Desde su creación, el Grupo de los Siete ha reunido a las economías más grandes del planeta con la intención de unificar sus criterios para el control de las finanzas, el comercio, la economía y, en general, de los paradigmas que definen el destino del resto del mundo. La más reciente cumbre efectuada en Quebec, se topó con un Estados Unidos que busca cambiar de manera abrupta la esencia que ha caracterizado a este exclusivo grupo. El presidente Donald Trump se mostró enérgico en su compromiso por fortalecer a su país, cambiando el tipo de relación existente con quienes han sido sus tradicionales aliados, Alemania, Francia, Gran Bretaña, Japón, Italia y Canadá.

Trump se rehusó a firmar el acuerdo final de la cumbre en un desafío con el que busca obligar a sus contrapartes a someterse a sus exigencias comerciales e incluso a una reconfiguración del G-7, que ha permanecido sin cambios desde el fin de la Segunda Guerra Mundial hasta nuestros días. Para el inquilino de la Casa Blanca, Rusia tiene que ser miembro del club mayor. Si lo recordamos, Rusia ya era miembro del G-7, pero el ex presidente Barack Obama lo expulsó tras la anexión de Crimea en 2014.  El magnate rubio ha dado nuevos pasos en pos de que Rusia se reintegre al panel de superpotencias, argumentando que “les guste o no, y puede que no sea políticamente correcto, tenemos que gestionar los asuntos globales”.

Para analistas políticos como Adrian Salbuchi*, Trump actúa con una absoluta falta de visión que raya en la estulticia y con una clara tendencia a imponer sus intereses sectoriales, incluso pasando por encima de los propios valores e intereses norteamericanos. El también escritor y activista argentino denunció que Trump se ha volcado en favor de instaurar lo que podría denominarse bullying político, el cual se ha convertido en modelo de su gobierno, aunque de una manera inestable. Esta es la entrevista que concedió a Siempre! vía correo electrónico.

¿Cómo interpreta la actitud de Donald Trump ante quienes han sido considerados grandes aliados de Estados Unidos? 

Dentro de las estructuras del Poder Global privatizado, claramente Donald Trump es un “outsider”.  No encaja dentro de los planes de esos poderes fácticos privados que desde hace décadas vienen tratando de arrastrar al mundo entero – especialmente Occidente – hacia un Gobierno Mundial Uni-polar Privado.

Trump es un nacionalista muy inculto que sólo comprende conceptos simplificados y se comporta en consecuencia.

Así se entiende su prédica torpe en favor del “America First”, pues Trump no comprende que a quienes controlan estos ejes del Poder Privatizado, poco o nada les interesa su bendita “America” a la que se empeña en colocar “first”: o sea, primero y delante de todos los demás, especialmente en el comercio mundial.

Los operadores y managers de ese Poder Privado globalizado no tienen ni bandera ni se identifican con las naciones en las que circunstancialmente los haya visto nacer.  En verdad, utilizan a EEUU – “America” – para promover sus intereses sectoriales y objetivos a largo plazo, que poco – a menudo nada – tienen que ver con el interés nacional de los EEUU.

Por eso, Trump tiene a la prensa mundial en su contra, que lo tacha del mayor crimen que puede cometerse contra ellos mismo: el populismo.  Ven en Trump al megapopulista por antonomasia.

De todos modos, en este año y medio han logrado controlar (parcialmente) a Trump, removiendo algunos de los funcionarios “más molestos” que él eligió para que lo acompañaran en su Administración, acorralándolo con el tema de Rusia, haciéndolo abandonar algunas de sus promesas de campaña (auditar al Banco de la Reserva Federal, divulgar qué pasó realmente el 11 de septiembre de 2001) y – muy especialmente – transformándolo en un operador mega-sionista priorizando los intereses de Israel (a través de su yerno Jared Kushner).

Los demás miembros del G7 – Canadá, Francia, Reino Unido, Alemania, Italia y Japón – están todos en mayor o menor medida bajo la férula del mundialismo privatizado de Rockefeller-Rothschild: aquellos que en 2016 apostaron todo a favor de Hilary Clinton, pero les salió el tiro por la culata.

Hoy, con su estilo de “bullying político”, Trump es la oveja negra del G7; en parte por un sentimiento visceral (“America First” a ultranza), y en parte por un voluntarismo inculto que pareciera no permitirle visualizar y entender cómo funcionan realmente esta estructura de poder privatizado global, que desde hace décadas controla no sólo a las empresas, los bancos, las grandes universidades, los servicios de inteligencia/contrainteligencia, y los multimedios, sino a la propia Casa Blanca, el 10 de Downing Street y el Palais d’Elysee, entre otras sedes de poder formal gubernamental.

Adrián Salbuchi.

Irán y Rusia en la mira

¿Qué repercusiones puede tener esto en el contexto mundial?

No demasiadas, ya que las desavenencias durante la reunión del G7 llevada a cabo el 7 y 8 de junio en Quebec, hoy se centran en lo económico, mientras que la inminente crisis mundial que se avecina se ubica primordialmente en el plano geopolítico y militar.

El poder privatizado quiere resolver ya dos temas clave: (1) destruir a Irán (o sea, “cambio de régimen” como ya impusieron por la fuerza en Irak, Libia, Afganistán y Siria) como parte de hacerse con el control integral de Medio Oriente y sus recursos, y (2) mucho más ambicioso: posicionarse para un mega-conflicto contra Rusia y sus aliados, lo que equivale a caminar sobre la cornisa: una situación delicadísima y muy explosiva y peligrosa.  Esto ayuda a explicar la insólita reunión de Trump con el norcoreano Kim Jong-un el 12 de junio en Singapur: un mecanismo orientado a la neutralización y apaciguamiento de China (que es el verdadero “controlador de Corea del Norte), para qué los globalizadores tengan las manos libres ante una eventual guerra limitada contra su verdadero enemigo geopolítico: la Confederación Rusa de Vladimir Putin.

Si se lee entre líneas la agenda de la 66va. Reunión Bilderberg en Turín del 7 al 10 de junio, quienes concurrieron y su temática, esto se empieza a comprender rápidamente.

¿Qué es lo que intenta obtener Trump con estas acciones que han desestabilizado a sus contrapartes y prácticamente lo consideran como una falta de seriedad?

No creo que Trump haya “desestabilizado” a sus contrapartes.  Meramente los ha encrispado porque Trump no termina de comprender sus planes (porque antes de ser presidente, jamás fue parte de esos mismos planes, como lo fueron desde hace décadas los Clinton), y porque su estilo personal de bully, lo asemeja al proverbial elefante en un bazar…

¿Podríamos decir que el término “aliados”, usado desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, será cambiado por alguna otra instancia?

Los “aliados” en la Segunda Guerra Mundial fue un término de “marketing de guerra” de aquella época, que sirvió para alinear el apoyo de las poblaciones de las potencias occidentales y ganar el conflicto: los “aliados” democráticos contra el “nazi-fascismo”.  Extraños “aliados democráticos”, que tenían a José Stalin y la ex-URSS como uno de sus miembros clave!!

Para entender el mundo actual, debemos hacer el gran esfuerzo intelectual de liberarnos del paradigma del siglo XX que daba por sentado que los actores primarios en las luchas geopolíticas mundiales eran los Estados Nacionales – EEUU, Francia, Gran Bretaña, Rusia, Japón: una visión muy vertical y geográfica del poder –, y en su lugar debemos reemplazarlo por el paradigma del Siglo XXI, que hoy nos indica que los poderes de decisión  son mayormente económicos, financieros, intelectuales y culturales – o sea, privados), operando ya no verticalmente sino horizontalmente.  La tecnología ha hecho que ni siquiera precisen tener un “centro geográfico de poder”.  Hoy se dan el lujo de estar en todas partes y en ninguna, al mismo tiempo.

El problema y el fastidio de Merkel, Trudeau, Macron y Abe, es que no tienen ni tiempo ni ganas de explicarle todo esto a ese “niño” maleducado y díscolo oriundo de Nueva York que se llama Donald Trump.  Para ellos, es el hombre equivocado ocupando un puesto al que jamás debió acceder.

Pero las decisiones clave ya han sido tomadas.  Se llevarán adelante con o sin Trump; o sea, las entienda, comparta y se alínee, o no.

La “democracia” hoy vigente tienen muchas maneras de – llegado el caso – deshacerse de individuos molestos; incluso si se trata del inquilino circunstancial en la Casa Blanca.  Pregúntenle sino a Richard Nixon o, en última instancia, a John Kennedy.

*Adrián Salbuchi es un analista político, escritor y activista argentino. Su trabajo se basa en el análisis de las estructuras de poder políticas, económicas y financieras de la globalización.