Daniel García y Silvia Gutiérrez protagonizan la obra de Jahel Guindic Del otro lado, una sobrecogedora puesta en escena que narra “la historia de dos hermanos atrapados en los recuerdos de un hogar roto y devastado por la guerra en Siria, donde lo único que les queda es esperar un milagro para escapar de ahí. Una historia que vivimos día a día cada uno de nosotros y que hace darnos cuenta que muchas veces la guerra no está tan lejana de nuestra vida diaria como pensábamos”, destaca la nota al programa de mano de esta dramaturgia bien construida y sólidamente pavimentada en un discurso libertario y en un ímpetu de sinceridad descarnada que refleja los horrores de la guerra, en este caso de Siria, pero en general, de cualquier guerra.
Con el mínimo de recursos escénicos Guindic sabe dirigir a sus actores y sacar de ellos la fibra histriónica necesaria para impactar en la conciencia de los espectadores y que el mensaje de libertad llegue al corazón y las entrañas. “Esto pasa en Siria, en Venezuela… pero estamos a unos pasos de que ocurra en México”, se dice en un momento de la obra que estremece por la crudeza de las imágenes que refiere y el ánimo denunciatorio que las esgrime con teatralidad descarnada.
Dramaturgia joven que no se contenta con explorar un tema anecdóticamente, sino que va al fondo de su cometido escritural, Del otro lado presenta personajes convincentes y apuntala hechos demoledores que ubican al espectador en el ocaso de una guerra sangrienta, así como la denuncia de la falta de valores con que los militares son entrenados para depredar, incluso a los miembros de su propia familia. “¿Cómo escapar de la guerra si la guerra somos nosotros?”, exclama el dramaturgo y añade: “Sólo hace falta voltear a vernos para descubrir que nosotros somos la guerra, pero también somos el cambio. Abdul y Zain —los protagonistas— nos mostrarán que aún hay vida del otro lado…”, una vida, añadiríamos nosotros, que tal vez engarzada en la esperanza, también surge del dolor, de la opresión, la marginación, la violencia, el hambre y el desamparo. Este par de hermanos incrustados en el pavor de la guerra también conocen la vejación de su propio padre —militar—, asisten al asesinato de su madre al ser descubierta cuando quiere huir con sus hijos y mueren de hambre en la más obtusa de las miserias.
El dramaturgo no pierde la oportunidad y habla del drama de los migrantes, tanto de aquellos que desean cruzar el Mediterráneo, como de quienes acá de este lado quieren lanzarse más allá de la frontera con Estados Unidos.

Del otro lado deviene entonces en una obra de vigencia absoluta en nuestro tiempo histórico. Sorprende, porque es también la aparición en el panorama del teatro mexicano actual, de un nuevo y joven, muy joven dramaturgo que muestra ser un protagonista de su momento social y un observador existencialista, crítico y sagaz, que propone un teatro diferente al habitual, un teatro de índole político como el que mucho necesita nuestro país.
Las actuaciones son excelentes; el binomio conformado por Daniel García y Silvia Gutiérrez logra momentos estupendos. Son actores que se internan en la psique de sus personajes, que les dan vida con coherencia y teatralidad y una gama de tonalidades que los tornan humanos y a la postre entrañables. Dos estupendos actores de quienes se hablará mucho en el futuro y hoy realizan un trabajo admirable. Daniel García, en particular, muestra una madurez expresiva e histriónica sorprendente.
Dirigida con limpieza e ingenio por el mismo Guindic Del otro lado es una muestra grata del mejor teatro joven que puede haber hoy por hoy. En el Foro Art House, Del otro lado deja una huella memorable. Ojalá que estos jóvenes teatristas, dramaturgo y actores, continúen su camino de fortificación tanto en su estilo estético-social como en su visión humanística, cuestionadora y contestataria del teatro. Porque, si no es el teatro el que cuestione de raíz a la sociedad, entonces, ¿qué o quien lo hará?

