“Vivid no de acuerdo con los ideales recibidos, sino con vuestras aspiraciones,

con vuestra intuición más vehemente”. Antonio Gala

La esperanza de vida al nacer es un indicador importante en las ciencias sociales ya que permite medir diferentes éxitos en materia de salud pública, desarrollo social, comunidades pacíficas y seguras, entre otros aspectos que permiten que las personas vivan más tiempo y con mejor calidad. Cabe destacar que a escala internacional las mujeres viven más que los hombres de acuerdo con las estadísticas presentadas.

Durante el siglo XX este avance fue notorio en todo el mundo, en especial los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial y los avances en medicina y tecnología que permitieron aumentar los años que una persona puede vivir. Ejemplo de esto es que el Banco Mundial refiere que el promedio mundial en 1960 era de 52 años y medio; mientras que en 2015 se ubicó en 71.9, es decir, casi dos décadas más.

Pese a los avances, naciones en guerra, altos grados de pobreza o propicios para la transmisión de enfermedades han presentado indicadores bajos que incluso son menores a la media internacional de hace medio siglo, tal como sucede en países de África. En contraste, naciones de primer mundo cómo Japón o Mónaco han logrado indicadores de 84 años con tendencia a seguir incrementándose. Y abajo de ellos hay naciones como Austria, Islandia, Italia o España que han alcanzado estándares de 83.

Actualmente, España muestra el segundo mejor indicador de los países afiliados a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) únicamente detrás de Japón, que logró 83.9. Por debajo del índice logrado por los españoles están Suiza (83.0), Italia (82.6) y Australia (82.5). Fuera de los cinco mejores se ubican Francia (82.4), Reino Unido (81), Alemania (80.7), Costa Rica (79.6), Estados Unidos (78.8), México (75) o India (68.3). El avance español puede convertirse en un ejemplo a seguir para otras naciones que deseen mejorar la calidad de vida de su población, al tiempo de adoptar medidas saludables que prevengan enfermedades y altos presupuestos de salud pública.

El caso de España es significativo debido a que en 1990 el promedio era de 77, lo que indica un avance importante en las últimas décadas; así como superar a naciones como Italia o Estados Unidos que tenían mejores indicadores que los iberos en ese año. ¿Por qué ahora la población española vive más? Si bien los indicadores económicos de la península ibérica han mejorado, no se puede comparar con lo alcanzado por otros países financieramente más adelantados de la eurozona como Alemania, Reino Unido, Italia, Holanda o los reinos escandinavos. No obstante, en el caso español han superado el tiempo de vida de todo el Continente con avances mayores de 10 años respecto al promedio mundial.

Sin duda, la reducción de la mortalidad infantil y materna, mejoras en los servicios de salud públicos, alimentación saludable, bajo índices de homicidios o violencia social han permitido los avances que actualmente viven la sociedad ibérica con la expectativa de vivir más años. Para el volumen de su economía destinar 9% del Producto Interno Bruto (PIB) en materia de salud es ejemplo de la importancia que la administración pública ha otorgado al disfrute de la vida en las decisiones del gobierno.

Las cifras son más esperanzadoras si tomamos en cuenta que de los cerca de 50 millones de españoles su edad promedio es de 42.7 años, por lo que hay una tendencia hacia el envejecimiento de la población. De hecho, casi 9 millones de habitantes de este país europeo (18% del total) es mayor a 65 años; mientras que uno de cada ocho tiene entre 55 a 64 años. Si bien la media de edad es similar al cociente de la Unión Europea, es uno de los veinte países que mantienen un indicador más alto en este rubro, el cual también es el más elevado de Iberoamérica.

Entre estos logros destacan que 99.8% de la población tienen acceso a servicios de salud; y que de forma universal todos los habitantes pueden disponer de agua potable. En combinación con mejoras en educación, vivienda, empleo, servicios de salud o ingreso, se han presentado características que han permitido el vivir mejor para la sociedad española.

Sin embargo, no todo es motivo de alegría, ya que al incrementar el tiempo de vida se generan otros problemas: por una parte, el surgimiento de enfermedades degenerativas e incurables que asolan de forma preocupante a los adultos mayores como Alzheimer, depresiones, discapacidades, problemas óseos o demencia senil encarecen los servicios de salud, al tiempo de mermar la calidad de vida pese al aumento de la cantidad. Asimismo, los gastos, crisis económicas de pensiones, abandonos de hijos o marginación social complican los últimos años de vida de las personas de todo el mundo en general, lo que también ha incidido en España.

Con todo, el incremento de la esperanza de vida en este país es un logro de la suma de esfuerzos de la sociedad y el Gobierno que se debe destacar como un proceso de diferentes políticas públicas que han permitido avances tangibles como este. La acumulación de acciones positivas han logrado un beneficio tangible que pueden presumir al mundo entero, y que puede motivar a diferentes administraciones en curso alrededor del orbe a mejorar las acciones que conlleven a vivir más y mejor.

El autor es Posdoctorado en Control Parlamentario y Políticas Públicas. Universidad de Alcalá de Henares.