El reciente descubrimiento de la neurona escaramujo en el cerebro humano derriba la creencia de que el cuerpo humano ya no era un territorio desconocido. Se consideraba que con las modernas técnicas de exploración, se había corroborado que no había más estructuras anatómicas por descubrir y que únicamente faltaba por conocer en su totalidad el amplio campo de sus funciones.

Sin embargo, dos grupos de investigadores, uno en los Estados Unidos y otro en Hungría, unieron esfuerzos, técnicas y conocimientos para estudiar y describir un tipo de neurona (célula cerebral).

 

Un fruto del cerebro humano

Investigadores del Instituto Allen para Ciencias Cerebrales de Seattle, Estados Unidos, y del Grupo de Investigación de Microcircuitos Corticales del Departamento de Anatomía, Fisiología y Neurociencias de la Universidad de Szeged, Hungría, principalmente, hace algunos años decidieron estudiar en conjunto un tipo de célula que ambos equipos identificaron con técnicas diferentes.

Mientras el equipo de la Universidad de Szeged, encabezado por el neurocientífico Gábor Tamás, estudió la estructura anatómica y propiedades eléctricas de esa neurona; el grupo de investigadores del Instituto Allen, dirigido por el neurobiólogo Ed S. Lein, determinó el conjunto de genes de la neurona.

De esa manera pudieron confirmar que se trataba de un nuevo tipo de célula cerebral, a la que llamaron escaramujo, por sus características físicas, ya que se asemeja al fruto del rosal silvestre, que es carnoso, rojo y globoso. Pero lo más importante es que hasta ahora solo se ha encontrado en la parte más evolutiva del cerebro, el neocórtex.

A pesar de que Hipócrates, hace unos 400 años antes de nuestra era, ya había planteado que los pensamientos, ideas y sensaciones provenían del cerebro, no fue sino hasta mediados del siglo XVII cuando se puso más atención a este órgano, aunque de una manera errónea, pues se consideró que la forma del cráneo determinaba la personalidad del individuo. Por fin, en el siglo XIX se logró identificar a las neuronas como las componentes principales del sistema nervioso.

Los posteriores avances determinaron que en el neocórtex se encarga de la conciencia, ya que realiza las funciones de memorización, concentración, autorreflexión, resolución de problemas, genera el pensamiento consciente y el lenguaje y convierte las sensaciones en percepciones. En general puede decirse que desempeña un papel importante en la generación y regulación de las conexiones interneuronales para dirigir el flujo de información en los circuitos neuronales.

La probable tarea del escaramujo cerebral

En la regulación del flujo de información probablemente interviene la recién descubierta neurona, escaramujo, según consideran los investigadores encabezados por Gábor Tamás y Ed S. Lein, en su artículo Transcriptomic and morphophysiological evidence for a specialized human cortical GABAergic cell type (“Evidencia transcriptómica y morfofisiológica para un tipo de célula GABAérgica especializada de la corteza humana”), publicado en la revista Nature Neuroscience el 27 de agosto pasado.

Se llaman GABAérgicas las neuronas que tienen el neurotransmisor ácido gamma amino butírico, que es el principal inhibidor en el sistema nervioso central. En tanto que el transcriptoma es una colección de todas las “lecturas” o copiado de los genes de una célula, con los que se puede determinar cuándo y dónde se activan o desactivan los genes en cada célula. Esto fue lo que logró determinar el Instituto Allen de la neurona escaramujo.

Por su parte, Tamás y colaboradores detectaron que esta neurona tiene un paquete denso de axón (parte de la neurona que se pone en contacto con las dendritas de otra neurona para intercambiar información), que se ve como un escaramujo o fruto del rosal silvestre.

El escaramujo del cerebro humano, que representa entre 10 y 15 por ciento de las neuronas inhibidoras del neocórtex, no ha sido encontrado en ratones, por lo que se supone que podría haber surgido en animales más relacionados con nosotros, como los primates.

Los investigadores consideran que el escaramujo controla el flujo de información pero de manera especializada, ya que se encuentra en una posición privilegiada para frenar la entrada de otras señales “poco deseadas”, que puedan activar o excitar en exceso los circuitos neuronales. Este tipo de células, ejemplificó el doctor Tamás, serían como un vehículo con frenos que funcionan solamente en un lugar específico y que no todos los vehículos o neuronas los tienen.

Los siguientes pasos son determinar claramente la función de estas neuronas en primates y humanos sanos y explorar el neocórtex de personas con trastornos neuropsiquiátricos, para determinar si presentan alteraciones de los escaramujos.

Además de este hito en el estudio del cerebro humano, también es relevante que dos grupos de investigadores no compitieran por la “gloria” del descubrimiento, sino que complementaran sus estudios para avanzar en la comprensión del cerebro.

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f/René Anaya Periodista Científico