El problema de la migración comienza a desquiciar a la Unión Europea. La violencia, el hambre, la falta de oportunidades y sobre todo la crisis de Siria, principal expulsor de migrantes y asilados, han puesto al bloque integrador más grande en la historia al borde de un descalabro regional. La misma Alemania, país pilar de la zona eurocomunitaria, ha comenzado a endurecer su política migratoria para determinar con mayor control quiénes merecen la categoría de refugiados en territorio europeo.
Las constantes oleadas de migrantes provenientes de África hacia países como Italia, por donde se internan hacia Austria y finalmente Alemania, han despertado tendencias xenófobas para tratar de controlar a los miles de desplazados que llegan al viejo continente.
Desde su inicio el primero de noviembre de 1993, la Unión Europea ha sido defensora de principios básicos como la libertad de expresión, la libre circulación y el respeto a los derechos humanos. Su política de asilo a refugiados se encontraba entre las pioneras del mundo. En sus estatutos se establece una “política común en materia de asilo, protección subsidiaria y protección temporal tendiente a ofrecer un estatuto apropiado a todo nacional de un tercer país que necesite protección internacional y a garantizar el respeto del principio de no devolución”.
Sin embargo, este último aspecto está por cambiar, cuando el próximo 28 y 29 de junio, los 28 líderes de la eurozona se reúnan para endurecer su plan migratorio e incluir la posibilidad de devolver a toda aquella persona que no cumpla con requisitos más exigentes para gozar de la protección regional.
Todo empezó el 9 de junio cuando la embarcación Aquarius, arribó a costas italianas, donde fue rechazada. Se trata de un barco de las ONG Médicos sin Frontera y SOS Mediterranée que rescatan a personas que buscan llegar a Europa huyendo del hambre y la violencia. España se ofreció a acoger a sus 629 pasajeros, entre los cuales hay 123 menores. Sin embargo, desencadenó el rechazo a la política de acogida de la canciller Angela Merkel en favor de medidas más duras para controlar el estatus de asilo y, sobre todo, de la migración irregular.
El flujo migratorio es ya un problema que podría derivar en el desmoronamiento de la Unión Europea, también conocida como La Casa. De hecho, ha sido la causa de que la derecha haya llegado al poder en varios países como Hungría, Polonia, República Checa, Eslovaquia, Austria, Eslovenia, Italia, Francia y Holanda. El gran bloque democratizador ahora contempla la posibilidad de crear centros para atender a quienes soliciten asilo, aunque en realidad es un filtro para determinar a quiénes podrían expulsar de las fronteras eurocomunitarias.
En un intento por contener los flujos migratorios, Bruselas ya mantiene negociaciones con países africanos e incluso con grupos armados para tratar de llegar a un arreglo que ponga fin a los desplazados.
Para el embajador mexicano en retiro Francisco Olguín se trata del eterno movimiento de los pueblos. De una migración que no terminará nunca. Asimismo, indicó con base en investigaciones realizadas personalmente que el siglo XXI estaría caracterizado por un enorme flujo de migraciones como nunca antes se había visto. En particular, porque hay una creciente brecha entre ricos y pobres y que los desarrollos de las comunicaciones permitían que la gente de todo el mundo supiera cada vez más fácilmente cómo se vivía en otros países y detectar oportunidades de las que carecían en sus lugares de origen. A esto se aúna que el avance de los transportes ha permitido que esta gente pueda desplazarse con mayor facilidad.
Esta es la entrevista que Francisco Olguín concedió a Siempre! vía telefónica.

El regreso del nacionalismo étnico
¿En que momento se realiza este flujo migratorio que ha empezado a desquiciar a la Unión Europea?
Esta migración tiene lugar en momentos en que los países más desarrollados no están creciendo democráticamente, de tal manera que las diferencias entre crecimiento demográfico y crecimiento económico se contraponen. A esto hay que considerar otros factores como las guerras y los conflictos que han incrementado las razones para trasladarse de un lugar a otro.
Las controversias han provocado confrontaciones, en el caso de Estados Unidos con los países musulmanes, al grado que de actualmente se ha desarrollado un nacionalismo étnico que busca defender lo que es propio. Si bien tiene una raíz normal y buena por la que los pueblos se identifican a sí mismos con sus respectivas culturas, este movimiento en Occidente ha sido muy perverso. Lo ha sido porque va en contra de los principios básicos que sostiene la propia civilización occidental. Esto ha sido más marcado en Estados Unidos, donde no se ha superado plenamente el racismo.
Uno de los elementos que más ha impactado en la Unión Europea es el sentimiento de identidad que tienen los propios europeos que consideran que se encuentran en peligro por una abrumadora migración de ciudadanos de otros países que no solo no son de su misma etnia, sino que tampoco tienen sus mismos principios civilizatorios, que incluso cortan con ellos. Me refiero sobre todo a la migración masiva que ocasionó el conflicto en Siria, que ha significado una avalancha de varios millones de familias, pues no eran solamente jóvenes buscando trabajo los que huían de la violencia. Esta situación ha sido ocasionada en buena medida por Estados Unidos en el mundo desde la guerra en Afganistán, que ocasionó confrontaciones con los países islámicos. Esto fue lo que acentúo la guerra de las civilizaciones. Con la invasión a Irak se agudizó el islamismo radical, lo cual se tradujo en terrorismo, aumentando el temor de las migraciones a otros países. Las migraciones no se van a detener nunca, pero es deseable que éstas procedan de una manera lo más ordenada posible, de tal manera que ni provoquen temores ni pongan en riesgo la identidad cultural de los países receptores.

¿Cuáles serían esos casos?
Hay soluciones que pueden tender hacia esa finalidad. En el caso de Europa menciono a Suiza, que durante décadas recibe migrantes temporales para que trabajen en actividades que los suizos no desean realizar. Es una migración temporal, los extranjeros están en Suiza, que es un país de orden. Se adaptan a respetar las normas de Suiza y trabajan ahí y concluido el periodo, se regresan a su país.
Un esquema muy parecido es el de Canadá, que recibe migrantes para que se asienten en su territorio con programas migratorios. Estos pactos los tiene con México, con el Caribe. Cada año, hay mexicanos que van a trabajar a Canadá. Los empleadores anuncian que necesitan obreros, sean en el campo, en la construcción, etcétera. Ellos lo reportan a sus autoridades y éstas revisan a los candidatos y realizan el proceso de contratación temporal. En un beneficio mutuo.
La UE en fase crítica
¿La renuencia de países como Hungría y Polonia están poniendo en riesgo la unidad de la Unión Europea?
Yo creo que sí se puede desmoronar la Unión Europea, aunque quiero creer que no. El debilitamiento de las instituciones europeas sería una vergüenza porque la construcción europea ha sido una esfuerzo extraordinario que cambió incluso las teorías clásicas de la relaciones internacionales, que no creían que fuera posible que varios países cedieran parte de su soberanía para trabajar en armonía con dos fines, que son evitar la guerra y asegurar la paz. Este objetivo lo lograron basándose en principios humanísticos de fondo que los llevan a tener compromisos muy grandes entre sí y con la humanidad. Sin embargo, estamos viendo que la unidad europea ha comenzado a entrar en una fase crítica. Hay que ver a países como Polonia y Hungría que han reaccionado terriblemente contra la migración y en buena medida es por razones históricas. En la Unión Europea, el país receptor es el responsable de lidiar con el problema. En el caso de Francia, los flujos migratorios provienen de sus excolonias en África, como Argelia. Gran Bretaña es el mismo caso porque fue un gran imperio por los países adheridos a su mancomunidad, muchos de los cuales no tienen un gran desarrollo económico. Muchos jóvenes buscan empleo en el país colonizador y lo reclaman como un derecho. Precisamente eso fue lo que le preocupó a Londres, el recibir migración en números superiores a los que podían manejar.
Lo que está viviendo Europa lo está viviendo por el complejo militar de Estados Unidos que solo busca resolver los conflictos por la vía de las armas para favorecer el crecimiento de la industria bélica. Trump, al criticar la política migratoria de Alemania, se muestra como un desvergonzado, pues en lugar de insultar a su aliado, debería ayudarlo. Trump lo que está haciendo es lucir su etnonacionalismo para provecho personal.

Migración, el bumerán de los colonialistas: Román López Villicaña
El contexto es realmente difícil, teniendo en cuenta que hay factores de expulsión y de atracción, digo que vivimos tiempos poscoloniales. Los europeos colonizaron muchos países de Asia y África y los usaron como colonias económicas, es decir las explotaron y saquearon sin dejar nada a cambio, ni siquiera un Estado fuerte, que pudiera hacerse cargo del nuevo país cuando llegara a la independencia. Tampoco les enseñaron democracia, y ahora se quejan de los dictadores en la zona. Las economías de los países pobres fueron adaptadas como apéndices de las metrópolis coloniales, como también es el caso de muchos países latinoamericanos y Estados Unidos. Hoy que los países ricos cierran sus mercados, las excolonias o neocolonias sufren crisis económicas, que lanzan al conflicto o a la migración en busca de mejor vida.

Román López Villicaña.
Hoy los ricos, por las nuevas tecnologías y robótica, tienen alto grado de desempleo y ya no encaja la mano de obra barata, hay que impedir que tomen los escasos trabajos en la metrópolis. Esa robótica nos la exportan, nosotros que tenemos gran cantidad de mano de obra barata, importamos máquinas que eliminan empleos a un alto costo desde los países ricos. Por imitación, los habitantes de los países pobres ven por medios de comunicación que muchos de sus coterráneos son exitosos en los países ricos y quieren también ser parte de eso. Por eso migran, cuando necesitan mano de obra barata les abren las puertas, pero cuando compiten con sus ciudadanos los rechazan.
Respecto a la encrucijada que está viviendo la Unión Europea, puedo mencionar que las crisis económicas han llevado a esas situaciones. En Grecia, cuando creció de manera impresionante y se preparaba para las olimpiadas, aceptó muchos migrantes para hacer los trabajos que los griegos, ahora ricos, ya no querían hacer. Hoy, en medio de la crisis, no quieren saber de migrantes y en algunos casos los han hostilizado. Lo mismo pasa en Italia, algunos usan africanos para vender bolsas chinas por las noches, en las calles de las ciudades italianas. También los han usado como meseros, lavaplatos, para limpiar y lavar baños, pero la crisis que viven hoy, hace que los migrantes ya no sean bien vistos.
Pese a estas presiones, no creo que se rompa la Unión Europea, el costo es alto, incluso se puede ver que Gran Bretaña sigue dividida en torno a su salida del bloque. Hay muchos arrepentidos que ven que no será fácil; que tendrán control de sus fronteras tal vez, pero igual han aceptado migrantes cuando necesitan mano de obra barata, y cierran la puerta cuando ya no les sirven. Hay que ver la cantidad de africanos e indios que viven en el Reino Unido. Si Europa hubiera controlado la entrada tal vez habría menos. Conocí a muchos eritreos y etiopes que no querían irse a Italia (antigua metrópoli) sino querían irse a Gran Bretaña, ya fuera porque tenían familiares allá o porque les daba más prestigio y en Eritrea la lengua de la educación media y alta es inglés eso también los impulsaba hacia allá. Estados Unidos resultaba mas caro y difícil.
(El Dr. Román López Villicaña es ex jefe del Departamento de Relaciones Internacionales y Ciencia Política de la Universidad de las Américas-Puebla)

