Entrevista a Saúl UribeDueño de Niños Uribe

Por Javier Vieyra y Jacquelin Ramos

 

La celebración del Día de la Candelaria, cuando todos los años llega el dos de febrero, es una de las expresiones más particulares de religiosidad en México. La festividad está marcada en el calendario católico como la ocasión en que la Virgen María fue purificada y el niño Jesús presentado en el templo, cuarenta días después de su nacimiento, cumpliendo así con el mandato establecido en la ley hebrea contenida en el Antiguo Testamento.

En este día, a lo largo y ancho del mundo, se realizan diferentes conmemoraciones en honor a la Virgen de la Candelaria, la advocación mariana correspondiente, tales como la bendición de cirios, velas o candelas, de donde la fiesta toma su nombre, además de misas y procesiones siendo la Basílica de Nuestra Señora de la Candelaria en la isla de Tenerife el punto de mayor trascendencia histórica y simbólica para la fecha. Aunque, es en nuestro país donde el Día de la Candelaria adquiere matices y peculiaridades extraordinarias, pues específicamente en México es consecuencia de sincretismos y tradiciones únicas.

En principio el dos de febrero, nos cuenta Fray Bernardino de Sahagún, coincide con el festejo prehispánico de algunos dioses relacionados con la fertilidad de la tierra, por lo que no es de extrañar que también sean bendecidas semillas en las eucaristías de la jornada, en especial el maíz, el grano dorado que también tiene un protagonismo esencial para la Candelaria mexicana, pues con él se elabora el festín de tamales que habrá de disfrutarse la víspera, y que es convidado, según la costumbre, por aquellos quienes tuvieron la fortuna de encontrar la pequeña figura del niño Jesús dentro la rosca de Reyes.

Tal vez, la fase más espléndida e inédita de este festejo en tierra nacional sea la de engalanar a las figuras devocionales de la versión infantil de Cristo, al Niño Dios, de las más diversas y pintorescas formas con el fin de presentarlo en los templos y mantenerlo así hasta la próxima época navideña.

Esta práctica tan versátil y colorida a la vez que espiritual, alcanzó una enorme influencia costumbrista sobre todo en la segunda mitad del siglo XX, atrayendo a diferentes artesanos, productores y comerciantes al ramo de los accesorios y la ropa para Niños Dios. Así lo que podría considerarse “la moda divina” se transformó en un emporio de enormes proporciones cuya sede en Ciudad de México está en la calle de Talavera del Centro Histórico, donde cada final y principio de año miles de personas acuden a adquirir los múltiples atuendos que han de portar los Niños Dios de toda la república mexicana e incluso del mundo.

 

 

Un solo nombre

Sin embargo, en este corredor en el cual destacan monumentales esculturas religiosas de cantera, entre un mundo de locales y puestos ambulantes, predomina un solo nombre: “Niños Uribe”. Se trata del sello más tradicional e importante de ropa e indumentaria para Niños Dios en nuestro país. Son líderes del mercado, además de precursores de la tradiciones y salvaguardas del simbolismo religioso del día de la Candelaria; su fundador y propietario, Saúl Uribe Lanzagorta conversó en exclusiva para Siempre! Sobre el pasado, presente y futuro de esta particular industria.

Niños Uribe empezó en 1975. Hace más de 40 años no éramos casi nada, nuestro equipo estaba conformado por tres o cuatro personas, además de 13 gentes que se dedicaban a vender; en ese entonces no ofrecíamos vestimenta, solo artículos para los Niños Dios. Iniciamos en la calle de Venustiano Carranza, entre Jesús María y Correo Mayor, como vendedores no fijos dentro del pasaje Pedro Slim. Yo tenía 23 años”.

Posteriormente, relata Uribe, la calidad y variedad de su trabajo poco a poco dio como resultado una exponencial fama en la temporada de la Candelaria y una expansión proporcional de las ventas, por lo que la pequeña empresa creció hasta integrar a las 299 personas que hoy laboran en sus filas. En este proceso de desarrollo fue necesario cambiar de sede, por lo que “Niños Uribe” se ubicó primero en el Jardín García Bravo que era ya parte entonces de un corredor religioso, para después llegar a la calle de Talavera que, por iniciativa de Uribe y durante la gestión de Marcelo Ebrard como Jefe de Gobierno de la ciudad, fue rehabilitada y logró trascender las problemáticas de venta de drogas, delincuencia y prostitución que la habían opacado.

A partir de ahí “Niños Uribe” se transformó en “Consorcio Uribe” que integra una bodega y cinco edificios en Talavera. Vale decir que, a la par, Uribe comenzó a invitar a otros comerciantes a trasladarse a esta vía y a enriquecerla es él prácticamente el responsable del llamado “milagro de Talavera”. Y este no es el único merito con que cuenta la vida de Uribe Lanzagorta; la tradición de la Candelaria le debe prácticamente su actual diversidad de conjuntos y accesorios que portan los niños Dios, debido a que no solo fabrica todo lo que vende, sino que lo diseña y es el creador de toda la gama de opciones con que puede ataviarse a los niños.

 

Más allá de un negocio exitoso… se trata de preservar y difundir una tradición con un fuerte sentido espiritual, religioso y familiar.

 

“Muchas personas me han dado el mote de sastre del niño Dios, porque soy el único diseñador de estos trajes. Obviamente estos diseños han evolucionado porque la tecnología nos ha llevado a un mundo maravilloso de telas, materiales y de imágenes que uno mismo va creando. Creo que la magia que nos hizo crecer tanto es que cada año sale algo nuevo con los terciopelos, organzas, nylon, chaquiras, etc. La vestimenta de los niños Dios, como comercio, se empezó a ver a partir de los años sesentas con la venta del trajecito más tradicional, que consta de un ropón en color blanco o la advocación del Niño de las Palomitas. Después la gente, nos fue invitando a que le hiciéramos trajecitos semejantes al santo de su devoción, y es ahí donde viene la evolución de este oficio; nos encargaban, por ejemplo, si eran devotos de San Judas Tadeo, que les realizáramos lo más semejante a su vestimenta: el verde y blanco, su medallita, su flama, etc. Lo mismo pasó con otros diseños como el del Sagrado Corazón, el Niño doctor de los enfermos, entre muchos otros. De esa manera se fue enriqueciendo lo que hoy tenemos, que es una galería de las vestimentas grandísima”.

Todos estos diseños, explica el empresario en una sala repleta de niños Dios, vestidos cada uno de manera diferente, no rompen con los esquemas de la tradición que indican que durante el primer año con una persona o familia el niño Dios debe utilizar un ropón, el segundo debe estar colocado sobre una silla y el tercero debe estar de pie, lo cual le proporciona un amplio margen de creatividad que esta temporada dio como resultado al niño Dios caminante que incluye un vestido tradicional hebreo bordado, sandalias y la oración del Padre Nuestro también en hebreo.

El día que el sastre del niño Dios ya no exista, se va a caer un poco ‘Niños Uribe’, porque a mí me dio Dios la esencia para realizar este trabajo, me gusta mucho lo que hago y por ello, siempre le doy lo mejor de mi creatividad a cada uno de los diseños y cada uno me emociona muchísimo. Diseño de todo: los trajes son universales, aunque lo que más se fabrica es lo que pide la gente en su momento, por ejemplo, en lo que más me enfoco es en el ropón blanco que se sigue haciendo a pesar del paso del tiempo en todas la tallas, de la 10 hasta la 45”.

En cuanto a cuestiones de mercado, “Niños Uribe” abarca la totalidad de nuestro país durante la época de venta que va desde el siete de enero hasta el dos de febrero y mantiene abierto un portal web que le ha permitido traspasar fronteras e impactar al público internacional, en especial al de Estados Unidos, donde la comunidad latina y los migrantes aun tienen muy arraigada la costumbre de vestir a sus niños Dios, razón por la que realizan numerosos envíos a Chicago, Nueva York, Nevada y Arizona, por mencionar solo algunos.

Sin embargo, vestir a un niño Dios va más allá de un negocio exitoso, expone Uribe, pues se trata de preservar y difundir una tradición con un fuerte sentido espiritual, religioso y familiar, dado que las imágenes de Jesús siendo niño suelen heredarse de generación en generación y representan las más profundas creencias y la fe de sus dueños, además de una renovación de esperanza y buenos deseos que acompañan cada año nuevo, aspectos que las nuevas generaciones, en su mayoría no valoran y dejan de lado.

“Esta tradición ha crecido, si lo vemos en cuanto al crecimiento de la población pero, si lo vemos en cuanto al crecimiento de fieles católicos, ha disminuido. Ahora los jóvenes utilizan mucho la tecnología, están metidos en otras cosas, creo que este es uno de los factores que hacen que se separen cada vez más las familias, que se pierdan los valores, y en consecuencia que ya no se hereden costumbres religiosas, en caso de ser católicos; se va borrando ese legado de honrar al niño Dios en las nuevas generaciones”.

Aún teniendo enfrente este duro panorama, Saúl Uribe Lanzagorta tiene claro que seguirá fomentando el festejo del día de la Candelaria y su forma tan mexicana, desde “Niños Uribe”, pero además con un ambicioso proyecto que contempla abrir un Museo Nacional del Niño Dios, recinto que albergará las piezas emblemáticas de su trabajo, pero además todas las donadas por las personas que tengan el propio en casa y quieran que se conozca su historia o se preserve para el futuro.

“Deseo seguir trabajando por esta devoción mexicana. Uno de mis propósitos de vida es poder concretar el Museo Nacional del Niño Dios. Es un lugar que me gustaría dejar antes de partir. Quiero dejar algo de lo que tanto me apasiona y amo, como es realizar la vestimenta de los niños Dios, y que se preserve de manera permanente en la memoria de todos, que los niños Dios no caigan en el olvido”.