Marcos Daniel Aguilar
Raúl Renán, extraño escritor de poesía, de poesía visual, de minificciones, de epigramas, escritor y editor de raros libros fue un hombre verdaderamente sui géneris en el mundo de las letras mexicanas, tan acostumbradas a la tradición literaria y a los cánones impuestos por las antologías académicas y comerciales. Por ello, Renán fue un pez a contracorriente que se hizo de buen cobijo en la poesía de vanguardia y en la experimentación.
¿Fue Raúl Renán un vanguardista? Si se toma en cuenta lo que el investigador y poeta Carlos Pineda expone en su ensayo “Poesía latinoamericana de vanguardia. Transgresiones entre la carcajada y la ironía” al afirmar que la vanguardia “esconde una evidente crítica de los diversos estamentos vitales vigentes en el momento histórico de la gestación del texto. Consecuencia de este andar por los callejones sonoros de la lengua”, sí se podría asegurar que Renán fue un vanguardista que hizo del gozo un juego sonoro y de la poesía una rara y novedosa semántica lúdica que se “encuentra en la frontera entre lo literario y lo meramente musical”, como también lo señala Pineda al describir a los vanguardistas latinoamericanos, a esos críticos de las primeras décadas del siglo XX —como Mariano Brull, Nicolás Guillén, Huidobro y Ballagas—, en cuya rama fracturada, infantil, perdida entre el humor y la música y el hipertexto —que ya no piensa en su cuerpo de significado y de sintaxis, para aludir al poeta rojo José Bergamín— ahí, en la punta de esa rama se halla la poesía antigravitatoria de Raúl Renán.
Es Renán un denunciante de la situación de la palabra. Con sus poemas el poeta anuncia una ruptura y señala —se entiende al leerlo— al que enclaustró a la poesía, a quien la secuestró y la desdichó en “sentido y sentires”, un denunciante de la “poesía pura” como en su momento lo hizo el cubano Marino Brull con los versos: “Y si el Abecedario la denuncia/ frente al agravio de la letra escrita/ en interrogaciones se pronuncia”. Para no citar su hallazgo fortuito, la jitanjáfora, que se convirtió en emblema de la vanguardia en español. Pero el nacido en Mérida, en 1928, lo hace sí con conciencia y causa, pero también por inercia frente a lo ya establecido. Se diría que don Raúl se encuentra en lo que el estudioso de la poesía mexicano, Alejandro Higashi, llama como la “tradición de la ruptura” la cual viene para enfrentarse a las “formas en las que —la antología— Poesía en movimiento ha afectado al canon de la poesía mexicana…”, la cual entregó “al lego y al avezado la llave para desentrañar los complejos sentidos de esta poesía en movimiento (desde disciplinas tan lejanas como la lingüística, el estructuralismo antropológico o la semiótica, agrupadas a veces de modo irreflexivo en algo que llamamos con orgullo teoría literaria… En oposición y en dirección a estos paradigmas se escribiría la poesía posterior dentro de la paradoja fundada por una tradición de la ruptura”. Y ahí se puede ubicar, más o menos, la poesía del epigramista y de tantos más que vinieron, en un sentido rupturista como dice Higashi, a quienes no les importaba estar o no en este canon oficial y accesible, desde el año 1966, o en un canon crítico-académico, editorial y potencia o popular. Mejor dicho, al revés, mejor caminar hacia la ironía y el juego, la carcajada y el humor: “Soneto monorrimo”: “Escabullizo/ erizo/ se hizo/ monoliso.// Así lo quiso:/ rojizo/ al rizo/ coquetizo;// friso/ inciso/ y cacarizo,// y el viso/ trizo/ y circunciso”.
El tono socarrón e innovador que suena a rama quebrada no viene siempre de la improvisación, de la víscera, el atrevimiento o de la holgura —que tampoco está mal—, mejor dicho, es una aventura que viene del bien ordenado pensamiento, del orden lector de Raúl Renán. El crítico español, avecindado en Argentina, uno de los mayores críticos e historiadores de las vanguardias siglo XX, Guillermo de Torre, afirma que “hay dos maneras esenciales de innovar. Una de esas maneras consiste en lanzarse aguerrida, temerariamente, hacia lo desconocido, cara al espacio virgen, rompiendo todas las amarras tradicionales, después de haber decretado la abolición de la memoria, ambicionando un neoformismo total. La segunda se realiza en actitud opuesta: yendo a buscar lo nuevo, con una violenta torsión de retorno, a los modelos olvidados, hacia las ocultas fuentes”. En este sentido, el poeta Daniel Téllez en la introducción del Material de Lectura de Raúl Renán, que realizó para la UNAM, menciona que Renán bien podría incrustarse en la segunda manera de innovación que menciona el tan olvidado Guillermo de Torre al referir que “Los dictados de su línea son las palabras, líneas del cuerpo de la escritura que nacen de su educado trazo. Anda aquí la cuadratura de Gilberto Owen, la línea de Booz y Ruth, Perseo y Andrómeda; allá la tradición emparentada con Safo, Catulo, Villon, Saint-John Perse, Williams Carlos Williams, Pound, Homero”. En Pluvia, que es lluvia en desuso, como en desuso es también hoy la historia y sus mitologías, Renán recupera el agua como mística y eterno retorno vital: una diosa maya de múltiples formas que son memoria y olvido a la vez. Renán peninsular de maya la raíz como de tierra maya era Luis Cardoza y Aragón, el guatemalteco que hizo del agua de pluvia su sendero poético como en este caso también lo hizo don Raúl. En su libro “El Río”, Luis Cardoza dice: “El río no existe; tampoco el mar. No hay más que un espejo imaginario que nada refleja… móvil repetición de energía irrepetible, el río es como la vida de los hombres, pero no muere, sigue naciendo, sigue muriendo y vive de morirse y muere de vivirse”. Este río en cascada de Cardoza recuerda a esa energía contante que también describe Renán en “Pluvia”: “Es una mujer/ Por su/ Falda/ Amplia/ De joyas/ Timbrantes/ En caída/ Sin cesar/ Mojadora como nadie/ Siempre desperdigando/ Porque sabe/ Que mina/ Con su presencia/ Y que/ Nunca/ Se agota/ Su gota/ Tan lejos/ De los ríos/ Sonorosos/ De San Juan”.
Agosta gotea Agotas gotea Agotas gotea rítmicamente y con una energía tal que rememora la poesía de agua, la energía acuosa de Carlos Pellicer, cuando el tabasqueño grita en “Piedra de sacrificios”: “Agua de América, agua salvaje, agua tremenda, mi voluntad se echó a tus ruidos como la luz sobre la selva. Agua poderosa y terrible, tu trueno es el mensaje de las razas muertas a la gran raza viva”. Gran angular, poética georreferencial y universal como el “Lapidario celeste” de Renán: página 84.
Esas razas muertas de las que habla Pellicer, para Renán siguen vivas en Pluvia porque efectivamente es cultura vida en el siglo XXI, una tradición que el poeta atrae —con sus deidades— desde su memoria mitológica y que arroja en caída libre hacia esas montañas al revés que son los cenotes de Yucatán: “Tu alma/ Pluvia/ Líquida/ Se vierte/ En las copas/ Verdes para brindis/ De los montes/ Con sus aluxes/ Jocosos/ Que danzan/ Contigo/ Sin poder/ Tenerte/ Pues careces/ De forma durable”.
La innovación de Raúl Renán, y sobre todo en Pluvia, no viene del virulento rechazo, sino de la paciente lectura pasada, presente y futura, como cuando retrata al ser anfibio —que somos todos— naturales habitantes del agua y de la lluvia, del río y de la divinidad. Anfibio que viene de una larga tradición como lo dice Javier Perucho, que a lo largo de la historia se le ha dado la forma de sirena. Y no escapó a su embrujo don Renán. Sin embargo, no se debe olvidar, a propósito, que el día de hoy también hay anti-pluvias, anti-mares que son desiertos, y anti-anfibios que son fósiles-cuerpos que recuerdan el estado violento en el que se vive.
Tiempo circular, cascada al revés, salmón contradireccional, de la muerte a la vida, de la sintaxis al símbolo, de la forma a la sustancia que no tiene forma pues el agua de Pluvia es como el amor, sólo toma la estructura que cada quién quiera darle, la forma del amor, es decir, del agua, y antes que Guillermo del Toro diera su propuesta de anfibio amoroso, Raúl Renán nos regala su forma del agua: “Rota/ La jerarquía/ De las gotas/ En aguaceros/ Las mayores/ Estallan/ Consigo mismas/ Formando/ Millares/ De menores…// Pues/ No hay artificio/ Del agua/ Que valga/ No coehsión/ Ni forma/ propia/ Sólo/ La cavidad/ Fugaz/ Que la recibe”.
Agua del cuerpo espacial, Pluvia, para el agua de antes marina, cenote.

