Un sueño en donde los elementos encajaban en su lugar

“Como una forma de reconocer la función crucial que desempeñan las ciencias fundamentales, y especialmente la química y la física, a la hora de aportar soluciones a muchos de los desafíos que se afrontan […] para el desarrollo sostenible”, las Naciones Unidas proclamaron 2019 como el Año Internacional de la Tabla Periódica de los Elementos Químicos.

Será un año con muchos hitos químicos por conmemorar, principalmente los 150 años de la creación de la tabla periódica por el científico ruso Dmitri Ivanovich Mendeléiev, pero también los 1,200 años del aislamiento del arsénico y el antimonio por Jabir Ibn Hayyan; el descubrimiento del fósforo hace 350 años; la publicación en 1879 de la lista de 33 elementos químicos clasificados en gases, metales, no metales y férreos por Antoine Lavoisier y los 170 años del fallecimiento de Andrés Manuel del Río, científico hispano-mexicano descubridor del vanadio, al que llamó eritronio.

Un sueño hecho realidad

Con el anuncio de la creación de la tabla periódica de los elementos químicos, que hizo uno de los colaboradores de Mendeléiev en la Sociedad Química de Rusia, el 6 de marzo de 1869, comenzó a hacerse realidad la posibilidad de ordenar y clasificar tanto los 63 elementos químicos que en ese tiempo se conocían, como predecir las características de otros por descubrir.

Prácticamente desde el inicio de la civilización hubo una preocupación por ordenar y clasificar la materia que nos rodea. Los griegos plantearon que tierra, agua, fuego y aire constituían los cuatro elementos fundamentales; los indios y los japoneses sumaron a esos cuatro elementos el éter; los chinos establecieron también cinco elementos: tierra, agua, fuego, metal y madera.

Al margen de la errónea clasificación de nuestros antepasados, desde la prehistoria se conocieron y trabajaron elementos químicos como carbono, azufre, hierro, cobre, cinc, arsénico, plata, estaño, antimonio, oro, mercurio, plomo y bismuto.

Años después, con mayor conocimiento y con la aplicación del método científico, los químicos fueron identificando otros elementos e intentaron infructuosamente hacer una clasificación sistematizada, como el francés E. F. Geoffroy, quien en el siglo XVIII presentó a la Academia de Ciencias de Francia un primer intento de sistematización. También Lavoisier, Berzelius, Döberenier y otros científicos más propusieron clasificaciones.

Mendeléiev también trabajaba en la búsqueda de una clasificación, hasta que después de una siesta en febrero de 1869 creó la tabla periódica. “Vi en un sueño una tabla en la que todos los elementos encajaban en su lugar. Al despertar, inmediatamente anoté todo en una hoja de papel”, según señaló en su diario.

Esta primera tabla organizó todos los elementos conocidos hasta entonces y contenía espacios vacíos para otros que se descubrieran, los cuales predijo con gran exactitud.

 

El primer elemento americano

A esos primeros 63 elementos de la tabla periódica se sumaron otros más. Según Otilia Val Castillo, hasta antes del siglo XIX se conocían 21 elementos, en ese siglo se identificaron 50 y en el siglo XX se descubrieron 30 más, según refiere en su trabajo Historia de la evolución de la tabla periódica de los elementos químicos: un ejemplo de la aplicación del método científico, publicado en 2015 en la revista Anales de Química.

Actualmente se tienen clasificados 118, con cuatro de reciente incorporación: nihonio, moscovio, teneso y oganesón, este último ocupa el lugar 118 de la tabla periódica de los elementos que, con ciertas adecuaciones, sigue lo establecido por Mendeléiev.

En este año de conmemoraciones también deberá recordarse y reconocer el trabajo de Andrés Manuel del Río, quien en 1801 en el análisis de minerales procedentes de Zimapán, en el actual estado de Hidalgo, encontró un elemento metálico que consideró que era nuevo, el cual al calentarlo se volvía rojo, por lo que lo llamó eritronio (del griego eritros: rojo).

Con el fin de corroborar su descubrimiento, en 1802 le pidió a Alexander von Humboldt que llevara a un laboratorio europeo unas muestras de eritronio. Pero el químico francés Collet Descotils confundió el cromo con el eritronio y dictaminó equivocadamente que no había un nuevo elemento. Años más tarde, en 1831, el químico sueco Nils Gabriel Sefström redescubrió el eritronio y lo llamó vanadio.

Aunque Del Río y otros químicos lucharon por el reconocimiento de la paternidad del descubrimiento, la hegemonía europea impidió que se rectificara y se considerara al eritronio como el primer elemento químico descubierto en América.

En este Año Internacional de la Tabla Periódica de los Elementos Químicos, cuando se cumplen 170 años del fallecimiento de Andrés Manuel del Río, sería conveniente que se organizara un justo homenaje a la aportación de este químico hispano-mexicano.

 

reneanaya2000@gmail.com

f/René Anaya Periodista Científico