En el planteamiento que hizo José Antonio Meade en relación con los gastos incomprensibles del Aeropuerto de Texcoco y a la utilidad que generaría, afirmó que sería hasta 6 por ciento del PIB, es decir, 145 mil millones de dólares. Independientemente de que estas cifras sean exactas, lo que sí manifiestan es que la cancelación de la obra del aeropuerto será muy costosa por el despilfarro de recursos ya autorizados y gastados, por los bonos de deuda que existen pendientes de pagar y por las cláusulas penales que se tendrán que liquidar a los contratistas, a quienes se cancele la obra. Todo esto carece de lógica económica y, al parecer, solo obedece a una actitud presidencial que sitúa el poder político por encima del poder económico. Francamente, la lógica de esta decisión es incierta, prepotente y equivocada.

Por eso, es absurdo hablar de “cuentas alegres”, pues no tienen nada de alegres, son dramáticas, tristes y muy tristes, pues en un país donde la pobreza se ensancha y la riqueza se concentra, no se pueden desperdiciar de ésta forma los recursos que ya se invirtieron.

En cuanto al adjetivo de “triste”, quién conoce a José Antonio Meade puede encontrar en él muchos defectos, pero nunca se podrá señalar que se trate de un hombre triste, por el contrario, su vida personal la acredita con una actitud de gran alegría; es un hombre que vive a plena satisfacción sus relaciones personales y amistosas, que conserva su fe y sus creencias y que mantiene una actitud de humor —a veces negro— en su vida cotidiana; nunca lo ha abandonado la sonrisa. Por ello, no solamente no se trata de un hombre triste, sino de un hombre alegre que ha enfrentado su destino con valor y decencia.

La realidad es que combatir la corrupción es un imperativo categórico del régimen actual y, para ello, más que el hacha irracional del despido masivo o del recorte salarial, se debe enfrentar con inteligencia y capacidad técnica con 4 puntos esenciales: 1. La revisión de los contratos de obra y sus sobreprecios, en un análisis técnico de gente preparada, honesta y capaz de los precios unitarios de cada uno de los diferentes rubros, particularmente de los contratos de obra que se han otorgado sin licitación; 2. Los contratos de obra que se han entregado mediante licitación deben ser revisados para evitar la simulación y el fraude y, en su caso, si se descubren maniobras turbias en sus otorgamientos, se deben aplicar sanciones penales; 3. Las compras y arrendamientos que el Estado realiza deben ser efectuados con un análisis de precios de comparativos nacionales e internacionales, que impida que se dé sobreprecio a los diferentes bienes y servicios que, por millones y millones, compra el Estado mexicano; 4. Por cuanto hace a los contratos internacionales en materia de energéticos, deben ser analizados a profundidad, pues, a funcionarios muy honestos los pueden engañar técnicos muy adiestrados.

Independientemente del combate al crimen organizado, se deben analizar —con mucho cuidado— los flujos de divisas que salen y entran del país, y que pueden estar relacionadas con el tráfico de drogas; el gran dinero de miles de millones de dólares no está abajo de los colchones, está en el sistema financiero, en muchos prósperos negocios inmobiliarios, en agencias automotrices, en hoteles y en muchas empresas de careta lícita, que operan y acrecientan los negros fondos de los estupefacientes.

Combatir la corrupción es fundamental para este gobierno y, como bien lo dice el presidente Andrés Manuel López Obrador, hay que empezar de arriba; pero arriba no solo en funcionarios y políticos, sino también en contratistas, banqueros y empresarios, que pueden estar relacionados con la corrupción nacional más de lo que suponemos.