“No gastes tu dinero antes de ganarlo”. Thomas Jefferson.

A mediados de marzo el Presidente venezolano Nicolás Maduro anunció en un mensaje televisado en cadena nacional el surgimiento de una nueva moneda, el bolívar soberano, que sustituirá al bolívar fuerte a partir del 4 de junio. Esta decisión se da a tan sólo ocho años de una reconversión similar, en la que esta última moneda sustituyó al bolívar, por lo que la nueva unidad de maduro equivaldría a un millón de las que la población utilizaba en épocas del mandatario Hugo Chávez.

Si bien Maduro señaló que esta decisión era necesaria para la contabilidad y las finanzas del país sudamericano, la medida es riesgosa en una nación cuya economía colapsa con una inflación fulminante que llego a 720% el año pasado. ¿el bolívar soberano es la herramienta necesaria para detener el deterioro del poder adquisitivo y la crisis económica de los venezolanos? Lamentablemente la respuesta es no, porque es una ampliación del cono monetario con nuevos billetes de 500 y 200 bolívares soberanos, que en verdad equivaldrían a 500 mil y 200 mil actuales, es decir, cinco veces más grandes que el billete de mayor circulación, cuando hace unos meses se introdujo la denominación de 20 mil, que era 200 veces más grande que el papel moneda de 100, el cual el mandarario ordenó eliminar y al momento sigue en manos de la población.

La nueva moneda está condenada al fracaso ya que de acuerdo con el anuncio oficial sólo existirán dos monedas, la de 50 centavos y un bolívar soberano. En contraste, a partir de junio habrá billetes de 2, 5, 10, 20, 50, 100, 200 y 500; aún y cuando este último equivaldrá a dos dólares en el mercado negro. La falta de moneda fraccionaria tendrá como consecuencia el encarecimiento de productos básicos, tal como la gasolina que con la conversión costaría medio centavo por litro, por lo que se generará incertidumbre en la población.

El Banco Central de Venezuela no tiene la capacidad de crear sus propios billetes, los cuales son importados de casas especializadas de Suecia, Francia, Reino Unido y Estados Unidos. En ese sentido, el cono monetario utilizado actualmente fue oneroso, escaso y no solucionó los problemas de la sociedad; además de que aún es pagado por los contribuyentes de este país. Por lo que han sido políticas públicas precipitadas y con falta de resultados.

Por lo general, los bancos centrales de diferentes países han tenido un equilibrio entre el número de monedas en contraste con los billetes en circulación. La falta de esta visión pondrá a la nueva moneda en una situación de vulnerabilidad que en pocos meses puede ser insuficiente para las transacciones que se realizan a diario. Asimismo, la introducción de una nueva familia de circulante exigirá cambios técnicos a cajeros automáticos y máquinas tragamonedas, lo que a su vez retrasará los beneficios anunciados a cambio de molestias por parte de los usuarios.

El fracaso de medidas como el bolívar fuerte, la criptiomoneda petro y probablemente la nueva denominación del soberano ha fortalecido el uso de divisas extranjeras en el país a fin de evitar la pérdida aún mayor del poder adquisitivo, aunque haciendo más poderoso al mercado negro y débil a la autoridad financiera. Por lo que quizás los nuevos billetes en algún momento cercano sean cambiados por monedas que los reemplazasen por su falta de valor.

Sin embargo, el uso de dólares y euros generarán un desprecio por la moneda local, aunado de que con la escasez del turismo, nacionalización de empresas y falta de atracción de inversiones del extranjero serán factores que debiliten aún más a una moneda que probablemente en cuanto entre en funciones ya este devaluada y no responda a las necesidades de los venezolanos, con el riesgo que el ritmo de la inflación los haga inservibles mientras los nuevos bolívares soberanos estén en proceso de acuñación en una lejana fabrica de Europa. Esto, en momentos posteriores al adelanto de las elecciones presidenciales y la responsabilidad del gobierno madurista de presuntamente realizar pagos por cuatro mil millones de dólares a Odebrecht.

El cambio de moneda serán meses de dudas e inquietudes para la población que tendrá poco tiempo para la adaptación y que saturarán los bancos ante la amenaza de desmonetización del actual cono de monedas y billetes. A diferencia de otros casos como México o la conversión al euro en diferentes países integrantes de la Unión Europea, en Venezuela la medida fue anunciada como rápida y con fecha límite. Asimismo, no hay garantía de que los proveedores extranjeros o los repartidores del Banco Central tengan los inventarios suficientes para realizar la transición de forma eficiente y ordenada, por lo que cualquier retraso generará problemas secundarios, todo, con cargo a la población que paga sus impuestos con lo que se pagará esta decisión.

Actualmente, la falta de efectivo es uno de los problemas públicos más difíciles que tienen que resolver la población día a día, por lo que la puesta en marcha del bolívar soberano tiene como antecedentes errores y desconfianza, lo que también impacta para un eventual rechazo social. La solución a los problemas financieros de Venezuela van más allá de una simple reconversión mal planeada (¿por qué no quitar cinco ceros a la moneda en vez de tres?)  mientras que los usuarios padecen una inestabilidad financiera en medio de una crisis humanitaria que ha provocado más corrupción, migración (uno de cada ocho venezolanos viven fuera de su país), pobreza, falta de medicamentos y caída en la competitividad.

El bolívar soberano nació devaluado y derrotado ante la grave hiperinflación.

El autor es Posdoctorado en Control Parlamentario y Políticas Públicas. Universidad de Alcalá de Henares.