Que nadie se sienta engañado

Son siempre más sinceras las cosas

que decimos cuando el ánimo se siente

airado que cuando está tranquilo.

Cicerón

Gran escandalera se armó por la respuesta que dio el candidato presidencial de Morena, Andrés Manuel López Obrador, a la pregunta de si reconocería los resultados de la elección del 1 de julio si estos no le favorecieran, si fuera derrotado.

Dijo que se iría a su rancho de Palenque, Chiapas, si una eventual derrota fuera el resultado de una elección limpia, la cual reflejara verazmente la voluntad de los ciudadanos en las urnas. Agregó que, en caso que perdiera porque la elección no fuera limpia, igualmente se iría a su rancho en Palenque, pero que no movería un dedo si hubiera protestas violentas por un fraude electoral.

Para ilustrar con más vehemencia su pensamiento utilizó la metáfora del tigre. “Los que suelten al tigre que lo amarren”, en referencia a quienes hayan sido autores de un posible fraude y responsables del descontento popular no deberían contar con que él fuera a intentar contener ese descontento.

No es la primera vez que emplea la metáfora, pues la usó en una entrevista con Carmen Aristegui hace poco más de tres semanas, pero no la registraron, ni sus adversarios ni los medios de comunicación, lo que quizá lo obligó a volverla a utilizar, ahora ante un auditorio distinto, los empresarios y banqueros asistentes a la Convención Nacional Bancaria.

Desde ese día, López Obrador ha tenido que explicar una y otra vez que no fue una amenaza, ni un amago, simplemente expresó lo que piensa.

Y quizá sea tiempo de que quienes, por rencores ideológicos o políticos se han sumado a los simpatizantes, casi feligreses de la cofradía cuasi religiosa que es Morena, se den cuenta de que López Obrador no los ha engañado. Desde hace tiempo ha venido diciendo a todos lo que haría si llega a la Presidencia de la República.

Es cierto que cuando habló ante banqueros y empresarios pareció estar enojado, irritado, lo cual no implica que después alguien se puede llamar a engañado, pues ha repetido una y otra vez que él dice lo que piensa.

Sí puede exigírsele que nos dé detalles de algunas de sus propuestas. Por ejemplo, ha dicho que en los primeros tres años de su gobierno cambiará totalmente la Suprema Corte de Justicia. ¿Cómo?

Como no vaya a ser como lo han hecho algunos gobernadores de la celebrada alternancia, quienes han llegado al poder por el voto, pero apenas tomaron posesión se han hecho del control no sólo del Ejecutivo de sus estados, sino también del absoluto control de los Poderes Legislativo y Judicial, de tal forma que desparece el equilibrio entre los poderes.

Hacer eso en el ámbito federal se traduce en tener tales facultades a su disposición que las llamadas “facultades metaconstitucionales” del presidencialismo del siglo pasado se quedarían cortas ante lo que podría ser un control absoluto, casi totalitario del aparato del Estado.

Como siempre dice lo que piensa, nos tiene que explicar exactamente cómo sería su presidencia, en el posible caso de que ganara las elecciones.

jfonseca@cafepolitico.com