¿Es usted un defensor de la Doctrina Estrada? En caso de que la respuesta sea positiva, este artículo estará lleno de necedades inconstitucionales a su juicio y es mejor que deje de leerlo.
Ahora bien, si es usted un defensor de los derechos humanos, de la libertad y de la democracia, puede que lo que lea le haga algo de sentido. Pero si es usted un pragmático que no encuentra fin ni solución al nuevo régimen autocrático en México —sí, leyó bien, en México—, entonces este artículo podría darle algunas respuestas.
El populismo existe desde que los políticos surgieron, sin embargo, en Latinoamérica este tipo de gobiernos tienen perfeccionándose poco más de cuatro décadas, parecen tener un manual que aquellos que no comulgamos con dichos arreglos no logramos entender, pero hay componentes comunes: hartazgo, resentimiento social, búsqueda de liderazgos fuertes, desdén al Estado de derecho y a la vía democrática, y mucho adoctrinamiento, todo aderezado con un muy atractivo discurso que promete el oro, la luna y el paraíso. Para todo hay una respuesta, pero no una solución.
Hugo Chavez fue el amo y señor del populismo latinoamericano, por algo muy simple, tenía billones de petrodólares y un carisma del tamaño de su ego, así que decidió gastar montos impresionantes de recursos públicos en políticas sociales en beneficio de casi todos los estratos sociales venezolanos, no solo eso, buscó enemigos comunes del desarrollo y los conquistó por la vía de la fuerza o del boicot; si se tiene la curiosidad o se lee alguna biografía de dicho personaje se encontrará que casi toda la población argumentaba: “se va a moderar, no va a pasar nada, así debe de ser al principio”.
Nadie lo creyó, pero ahí estaban a la vista de todos, una serie de señales innegables, y justo el primero de diciembre en el cambio de poderes apareció el heredero del poder chavista, Nicolas Maduro.
Nunca se moderó, pasaron muchas cosas y así fue de principio a fin, Chavez buscó o se dejó seducir por la maravillosa sensación que genera el poder, nunca lo sabremos.
Entre sus tantas inversiones, decidió financiar otros movimientos sociales, los petrodólares dan no solo para vivir sino para apostar, y lo hizo; el eje populista se extendió como reguero de pólvora, resurgió Cuba, Argentina, Ecuador y Bolivia, junto con Brasil tuvieron sus devaneos con Venezuela, incluso España se vio en peligro con la aparición de Podemos. México no es la excepción, no pudo con el PRD no porque existiera algo de vergüenza en ellos, sino porque no se pusieron de acuerdo.
El caso de México ha sido emblemático, en la campaña electoral en 2018 los ahora partidos opositores lo dijeron, lo gritaron, nadie lo creyó, pero ahí estaban a la vista de todos, una serie de señales innegables, no quisieron creerlo, los partidos del régimen habían perdido credibilidad y justo el primero de diciembre del mismo año en el cambio de poderes apareció el heredero del poder chavista, Nicolas Maduro Moro.
A diferencia de su progenitor político, Maduro es todo menos inteligente, es un hombre poco educado, nulamente entrenado en la logística militar y para ser sinceros es menos seductor que Chávez, quien incluso tuvo la osadía de llamar Mr. Danger al presidente Bush en el pleno de la ONU, el hombre era un espectáculo y derramaba poder, su heredero no.
¿Por qué debería de caer Maduro? Porque al caer, la mayoría, si no es que la totalidad de los países que reciben petrodólares venezolanos para financiar movimientos políticos como Morena quedarían en ceros, es verdad, queda México y no debe extrañarnos que en algunos años nos enteremos que el gasto público se desvió a algunos grupos políticos en el cono sur.
México se equivocó al reconocer a Cuba, Castro prometió elecciones libres después de un tiempo de su llegada, y no cumplió, el desastre está a la vista, sin embargo, fueron los cubanos los maestros al construir una de las mejores recetas para que las democracias se fortalecieran y sin una sola gota de sangre los populistas pudieran conquistar el poder por la vía de las urnas, ahí se encuentra el poder del populismo.
La nueva fuerza política mexicana lo sabe y sin duda les preocupa, les queda el financiamiento público, pero la operación en tierra, fuera de los ojos del INE y del sistema de fiscalización se hace con efectivo, con dinero que no deja huella, con bonitos petrodólares venezolanos, solo así se explican iniciativas como la disminución del financiamiento público de los partidos políticos o una austeridad majadera que tiene como fin el debilitamiento institucional mexicano.
Maduro se debe de ir, más pronto que tarde, la promesa de su caída implica la destrucción de una extraordinaria maquinaria de adoctrinamiento y financiamiento a movimientos populistas ya enquistados en el poder o a punto de nacer, sería sin duda un llamado de atención para aquellos que desean escuchar el canto de las sirenas para provocar la reelección infinita.
Es verdad que la comunidad internacional, liderada por Estados Unidos y Canadá, tienen intereses económicos en Venezuela, pero Rusia y China no es que busquen la receta de las arepas.
Es momento de tomar partido, nunca es tarde y nada es para siempre.
