Probablemente nunca se llegue a un acuerdo entre grupos religiosos y científicos en el tema del aborto. Los primeros aseguran que desde el momento de la concepción no solo hay vida sino alma; los segundos reconocen que hay vida condicionada y no pueden afirmar si hay conciencia de la realidad.
Los grupos religiosos no pueden probar la existencia del alma; los científicos, dada la relación embrión–madre, tampoco están seguros de que la conciencia sea única y no compartida. Con el paso de los años y los avances tecnológicos quizá logremos saber, hoy no.
Sin embargo, los argumentos alma vs. conciencia han sido abandonados por uno mucho más pragmático y real, el de la salud pública. ¿Es en realidad el aborto un tema de salud pública?
Sin duda lo es; a pesar de la objeción de los grupos religiosos de raigambre cristiana y asociaciones provida, las mujeres practicantes o no de alguna religión optan ocasionalmente por abortar, las razones son infinitas y moralmente imposible discutirlas; algunas, generalmente las más educadas y con mejor acceso a servicios de salud privados sobreviven, otras no corren esa suerte.
Se estima que la tasa de mujeres que mueren por la mala praxis de un aborto es de 33 por cada 1000 [Guttmacher]; por pequeño que se juzgue dicho número es suficiente para considerarlo un problema de salud que el Estado mexicano debe atender. Aquellas que desafortunadamente mueren no renuncian a sus derechos ciudadanos previo a recetarse con una curandera o de ingresar en un quirófano.
De vez en cuando, algún país intenta regular el acceso de la mujer al aborto como praxis médica, ahora tocó el turno a Argentina, en donde los grupos proaborto perdieron la oportunidad en el Poder Legislativo. Los argumentos fueron múltiples, sin embargo, aquellos que fueron vertidos en contra, en su mayoría, fueron de corte religioso y he ahí un grave problema. En México pronto veremos algo parecido.
Solo ha sido posible su despenalización, en 2007, en Ciudad de México.
La práctica de una religión es una decisión íntima y muy particular; ya sea por costumbre o por autodeterminación, la fe cuando se ejerce no es un valor aceptado por la totalidad de la población; quienes desarrollamos nuestra fe sabemos que esta choca y ocasionalmente es excluyente de la razón científica, pero algunos, faltos de caridad, buscan la forma de avasallar a quienes no comparten sus creencias; es ahí donde todo se complica.
En múltiples ocasiones se ha intentado regular el aborto, solo ha sido posible su despenalización, en 2007, en Ciudad de México. Desafortunadamente todos los partidos políticos con registro nacional o estatal en más de una ocasión han decidido acompañar de forma silenciosa al PAN, un viejo partido demócrata cristiano, con una visión liberal en temas económicos, pero con una posición sobre la vida privada abiertamente reaccionaria y conservadora. Por extraño que parezca, Morena, el nuevo recipiente de la izquierda mexicana, comulga con estas ideas.
Un Estado laico, como es México, se debe dar la oportunidad de regular la práctica médica del aborto, las mujeres a nadie piden ni permiso ni opinión ni perdón cuando optan por hacerlo, quizá pudieron haber resuelto sus problemas personales antes de practicárselo, quizá pudieron haber prevenido un embarazo no deseado, quizá muchas deciden utilizarlo como único método de anticoncepción; nadie lo sabe en realidad, juzgarlas de nada sirve, atenderlas sí.
¿Hay quienes buscan amnistía? Un buen comienzo sería conmutar cualquier pena impuesta a todas aquellas que voluntariamente o no han abortado y por ello han terminado en la cárcel; no solo han perdido hijos, como sociedad hemos separado familias, nos ha faltado capacidad de perdón, caridad y comprensión.
De igual forma, todos aquellos que creen en el aborto como una solución, en un ejercicio de madurez, deben respetar la objeción de conciencia de muchos profesionales de la salud y reconocer que el aborto impide el desarrollo de una vida; compartida o no, es una vida, es innegable.
Es obligación del Estado proteger la salud e integridad de la mujer, y al mismo tiempo proteger y nutrir el potencial de la vida. ¿Algún día encontraremos ese equilibrio?
@DrThe
