El muy holgado triunfo de Morena en las elecciones del pasado día primero, con la consecuente euforia de los ganadores, no debe hacernos olvidar las deficiencias de nuestra democracia. Como en otros procesos, hubo casillas zapato, acarreo, relleno de urnas, sustitución de más de la tercera parte de los funcionarios de casilla, retrasos en la apertura de los lugares para votar, lentitud en el conteo y otras muchas irregularidades.
Si a lo anterior agregamos gastos no reportados por los candidatos y los partidos, la dadivosa intervención de las autoridades que regalaron de todo, el reparto de tarjetas de débito cobrables si triunfaba uno u otro candidato, el uso faccioso del padrón electoral, las presiones de ciertos empresarios a sus empleados, la disposición de personal del gobierno para tareas partidarias y, entre muchas cosas más, el asesinato de decenas de candidatos, la conclusión obligada es que lejos estamos de contar con una democracia plena.
Un caso escandaloso es el de Puebla, por los desmesurados empeños en imponer como gobernadora a la señora Martha Érika Alonso, esposa del exmandatario local Rafael Moreno Valle, por inflar la votación de los candidatos del PANRD a diputados locales para proporcionarle un buen apoyo a la eventual jefa del Ejecutivo y, de paso, salvar del desastre a los partidos integrantes de su coalición.
En efecto, todo indica que, de no mediar el fraude, el PRD, Movimiento Ciudadano y los partidos locales Compromiso por Puebla y Pacto Social de Integración perderán su registro, pues ninguno de ellos obtuvo por lo menos tres por ciento de los votos, resultado que los priva de contar con diputados de representación proporcional. El Panal está en el mismo caso, pero su alianza fue con el PRI.
Una muestra más de las inconsistencias es que la candidata a gobernadora del cacicazgo poblano supuestamente obtuvo 957,686 votos, 200 mil más que la coalición que la apoyó y 100 mil menos de los que obtuvieron sus candidatos a alcaldes.
El cochinero electoral contó con la abierta colaboración de las autoridades estatales. Fue tan descarado, que los morenovallistas instalaron un centro de mapacheo en el hotel MM (¿Moreno y Martha?), el que, descubierto por los ciudadanos, fue escenario de un zipizape por el que ahora hay orden de aprehensión, no contra los que alteraron resultados, sino en perjuicio de quienes los descubrieron.
En esa línea, a solicitud de la Fiscalía General del Estado, un juez a modo, de esos que nunca faltan cuando hay alguna transa de por medio, ya giró orden de aprehensión contra Gabriel Biestro, dirigente de Morena en la entidad, contra el diputado local electo José Juan Espinosa y el activista Mizraím Hernández, a quienes se acusa de irrupción en la mapachera, motín, privación ilegal de la libertad, lesiones calificadas y daño en propiedad ajena. En un descuido, también les endilgarán la acusación de haber matado a su madre sin causa justificada. Así funciona la justicia en la satrapía panista de Puebla.
Para los apologistas de nuestro sistema electoral, hay que decir que así como el PRI tiene mayoría en el consejo del INE, en los órganos locales tanto ese partido como el PAN y hasta el PRD se han despachado con la cuchara grande, al extremo de que en algunos estados ni siquiera hay una voz disidente en los cuerpos electorales. “¿Para qué?”, dirán los gobernadores respectivos.
Como era de esperarse, el Instituto Electoral del Estado de Puebla, integrado por cancanchanes de Moreno Valle, ha obrado milagros. Por ejemplo, aunque las encuestas de salida daban una ventaja hasta de diez puntos al candidato de Morena, un oportuno manipuleo del PREP puso a la señora del exgobernador con cuatro puntos arriba. Milagros de la alquimia, diría el mago Merlín.
Por supuesto, ya el respetable Instituto Electoral de la entidad dio por buenos los resultados que le presentaron los paleros del PAN-RD y por voz de Jacinto Herrera Serrallonga dio por ganadora de la elección a Martha Érika Alonso de Moreno Valle. Ignoramos si el señor Serrallonga podrá ver a sus hijos a la cara sin avergonzarse, pero eso es asunto de él y su dudosa ética.
Lo cierto es que en esta democracia a medias hay que ganar por nocaut, pues de otro modo se corre el riesgo de que mapaches, alquimistas y funcionarios electorales alteren la votación con el visto bueno de la inútil Fepade, que ya regó con agua bendita los resultados artificiales de Puebla. En fin, que Morena ya anunció que por lo pronto pedirá la intervención del Instituto Nacional Electoral, aunque es difícil esperar medidas enérgicas ante la autocomplacencia de sus consejeros. Veremos.

