En las últimas semanas, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) “se ha visto acosada, en sus inmediaciones y aun dentro de sus instalaciones, por diversos actos de violencia”, como el tiroteo ocurrido el pasado 23 de febrero, cerca de la Facultad de Contaduría, entre presuntos narcomenudistas; o el atentado que sufrió, un día antes, una funcionaria de la Facultad de Estudios Superiores (FES). Unidad Acatlán, quien fue herida de gravedad por arma de fuego, cuando se retiraba del estacionamiento de la facultad.

Este ambiente de inseguridad, que viene de años atrás, pone otra vez en el centro de la discusión la autonomía universitaria, en el sentido de si deben o no intervenir en el campus las fuerzas policiales para garantizar su seguridad, y si es necesario revisar esta figura constitucional para actualizarla y ponerla en el contexto de los cambios que se han venido suscitando en el país desde 1929, cuando se logró la autonomía de la máxima casa de estudios del país.

La Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), a través de distintas jurisprudencias ha dicho que el principio de autonomía es sinónimo de: “autogobierno y autonormación, no así de impunidad o extraterritorial, porque la universidad es autónoma pero no impune o inmune al orden jurídico o constitucional, lo que significa que es responsable ante sus propios órganos de gobierno que su Ley Orgánica establece, o de los órganos externos si el acto u omisión es ajeno al quehacer universitario”, explica el constitucionalista Marco Antonio Baños Avendaño, en su artículo: Autonomía universitaria, su connotación según la SCJN en México, publicado en la revista digital Así somos.

Sobre el tema, María del Pilar Hernández Martínez, profesora e investigadora del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, afirma que este concepto “no debe ser replanteado, porque es muy claro en sus cuatro vertientes: autogobierno; autorregulación; autoorganización académica, y autogestión administrativa. Es una conquista de un grupo de ilustres universitarios que en 1929 logró el reconocimiento jurídico de la autonomía para la UNAM; y en 1980, el Poder Legislativo introdujo en el artículo 3 de la Constitución Política el principio de autonomía universitaria”, elevándolo así a rango constitucional.

Además, “luego de que la elección del rector de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo fue impugnada en 2007, la Suprema Corte revisó y replanteó los alcances de la autonomía universitaria, por eso no se debe hablar de su revisión y mucho menos de un replanteamiento”, dice la constitucionalista de la UNAM.

Lo que sí debe discutirse “es el grado de racionalidad, en el sentido de los eventos que estamos viviendo, porque no son privativos de la universidad nacional, ni tampoco la universidad queda excluida de lo que sucede en el contexto nacional”, planteó.

 

Narcomenudo no es el único delito

Para María del Pilar Hernández, la inseguridad que vive la universidad “solo es el reflejo de la ausencia de un verdadero cuerpo profesional de vigilancia dentro de la universidad. Desde hace mucho tiempo, el grueso de nuestros colegas administrativos al servicio de la universidad asciende de puesto por medio del reglamento de escalafón. Este sistema les permite ir superando niveles, es decir, de ser gente de intendencia, de limpieza, pasan a formar parte de los cuerpos de vigilancia interna”, conocido como Auxilio UNAM.

Hernández Martínez asegura no saber “si servicios de atención a la comunidad tiene esquemas de habilitación y capacitación en materia de seguridad, ya que en el interior del colectivo universitario se sabe que de las colonias aledañas entra gente ajena al campus, no solo por una práctica de narcomenudeo, sino también para cometer actos delictivos como robo de automóviles y de autopartes, sin embargo seguridad universitaria no hace nada para combatirlo”.

Apunta que en el Instituto de Investigaciones Jurídicas, tanto ella como otros de sus colegas “han sido víctimas de este tipo de actos en reiteradas ocasiones. No sabría decir si se hace o no la investigación y cuál es el final de esta, claro de llegarse hacer la denuncia; pero este tipo de actos es muy recurrente debido a que los chicos entran en la bicicleta con la backpack (mochila) en donde echan espejos, retrovisores, emblemas de la marca, partes pequeñas que les quitan a los autos y que no son notorias. Nadie les hace una revisión de sus mochilas cuando salen del campus universitario”.

Sin atreverse a afirmar que la balacera en las inmediaciones de las facultades de Ingeniería y Contaduría haya sido una disputa entre narcomenudistas por el territorio de distribución, pues hacerlo —dice— sería de su parte una actitud y un dicho temerario, pero de lo que sí está segura es que en el campus universitario existe una falta de seguridad.

De igual forma —agrega— “tampoco podría hablar de contubernio, pero las entrevistas que les hicieron a los jóvenes que están en el área del frontón revelan la conducta de quienes integran los cuerpos de vigilancia interna, que no vigilan, porque les da exactamente lo mismo. Incluso estas personas salen del campus en los vehículos de uso exclusivo para las actividades universitarias, a las tienditas de alrededor a comprar sus bebidas refrescantes, lo voy a dejar así: a comprar bebidas refrescantes”.

María del Pilar Hernández Martínez.

Temerario pedir “fuera narcos”

La doctora en derecho explica que “hay mil formas de generar delincuencia organizada, por ejemplo desde el momento en que los taxistas que dan servicio dentro de la universidad no están regularizados, pero son tolerados, además de existir la presunción de que son ellos los violadores”.

El campus universitario —dice— es tan grande, que también se dan otro tipo de eventos como en las inmediaciones de Universum, en donde se da la prostitución homosexual, masculina, es vergonzoso que suceda esto en nuestra universidad, toda la comunidad universitaria se da cuenta de estos actos, y somos pocos los que denunciamos, y la vigilancia interna ni en cuenta, entonces aquí sí aplica el lema coloquial: piensa mal y acertarás, señala la investigadora del IIJ-UNAM.

“Todo esto al final del día se convertirá en una gran bola de nieve que arrastrará absolutamente a todos”, porque la delincuencia es una amenaza real en el campus universitario que no se combatirá con llamados a los universitarios, académicos y administrativos o anuncios en el medio tiempo de los partidos de futbol para disuadir a los jóvenes de consumir drogas.

Hernández Martínez señala que “del aspecto declamativo se tiene que entrar a la acción, por eso lo primero que hay que hacer es una investigación profunda en el interior de la UNAM y aquí pondría una gran interrogación: ¿quién la hará?, porque también en el ámbito universitario, tenemos que reconocerlo, hay tanta endogamia que, por eso, eventualmente queremos que órganos externos entren en la universidad, pues no queremos que se ventilen nuestros asuntos, sin embargo es momento de que el rector Enrique Graue, un hombre de luces y en aras de ese gran pensamiento que le caracteriza, debe de replantearse si debe haber una investigación que permita esclarecer qué está sucediendo en Ciudad Universitaria”.

Precisa que es temerario hablar de “fuera narcos de la universidad cuando no tienes la certeza, la cual solo se adquirirá cuando haya elementos suficientes resultado de una investigación, y si son en ese sentido, entonces sí podrás hacer una expresión de esa naturaleza, pero mientras, no”.

Renato Sales Heredia, titular de la Comisión Nacional de Seguridad (CNS) dijo que la intervención de los cuerpos de seguridad en la UNAM tendría que ser a petición de las autoridades universitarias, petición que le corresponde hacer al rector Graue.

Sin embargo, aunque haya evidencias, lo primero que se debe hacer es una investigación exhaustiva en el interior de nuestra universidad. El rector tiene que aguzar, a través de todos los cuerpos que tiene a su alrededor, una investigación seria de lo que está sucediendo en el campus universitario, sobre todo con el cuerpo de seguridad, revisar todo lo que implica el perfil, acceso y permanencia en esos puestos administrativos de vigilancia, que, repito, quienes los ocupan no están capacitados, porque el sindicato es otro lastre.

Fuerzas de seguridad al campus

María del Pilar Hernández comenta sobre si deben o no entrar en el campus las fuerzas de seguridad: “hace dos, tres años hubo un enfrentamiento armado en las inmediaciones de las facultades de Filosofía y Derecho y entró la policía de investigación”.

Por tanto, “mi posición es que la policía no entre en CU de manera impune, pero sí que una vez que el señor rector, a través de los órganos con los cuales cuenta y en ejercicio de esta autonomía que nos ha caracterizado ya por lustros, realice una primera investigación.

“Y si hay insuficiencia, no incapacidad, si hay insuficiencia de lo que en el interior se pueda establecer, entonces sí debería de echar mano de la policía de investigación para que se suscitara no como un acto de intervención, no creo que sea un acto intervencionista ni injerencista por parte de los órganos del Estado, sino que es una forma de seguir custodiando, resguardando nuestra autonomía universitaria y tener una universidad verdaderamente saneada, porque ya son muchos los lastres que dentro de ella se dan”, dice la constitucionalista.

 

PGJ dispuesta a actuar

De acuerdo con lo publicado por los medios, el procurador capitalino, Edmundo Garrido, ha manifestado que el combate al narcomenudeo en Ciudad Universitaria sería más efectivo si la policía tuviera acceso al campus, tras ratificar que la dependencia está dispuesta a actuar.

Por su parte, Renato Sales Heredia, titular de la Comisión Nacional de Seguridad ha dicho que “solo en caso de que las autoridades de la UNAM lo pidan”, se desplegarán elementos de la Policía Federal para combatir la venta de drogas en la institución.

Aunque ha dejado claro que “la Ciudad Universitaria no viene a ser un feudo, no viene a ser un lugar aislado del derecho y de la investigación ministerial y policial. Yo creo que hay que trabajar en esclarecer estos homicidios, y trabajar para evitar el narcomenudeo”.

Sin embargo, el rector Enrique Graue ha reiterado en múltiples ocasiones que el tener elementos armados para desalojar a delincuentes pondría en riesgo el bienestar de alumnos y académicos.

Lo último

Al cierre de edición—jueves 1 de marzo—, estudiantes de la UNAM se concentraron frente a la Torre de Rectoría para exigir mayor seguridad a las autoridades universitarias, al cumplirse seis días de la balacera en las inmediaciones de las facultades de Ingeniería y Contaduría, que dejó como saldo dos muertos.