de dos campos de gas a la compañía rusa. Ambas acciones son consideradas como parte de una importante estrategia para aumentar su presencia en América Latina; algo que también ha sido considerado como un juego geopolítico al estilo de la Guerra Fría.

La gira de Tillerson comprendió la visita de Argentina, Perú y Colombia, países a los que ha tratado de mantener bajo una tónica prodemocrática para combatir no solo al fantasma ruso, sino al dragón chino, que también se ha fortalecido en la región.

En Perú, el segundo de la Casa Blanca dio el espaldarazo a Pedro Pablo Kuczynski, a quien calificó como aliado de Estados Unidos, sobre todo en el caso de las amenazas que supone Corea del Norte. Hay que recordar que el mandatario peruano expulsó a los diplomáticos norcoreanos de Lima, una acción que fue considerada como una concesión a la CIA para que Kuczynski no fuera inhabilitado de la presidencia por cargo de corrupción.

México, punto de inflexión

Analistas políticos internacionales como Hernán Molina han aclarado que Rusia sigue siendo un enemigo nato de Estados Unidos, el cual busca cualquier posibilidad para debilitarlo en la arena internacional. Aunque la administración actual de Donald Trump ha practicado un estilo duro contra el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto, a quien ha puesto entre las cuerdas con cuestiones como la del financiamiento del muro fronterizo, las restricciones migratorias y la posible eliminación del TLCAN, le preocupa un cambio político en su vecino del sur.

Washington parece estar preocupado por el hecho de que una injerencia rusa pueda favorecer a Andrés Manuel López Obrador, a quien se le considera como un potencial aliado ruso que podría ocasionar fricciones con la política estadounidense y ahondar divisiones en la relación bilateral.

La situación tiene lugar en un momento en que el gobierno peñista goza de la simpatía más baja en su historia, algo que podría empeorar todavía más en caso de una intromisión rusa que aproveche sus debilidades. Esta es la entrevista que el analista político Hernán Molina —especialista en ciencias políticas, radicado en Estados Unidos—, concedió a Siempre!

La relación bilateral favorece a México

En tu opinión, ¿cómo se encuentra México en el panorama actual?

Desde Estados Unidos, a la distancia, México se ve en un punto de inflexión, tratando de dejar atrás la gran frustración y el desencanto con la presidencia deslucida y mediocre de Enrique Peña Nieto, y todo lo que había prometido. Las encuestas dan nota de ese desencanto y ponen a José Antonio Meade y al PRI en tercer lugar, lejos de Andrés Manuel López Obrador.

¿Cómo se encuentra la relación bilateral entre México y Estados Unidos en estos momentos?  

La relación bilateral está en los números en un muy buen momento para México. El volumen de exportaciones mexicanas a Estados Unidos ha subido 10.4 por ciento según cifras del Departamento de Comercio de Estados Unidos. La retórica anti-NAFTA de Trump parece haber sido acallada por temas domésticos como las dificultades para llegar a un acuerdo en el financiamiento de gobierno federal o por los escándalos relacionados al Rusiagate.

Se ha dicho que el gobierno de Trump es un populismo de derecha y algunos políticos mexicanos advierten que México está a un paso de vivir un populismo de izquierda; ¿cuál sería la situación bilateral en un caso así?

Estoy de acuerdo con que en Estados Unidos se está viviendo un populismo de corte conservador, y que en México se va a ver, si gana López Obrador, un populismo de izquierda, con más intervencionismo estatal. Si López Obrador gana las elecciones, su retórica anti-Trump puede causar espinas en la relación bilateral, y, en el peor de los casos, dar lugar a que Trump replique con medidas proteccionistas.

Hasta ahora no ha tomado esas medidas porque el gobierno de México ha sido cauto y hasta me arriesgaría a decir que Luis Videgaray ha sabido llevar la relación con Estados Unidos. Parte del compromiso de la Secretaría de Relaciones Exteriores ha sido trabajar con sus pares de Estados Unidos, con empresas estadounidenses y con la misma Cámara de Comercio de Estados Unidos para evitar que la administración Trump tome medidas que malogren ambas economías y, por ende, a empresas de ambos lados.

¿Cuál es tu perspectiva respecto de las elecciones mexicanas en el marco de una posible intrusión rusa? ¿Qué recomendarías hacer?

Rusia se ha entrometido en varias elecciones, como ya sabemos, y México es seguramente un blanco importante para la ambición rusa de tener gobiernos más cercanos a su deseo de una posición hegemónica en el mundo y, sobre todo, en áreas del planeta donde no ha estado presente como en Argentina, Brasil, Venezuela, etcétera.

Yo recomendaría a todas las organizaciones civiles y gubernamentales envueltas en el ejercicio democrático estar alertas sobre todo en lo que se refiere a la divulgación de información e historia relacionadas con candidatos para prevenir lo que pasó en Estados Unidos en 2016, donde bots rusos ensuciaron la imagen de Hillary Clinton con historias falsas.

Parte de este trabajo es educar a la población y trabajar mancomunadamente con empresas de redes sociales como Facebook, Twitter. Por su parte, el INE tendría que tomar los recaudos posibles y trabajar con todos los partidos políticos, candidatos y estados para prevenir cualquier ataque cibernético el día de las elecciones.

@HernanMolinaTV