Entre las nuevas voces de la dramaturgia mexicana del siglo XXI surge una voz insólita, la de Omar García Sandoval, hombre de teatro que contraviene las formas teatrales, encontrando una voz propia. No obstante, García Sandoval es un escritor que escarba en la historia, en la literatura, en la poesía. Su inquietud dramatúrgica es tal que convierte al poema de largo aliento en un drama a voces (Yo moriré esta noche), el diálogo intimista en un performance voyeurista y público (Sueños) y el drama épico en un estudio sociológico de la mexicanidad. Sorprende por todo esto, cuando los dramaturgos de edades afines a la suya se han detenido en la contemplación de narraciones escénicas donde los temas usados a los seriales televisivos (y al mal cine) han tomado la estafeta y han querido hacer creer al espectador, que los narcoteatros o narcoseries o narcofilmes, son lo único que puede llamar la atención a los públicos de la actualidad.
García Sandoval, con el ímpetu de su juventud, nos dice (y les esgrime a sus compañeros generacionales en la frente) que NO. Que es necesario primero ir a las raíces, a los orígenes, a la exploración de la existencialidad (que no del existencialismo de buró o de receta), para encontrar los caminos que el nuevo teatro mexicano necesita. Y esos caminos son simples: volver los ojos a lo clásico, a lo histórico y religar tradición con ruptura; novedad formal y ubicuidad discursiva. El teatro que escribe García Sandoval es un teatro de nuestro tiempo, pero anclado a la reflexión de lo perenne en el arte escénico. Por ello mismo, vemos desde la primera obra el replanteamiento shakespereano del antihéroe por antonomasia, Hamlet, ese Hamlet que habita (y ha habitado) en todos los seres humanos y le ha dado un talante universal a través de los siglos, a la obra homónima de Shakespeare. En Yo moriré esta noche, habla Hamlet, pero en este caso, Hamlet es reflejo sucinto de la condición humana, y radiografía precisa —y dolorosa— de los males de la contemporaneidad. Aquí el dramaturgo levanta la escena en la página. Es decir, convierte la página en blanco en escenario de la representación imaginativa del lector. Al ser leído, el de García Sandoval será un teatro que soliviantará los propios demonios de quien lea, convirtiéndose en el director preciso de cada obra.
Yo moriré esta noche es un largo poema teatral que atiende a la acción de la palabra bien escrita, del pensamiento bien dotado, de la reflexión aguda. En Yo moriré esta noche, la voz poética es protagonista y su autor sólo el artífice de una magia convocada: la metateatralidad. Hamlet que es o no es. Teatro del dilema de vivir para morir o morir para vivir, esa es la propuesta a resolver —por los lectores y/o espectadores— de Omar García Sandoval en Yo moriré esta noche, drama poético (acepción utilizada por Octavio Paz, con la que define la vida misma del poeta y dramaturgo mexicano Xavier Villaurrutia) porque se celebra al interior de la existencia misma del autor, como una réplica al dolor y a la muerte o, como dice el mismo García Sandoval al “…alivio, el alivio que se siente vivo cuando el muerto murió después de una larga lucha contra el cáncer, o contra la diabetes, o contra el alzhéimer, o contra la artritis, o la alegría de la ironía, o de la venganza…”. Yo moriré esta noche no es, sin embargo, una obra sobre ninguna enfermedad denominada. No es un alegato tanatológico en ningún sentido. Es un poema erótico/afirmativo, es decir, contrario a la muerte. Un drama poético que abre el cerebro con los clavos de la razón a los que aludía Moliére, cuando hablaba de los cometidos fundamentales del teatro.

En otro contexto, Sueños esboza la necesidad del autor por buscar fuentes realistas en un teatro de raigambres absurdistas. Pero, ¿es realmente absurdo ese retrato de la pareja contemporánea que con habilidad de escultor García Sandoval perpetúa en su obra? Sí, lo es, pero también es real, tremendamente humano y realista. Es la pareja de nuestra era, la que todos hemos conocido, la que todos hemos vivido y padecido, la que todos no quisiéramos haber hallado, pero que en algún momento de la existencia nos encontró para marcarnos con lo absurdo del devenir cotidiano, de la vulgaridad de las malformaciones atávicas, de la insolencia del desamor y la bajeza de la desconfianza y la autodestrucción.
Con aires pinterianos, García Sandoval resuelve sus Sueños como un juego de representación, a la manera del Harold Pinter de El amante o Traición. Es una pieza pinteriana porque no es teatro dentro del teatro, a la manera de Pirandello, sino representación lúdica de una realidad inmediatamente conocida, reconocible y sórdidamente amparada en la reiteración de patrones heredados, de prejuicios baladíes, pero estrujantes. El uso del diálogo en Sueños es fluido, coloquial, deliciosamente se introyecta en los mismos personajes y es eco de la conciencia, flujo de la autocrítica.
La obra más ambiciosa de Omar García Sandoval en este volumen es Los volcanes del Anáhuac. Del amor, la ruina y la fragua y cuenta la leyenda, como el título indica, de los orígenes nominativos de dichos volcanes en el paisaje mexicano. Es un drama épico, en cinco actos, algo insólito en la actualidad donde los textos dramáticos no sobrepasan los dos actos y se han tenido que constreñir a una economía expresiva pero a veces agresiva a la imaginación, algo que al joven García Sandoval parece no espantarle: sigue imantado por la fuerza shakespereana ya explorada poética y libremente en Yo moriré esta noche. Así entonces, en Los volcanes del Anáhuac… el dramaturgo se permite construir un texto de largo aliento y hondura conceptual.
Omar García Sandoval se muestra ya con plenitud dramatúrgica en Los volcanes del Anáhuac… Sabe manejar con pericia —y peripecia— el tiempo y el espacio; la acción y el diálogo cobran en su creación un espléndido maridaje y los cinco actos caminan con paso propio: un paso ágil, certero, con el ritmo de lo épico que llega a cortar el aliento (si algún cineasta tomara este texto entre sus manos tendría el material perfecto para una película espectacular, para una superproducción… quizá, ¿por qué no?).
El teatro épico de Omar García Sandoval es un clamor por México, un llanto de rabia por México y su historia malformada desde la Conquista; y es, al mismo tiempo, un asomo corrosivo a la vulnerabilidad de la condición humana. Cierto es que estamos ante el surgimiento de un joven, pero ya sólido dramaturgo mexicano del siglo XXI, Omar García Sandoval, poeta teatral llamado a transformar el paradigma de la teatralidad imperante.
Extracto del Prólogo al libro Yo moriré esta noche. Sueños. Los volcanes del Anáhuac de Omar García Sandoval, publicado por Editorial Ariadna en su Colección Tespis de Icaria.


