SELVA CHIAPAS

Por Raúl Eduardo Bonifaz Moedano

 

Partiría de una premisa y cuestionamiento fundamental: ¿qué es y para qué sirve la democracia? Asunto central, al analizar el ejercicio de consulta que el gobierno federal acaba de realizar y que da forma a la instalación de una planta termoeléctrica en la comunidad de Huexca, en el estado de Morelos. La solución la determinó 59 por ciento de los votantes que dieron su aceptación en contra de la opinión que han promovido algunos grupos que obtuvieron 45 por ciento de apoyos de quienes sufragaron. La cobertura del sondeo alcanzó parte de la población de Morelos, Tlaxcala y Puebla. Buen ejercicio democrático, señaló el presidente de la república, al indicar que no se perderá la inversión de 25 mil millones de pesos que se ha hecho y el proyecto proseguirá hasta concluirse.

Sin embargo, hay también críticos que opinan que esos mecanismos de consulta instaurados por el actual gobierno no son tales, ni se apegan a lo establecido en la Constitución Política de la nación en su artículo 35. Para la ciudadanía, queda claro que los requisitos que se establecen en ese precepto para consultar a la población son prácticamente imposibles de cumplir.

Y entonces tendríamos que retomar nuestra pregunta sobre la democracia que queremos. ¿A qué democracia nos dirigimos con el nuevo gobierno que ascendió en 2018? Y aquí debemos aceptar las limitaciones de la democracia representativa, que ha entrado en crisis por la forma en que se selecciona a candidatos y en los modos en que se concentran decisiones en pequeños grupos o en una persona, lo cual conlleva a que las mayorías que se expresan en las urnas se conviertan en minorías, las cuales se alejan de los ciudadanos una vez que son elegidos.

 

AMLO: “No se perderá la inversión de 25 mil millones de pesos que se ha hecho y el proyecto proseguirá hasta concluirse”.

 

El cuestionamiento a esa democracia liberal también se explica porque se mueve en el péndulo de su desasosiego, al ser acechada por tendencias hacia el populismo o al fascismo. Y ese es el problema y el dilema de nuestros días al que debemos anteponer principios renovados que vayan otorgando al ciudadano común el poder de su sufragio en aspectos concretos. Que sea el ciudadano quien decida. Ese es el enunciado de la democracia deliberativa que viene impulsando el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, que no margina lo político en tanto que incluye el antagonismo, sin dejar de respetar derechos y libertades.

Esta tipología supone ampliar la participación en todos los ámbitos donde la persona interviene para mejorar su convivencia, sin esperar cada periodo electoral legalmente establecido. Es el caso del proyecto de una planta termoeléctrica que resolverá necesidades de energía eléctrica en esa región, que además podrá impulsar propuestas concretas de desarrollo económico. Se entra en formas de debate entre ciudadanos, y entre estos y el Estado; y en este tipo de deliberación ya no se pueden tomar decisiones unilaterales por las cúpulas que nos gobiernan. Gobiernan los ciudadanos. Deciden los ciudadanos y no solo en las urnas, sino en las acciones de gobierno.

Diputado

 @Bonifaz49