Tal vez los diseñadores de ropa de invierno y de verano, así como los fabricantes de telas, no estarían muy de acuerdo con una tecnología avanzada que podría permitir que un mismo suéter o pantalón pueda ser usado tanto en épocas de frío como de intensos calores, pues modificaría los conceptos de moda de temporada y, por lo tanto, la producción de telas para invierno y verano.

Pero al margen de posibles conflictos, la creación de una tela inteligente que permita ajustar la temperatura del cuerpo representaría un gran avance en el campo de las telas inteligentes, pues sería de gran utilidad tanto para quienes viven en climas extremos, como para deportistas y trabajadores que desempeñan labores al aire libre o que implican esfuerzos físicos.

 

Las telas inteligentes

Las telas llamadas inteligentes porque pueden interactuar con algunos agentes ambientales ya existen desde hace tiempo, algunas ya están disponibles en el mercado y otras están en proceso de investigación o de perfeccionamiento. Se les define como textiles que “piensan por sí mismos”, gracias a la incorporación de dispositivos electrónicos, productos químicos u otros materiales producidos por la nanotecnología.

Esas telas inteligentes pueden diseñarse para: a) aumentar o disminuir la temperatura corporal; b) adaptarse dinámicamente al cuerpo para evitar tanto la limitación de movimientos como la rasgadura de la prenda; c) repeler todo tipo de manchas e incluso autolimpiarse; d) combatir las bacterias causantes del olor del sudor; e) evitar infecciones mediante antimicrobianos en calcetines y ropa interior; f) adaptarse al cuerpo de forma suave como si fuera una segunda piel; f) alertar del peligro, como las telas fosforescentes ya en el mercado; g) monitorear los signos vitales de deportistas y de pacientes ambulatorios. Y muchas otras posibilidades de uso que se siguen investigando.

Una de las innovaciones es la tela inteligente que permite regular la temperatura corporal mediante el uso de nanotubos de carbono, según informaron en la revista Science del 8 de febrero pasado, investigadores de la Universidad de Maryland, encabezados por Xu A. Zhang.

Los nanotubos de carbono semejan pequeñas láminas de grafito enrolladas, que tienen propiedades mecánicas, eléctricas, ópticas, térmicas y químicas. Reciben el nombre de nanotubos por sus dimensiones, ya que por lo general su diámetro es de un nanómetro (la milmillonésima parte de un metro), lo cual significa que son muy pequeñísimos. Como referencia, el diámetro del cabello humano es de 70,000 a 80,000 nanómetros, un glóbulo rojo mide 10,000 nanómetros, un virus promedio alcanza los 100 nanómetros.

 

 

 

Telas acondicionadas a la temperatura

Esos diminutos nanotubos de carbono se utilizan en pantallas planas, en sensores biológicos y químicos que detectan sustancias, en pilas de combustibles, en la administración de medicamentos, en raquetas de tenis…  la lista de posibles aplicaciones es muy amplia. Ahora se podrían emplear en ropa termorregulada.

En su trabajo Dynamic gating of infrared radiation in a textile (Compuerta dinámica de la radiación infrarroja en un textil), Zhang y colaboradores refieren que elaboraron una tela sensible a las radiaciones infrarrojas con fibras del polímero triacetato de celulosa (resistente a las arrugas, a las manchas, a ciertos productos químicos, a la luz solar y a la humedad), a la que recubrieron con nanotubos de carbono.

“El hilo en sí se expandió y colapsó en función del calor y la humedad, lo que cambió la sensación de las fibras. El espaciado más amplio de la fibra permitió un mejor intercambio de calor en condiciones de calor y humedad”, se refiere en el trabajo.

En la práctica, por ejemplo, cuando se suda, el calor y la humedad hacen que los hilos se retuerzan y deformen, lo que modifica el acoplamiento electromagnético entre los nanotubos, que permite que la radiación infrarroja escape y disminuya la temperatura, como lo hacen los poros de nuestra piel. Cuando hace frío, el mecanismo se bloquea y queda atrapado el calor cerca de la piel para calentarla.

“Reconoce [la tela] la forma en la que nuestro cuerpo cambia de temperatura en diferentes entornos. Es como una antena que capta los cambios de temperatura y de humedad […] Es la primera tecnología que nos permite controlar dinámicamente la radiación infrarroja”, ha referido YuHuang Wang, coautor del estudio.

Los autores consideran que esta tela podrían usarla primero los atletas, los bebés con dificultades para regular su temperatura, personas discapacitadas y ancianas que requieren una atención constante. Posteriormente, se podría generalizar su uso, ya que se puede tejer, teñir y lavar como cualquier otra tela.

Aunque los investigadores son muy optimistas, pues creen que en unos meses podrían estar en el mercado ropas confeccionadas con esta tela, habría que analizar tanto los costos de producción como otros factores para su comercialización.

 

reneanaya2000@gmail.com

f/René Anaya Periodista Científico