Gloria falsamente alcanzada poco permanece.

Mateo Alemán

La tragedia por la explosión en el ducto de Pemex en el municipio de Tlahuelilpan, en Hidalgo, es una desventura en la que perdieron la vida más de noventa y seis personas y muchas quedaron gravemente heridas. De ese grave siniestro se han sacado muchas conclusiones de tan variada índole que vale mucho la pena pensarlas y analizarlas, porque algunas no encuentran sustento o sirven de justificante para evadir la responsabilidad de las autoridades.

El origen de estos lamentables hechos se sitúa en la comisión de un ilícito, el robo de hidrocarburos, coloquialmente llamado huachicoleo, delito que han perfeccionado y dominado por muchos años células de delincuencia organizada, que han encontrado literalmente un negocio ilegal muy rentable, incluso las autoridades han dado a conocer a la opinión pública que estas actividades se encuentran ligadas a otros ilícitos más graves, como el narcotráfico.

Para nadie es nuevo que los delincuentes explotan la necesidad y pobreza de las comunidades cercanas donde se realiza el robo de los hidrocarburos, y por ello es que ciudadanos que no son parte formal de los delincuentes por ganarse unos pesos se convierten en materia útil para el robo directo y el llenado de bidones, tambos o contenedores que, a su vez, son vaciados en pipas o contenedores más grandes.

Todos los que participan en el huachicoleo cometen un delito y en tal circunstancia la ley determina cuáles deben ser las sanciones para los que delinquen, y en un auténtico Estado constitucional de derecho, las sanciones penales deben aplicarse para evitar la impunidad que tanto daño le ha hecho al país.

 

Los delincuentes explotan la necesidad y pobreza de las comunidades cercanas donde se realiza el robo de los hidrocarburos.

 

Sin embargo, no se puede en una sola declaración o etiquetación marcar a todos los que se encontraban a la hora de la tragedia de Tlahuelilpan por igual. Ahí había delincuentes organizados, población útil que servía a los intereses de los primeros y personas que se les hizo fácil acercarse para sacar un beneficio de momento pero que no se dedican al robo o habían sido parte de otros robos.

Todos los que participaron ahí robaban combustible, pero la causa concreta de cada caso es distinta, el gobierno federal debe investigar a fondo y no solo repartir culpas, responsabilizando una y otra vez a los gobiernos anteriores o a la mafia del poder.

Hoy pueden hacer malabares para justificar por qué no actuó el ejército; si se trataba de un ilícito, ¿por qué no se cerró el ducto a tiempo?, si pasaron varias horas entre el reporte de robo y la explosión.

Olvidan que son gobierno, y que son responsables de las decisiones que tomen o dejen de tomar, no pueden excusarse culpando a otros, la responsabilidad directa de este gobierno tarde o temprano será exigida por la gente, explotan el bono democrático de apoyo popular, pero este no será permanente, son muchos los errores, el desconocimiento y soberbia.

@perezcuevasmx

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