El 19 de septiembre dos dolorosos aniversarios ocupan la memoria de los mexicanos. Ambos consecuencia de sismos que por macabra coincidencia sacudieron el centro y occidente del país el mismo día aunque con 32 años de diferencia. El carácter inevitable que poseen este tipo de fenómenos naturales y la accidentada ubicación del territorio nacional en zonas de alta actividad tectónica, si bien pueden considerarse como detonantes o causas de la tragedia que representa la perdida de vidas humanas, lo cierto es que en numerosos casos son la corrupción, la omisión y la indiferencia, tanto de la sociedad civil como de los diferentes niveles de gobierno, los verdaderos responsables de la muerte de centenares de ciudadanos. Ello puede aplicarse por igual a los desastres de 1985 y 2017 indiscutiblemente pero, este último, en particular, es un lamentable ejemplo del apogeo de los cárteles inmobiliarios, la falta de escrúpulos políticos y el nulo progreso en materia ética dentro de los mencionados sectores en comparación con su antecesor: desde 1985 el escenario empeoró por completo y las consecuencias, 365 días después del 19 de septiembre de 2017, no terminan de llegar ni de solucionarse.
A manera de un valiente trabajo periodístico de protesta, evocación y dignidad, Alejandro Sánchez coordinó 19 edificios como 19 heridas (Grijalbo, 2018), un volumen en que se cuentan historias de personas, familias y poblados a través de 19 edificaciones que son expresión de los males, puramente humanos, que respaldaron la catástrofe de los sismos suscitados en México entre el 7 y el 19 de septiembre del año pasado. “¿Por qué el sismo nos pegó tan fuerte?” Es la pregunta que buscan responder Óscar Alarcón, Hugo Corzo Zanabria, Silvia Garduño, Francisco Goldman, Édgar Ledesma Gasca, Albinson Linares Francisco Nieto, Ernesto Núñez Albarrán, Georgina Olson Jiménez, Peniley Ramírez, Paris Alejandro Salazar, Nantzin Saldaña, Neldy San Martín, Alejandro Sánchez, Laura Sánchez Ley, Claudia Solera, Laura Toribio y Daniel Venegas en esta obra en que se desnuda contundentemente el que, tal vez, sea el rostro más triste y vergonzoso de aquellos días en que la tierra nos recordó lo efímero que resulta todo en México, desde los edificios y las promesas gubernamentales hasta la supuesta solidaridad y unidad nacional, que parecieron mejor moda que autentico espíritu de cambio social. Alejandro Sánchez conversó con Siempre! al respecto.

Alejandro Sánchez, coordinador del libro “19 edificios como 19 heridas”.
-¿Cuál es la historia de este libro 19 edificios como 19 heridas?
Parte del origen de estas historias tienen que ver con el hecho de que conforme fueron pasando los días, las semanas, después del sismo, me di cuenta de que la gente tenia nociones generales de lo que había ocurrido ese 19 de septiembre, pero no conocía el fondo específicamente alrededor de la pregunta de si los edificios destruidos y los daños que había provocado el sismo eran tan sólo por la fuerza de la naturaleza o había algo más. A raíz de que comencé a leer a mis colegas de distintos medios fui observando que lo que conocíamos hasta ese momento era la punta del iceberg de respectivas historias, que había que ir más allá. Y bajo el concepto de “las dos libretas” de Kapuściński, que explica que hay una libreta que se usa para los apuntes del día a día, y otra en se va guardando información para realizar los textos de largo aliento, es que yo convoco a los respectivos colegas a que aporten sus historias de lo que había ocurrido en la Ciudad de México y en el interior del país.
-¿Cómo fue el proceso de conformación del libro?
Se trataba de una situación que desde 1985 no habíamos vivido y estábamos también a unos meses de que la Ciudad de México cumpliera 500 años, era, pues, una fecha muy representativa para la capital del país. Entonces, se me ocurre en medio de todo esto, que había que construir una narrativa que tratara de ser memorable y que, a pesar de que pasaran los años, nos detuviéramos en algún momento a pensar y explicarnos por qué el sismo nos había pegado tan fuerte. Así comenzamos a platicar con cada uno de los reporteros y los invitamos a que recuperaran sus apuntes, pero además a que hicieran otro trabajo más fuerte, que fue volver al lugar de los hechos meses después. Es en ese momento que nos encontramos, especialmente en gran parte en la Ciudad de México, con que las palas mecánicas se habían llevado todos los escombros, pero lo que no pudieron limpiar en el terreno fueron todos los indicios y pruebas de corrupción, de negligencia, que en gran medida son las que hacen que la catástrofe sea mucho más fuerte, porque se cayeron edificios que no debieron haberse caído.
-La historia que tú aportas en el libro se sitúa en Oaxaca, pero la idea, la naturaleza de la obra surge en la Ciudad de México, ¿es correcto?
En efecto, estuve en la Ciudad de México los primeros cinco días después del 19 y después me trasladé a Juchitán, Oaxaca. Pero al principio fue aquí y pude notar la diferencia de lo que fue hace 32 años el vivir el desastre, sobre todo por el uso de redes sociales. Recuerdo que mi primera historia, para el Heraldo de México, fue el rescate de un español en Álvaro Obregón 286, Oscar Cantellano, que pudo ser ubicado por “los topos” a partir de que empezó a twittear públicamente donde estaba situado y lo que podía detectar a su alrededor. Y fue precisamente ahí donde, junto con mi compañera Claudia Solera que cuenta esa historia en el libro, descubrimos que desde el sismo de 12 días antes, ese edificio presentaba muchas coartadoras y los arrendatarios habían manifestado su preocupación. Indagando más a profundidad observamos que el edificio, como lo dice Claudia, “estaba hecho para caerse”: el tipo de lozas, que por el espesor debían ser rellenadas con tezontle para que tuvieran menos peso, estaban rellenas con arena y le habían quitado muros para ampliar oficinas. Ahí tomamos el hilo conductor para destapar una serie de irregularidades en que tenían mucha responsabilidad las autoridades que no hicieron supervisión ni revisión de lo que se le hizo al edificio, pero también los habitantes del lugar que cayeron en una suerte de “valemadrismo” al respecto. Fue la primera pieza de un enorme rompecabezas que nos propusimos armar desde uno de los tantos enfoques periodísticos que nos brindaba el sismo.
-Un enfoque periodística y técnicamente complejo…
Mucha información genera desinformación; entonces lo que hay que tener es un temple periodístico para hacerse preguntas todo el tiempo conforme vas descubriendo los hechos, eso te lleva a poder armar una gran pieza narrativa y manejar el tiempo para volver semanas o incluso meses después de esos hechos. Ese es el valor de estos textos, son de reporteros que cubrieron la catástrofe a partir del día uno, que estuvieron semanas y se olvidaron de sus familias, que no es un acto heroico, pero es un acto de responsabilidad laboral, y que cumplieron con la máxima del periodismo que es reportear, preguntar y observar mucho, porque a partir de la observación en un lugar donde ocurren las situaciones es como pudimos ir construyendo estas historias sin ser expertos en uso de suelo o en arquitectura. Era evidente lo que los derrumbes nos enseñaban: que el material con el que se construyeron muchos edificios de un año de antigüedad era precario como el caso de Zapata 57 donde el tipo de varillas que se usó para los anillos y los amarres era de lo más delgado. Además de que ya en la medida de que cada reportero va sumergiéndose en su propia investigación, van emergiendo distintos elementos que se documentan con papeles sobre el uso del suelo y otras situaciones que te llevan más allá de lo visible, a otros escenarios.
-¿Cómo cuales?
Como es el tema del Director de Responsabilidad de Obras, los famosos “DRO” de las delegaciones; personajes que no tienen ningún tipo de experiencia en la materia, que son cuates del funcionario en turno, como el jefe delegacional y que el mismo “DRO” puede o pudo haber trabajado con desarrolladoras inmobiliarias. Este sismo lo que hace es precisamente desnudar lo que en el libro terminamos identificando sin ningún miedo, sin ningún empacho, como un cártel inmobiliario en la Ciudad de México. Este cártel está acentuado sobre una red de influencias de funcionarios públicos, desde el primer nivel de gobierno central hasta funcionarios delegacionales y desarrolladores inmobiliarios, y aún con este hecho y a un año de distancia no hay uno sólo procesado, ya no digamos alguien en la cárcel o sentenciado, a pesar que en la mayoría de los edificios que se vinieron abajo o se dañaron hubo algún tipo de negligencia o de corrupción.

-Rescatas una historia en Oaxaca que conjunta elementos científicos con una realidad social lamentable y que es uno de los mejores ejemplos del tema del libro, platícanos sobre ella.
Debemos entender, en principio, que este territorio es un caso muy sui géneris, porque, después de Filipinas, Oaxaca es uno de los lugares donde más tiembla en el mundo. En ese momento, entre el 7 de septiembre hasta después del veintitantos de septiembre, ya había pasado por más de 5 mil replicas, incluso mucha gente decía que se estaba generando un volcán. Efectivamente, la sociedad de Oaxaca, como la de algunas otras partes del interior del país, se va construyendo en medida de lo que se puede, porque buena parte de la gente vive en una situación de pobreza y va levantando su casa conforme sus posibilidades lo permiten; en estos lugares el tipo de construcciones son muy viejas y son a base de adobe y por supuesto no hay una cimentación como ocurre en otros lugares del país. Entonces, se fue haciendo un tipo de arquitectura convencional, en la que la gente nunca en la historia de México se preparó para pensar que un día iba a enfrentarse ante una situación como la de los sismos de septiembre, fueron 60 mil casas destruidas y tras tantas dañadas en Oaxaca. La gente obviamente decidió salirse o abandonar el lugar donde residían y empezar a vivir a media calle, lugares por donde pasaban autos se convirtieron en cocinas o dormitorios ambulantes, pero también con el agua hasta la rodillas, porque, desafortunadamente, a los oaxaqueños, como a los chiapanecos y a los morelenses, la naturaleza los azotó despiadadamente, e hizo que no sólo perdieran sus casas sino que también les lloviera sobre mojado, literalmente.
En esta situación, descubrí la miseria humana de las autoridades, que ante las necesidades más apremiantes de la gente, el esposo de la alcaldesa, Gloria Sánchez, por ejemplo, se dedicó a la caza de víveres enviados por la iniciativa privada o por gobiernos vecinos, en traílles o camionetas; se dedicó hacer la caza, para llevarlos a bodegas, porque desafortunadamente el sismo nos pega en un proceso electoral. Las autoridades o políticos sin escrúpulos, ese momento lo vieron como una oportunidad en donde se apropiaron de todos los objetos y donaciones, para luego capitalizarlas en el proceso electoral en puerta.
Más allá de eso, en el sentido técnico, el texto abre el foco, para saber qué parte de la sociedad, como la de la Ciudad de México, está asentada en lo que lo que los expertos en geología llaman “el cinturón de fuego”, que es como una especie de herradura que proviene desde el otro lado del mundo, que pasa por Asia, Nueva Zelanda, y que baja por arriba del hemisferio americano y corre precisamente por México. La parte de Oaxaca, Guerrero, el sureste mexicano son las entrañas de esa cadena, es la parte más estrecha y la más vulnerable. Todo eso que ha ocurrido, como la explosión de un volcán en Guatemala, hace no mucho, está conectado.
-¿Podemos decir, entonces, que 19 edificios como 19 heridas es una especie de prueba de que las verdaderas tragedias no las provoca la naturaleza sino los humanos?
No podemos decirlo del todo, pero si podemos decir que hemos sido muy dejados, tanto habitantes como autoridades, a no resolver las problemáticas y hay ejemplos específicos. Está el caso de Bolívar 168, donde se repite una tragedia, como en el 85, con un grupo de costureras. Ese inmueble era un inmueble ya lastimado, tocado por el sismo de hace 32 años, un inmueble que ya había quedado vulnerable y que no fue demolido en su momento, pero no sólo eso, era un inmueble de uso habitacional y les valió madre y metieron en él a cinco empresas textiles con más de 200 trabajadores, con una antena transmisora de telefonía celular, con peso de más de 4 toneladas, y que no resistió un sismo más. La desgracia no termina ahí, porque hay muchas personas muertas, sino que ahora los familiares de las victimas siguen viviendo un viacrucis porque no han podido arreglar el tema obrero patronal, y las autoridades de gobierno se han hecho tontas y han declarado el pleito como una asunto entre particulares. Entonces, la situación no es solamente el antes, ni durante, sino también después, y todo por no cumplir con las normas de la construcción y de la vivienda. Ahora, después del sismo del 19 de septiembre del 2017, quedan muchos edificios más lastimados, que necesitan ser derrumbados y que siguen de pie y funcionando.
-¿Qué nos dejó el sismo en realidad fuera de los discursos mediáticos?
Nos deja la posibilidad de ver la realidad y la manera en que vivimos, pero nos deja a medias. Es cierto, que tanto el sismo del 85 como el del 2017, dimos una muestra de madurez en torno a la solidaridad; sobre todo esta generación muy marcada de los millennials que ha sido duramente cuestionada por la poca profundidad y acercamiento que tiene con los contenidos. Se mostró toda la hermandad, toda la solidaridad, la ayuda, pero pasa el tiempo y se nos olvidó todo; pasan las semanas y tenemos una deuda pendiente con los damnificados pero también con nosotros mismos, porque hoy estos tipos que de alguna manera intervinieron en una forma irregular en la construcción, están tomando protesta en el Senado de la República o en la Asamblea Legislativa. La deuda es con nosotros mismos, estamos a mitad del camino para ser más exigentes y para no olvidar los temas, porque el olvido es donde tenemos el problema todavía la sociedad mexicana, se nos olvida todo muy rápido. Es parte de lo que quiere hacer este libro, que la memoria perdure y sea un altavoz en el futuro de nuestro país.
A manera de conclusión, Alejandro Sánchez reconoce la invaluable labor de todos los periodistas que colaboraron en 19 edificios como 19 heridas, quienes nunca lo hicieron con ánimo lucrativo, expresión de ello, es que todo lo recaudado con la venta del libro será donado a los damnificados del multifamiliar Tlalpan, en la Ciudad de México.
