Entrevista a Felipe de la Torre | Arquitecto y artista plástico
Con especial agradecimiento a los arquitectos
José Carlos Osorno Covarrubias y
Alfredo Vidal García Salmones
El pasado 15 de abril en punto de las 18:50 horas, tiempo local de París, un incendió comenzó a consumir la icónica Catedral de Notre Dame. Se trata de uno de los siniestros más lamentables que se han suscitado durante los últimos años, pues, pese a que aún no concluye por completo la evaluación de daños, es seguro que se han perdido para siempre dos terceras partes de la cubierta del templo, el llamado “bosque” de la parte superior del recinto que consistía en un entramado de vigas de roble, que databa del año 1220, y la emblemática aguja que en el siglo XIX fue concebida por Eugènel Viollet-le-Duc y que se erguía orgullosa como un faro en “la ciudad luz.”
Aunque las llamas fueron ya sofocadas por los bomberos franceses después de largas horas de trabajo desesperado, la conmoción por esta tragedia continua recorriendo al mundo, dado que la Catedral de Notre Dame es considerada uno de los símbolos, por excelencia, de memoria, religiosidad, historia y arte de todo el planeta, que además tiene con México y los mexicanos una relación entrañable de afecto, tanto en lo particular como en lo social.
En ese sentido, especialistas de nuestro país han alzado su voz para analizar y pronunciarse sobre las secuelas que ha dejado este negro lunes, en especial para los ámbitos arquitectónico, artístico e histórico. En exclusiva para Siempre!, Felipe de la Torre, eminente hombre de lápiz y pincel, destaca que Notre Dame, cuya construcción fue hecha en un tiempo relativamente corto —82 años—, al tiempo que ha concentrado una enorme cantidad de momentos significativos de la historia gala, también resume en ella, desde el siglo XII, todo lo sucedido en técnicas y formas arquitectónicas, además posee una trascendencia de carácter muy personal para todos aquellos que la conocen.
“Mi primer acercamiento con Notre Dame fue a través de la obra de Víctor Hugo, Nuestra Señora de París. Desde joven tuve un acercamiento con la cultura francesa, pero fue hasta 1976 que visité París junto con mi esposa: nos quedamos prendados no solamente de la catedral, sino del conjunto y el simbolismo de la ciudad, pero Notre Dame es sin duda el corazón de la ciudad; visitar Notre Dame es inevitable, es una necesidad, al igual que visitar ciertos museos u otros monumentos. Ir a Notre Dame es una especie de bautizo cuando uno conoce París”.
El también pintor y escultor explica que el simbolismo histórico y religioso del sito respalda la fuerza con que se queda en la memoria de quienes la han admirado, aunque, en su caso, a esto se suma la presencia que el templo ha tenido en el desarrollo de su labor artística.
“Tuve, desde temprana edad, una visión muy marcada por la música: en Notre Dame escuchaba conciertos de órgano, de orquesta y de cantos sagrados, esto aunado a mi educación religiosa, profundamente católica, me permitió poder apreciar por igual las manifestaciones litúrgicas y las arquitectónicas, con ello vino el aprendizaje de las proporciones, de las formas, de las técnicas en el espíritu de la construcción del gótico, de la talla de las imágenes que son impactantes ahí; aunque hay muchas obras en la misma Francia y en otros países de Europa, a mí Notre Dame me parece excepcional, las proporciones, las formas y la casi exactitud de la fachada, de los interiores.
Es probable que pierda un poco la objetividad por el afecto que tengo por esta construcción pero, sin duda, de manera inconsciente, ha influido a lo largo de mi trabajo, sobre todo en la pintura, pero también en algunos trabajos de escultura: yo constantemente emprendo búsquedas para encontrar la sencillez, los detalles y el conjunto que son muy notorios y apreciables en la catedral.
Eso es persistente en mi labor, solo que a veces a uno se le olvida de dónde vienen esos elementos, y ahora, con el incendio, se abre inmediatamente la voz del recuerdo, del corazón, de la conciencia y se reconoce la razón del dolor.”

En cuanto a la pérdida, De la Torre la define como irreparable, en el sentido simbólico pues la historia habría hecho únicas las pérdidas propiciadas por el fuego; aunque Notre Dame, indica el especialista, ha sobrevivido a diferentes adversidades como revoluciones, guerras mundiales, accidentes y vandalismo, la catástrofe del 15 de abril es tal vez la más devastadora que se recuerde.
“Me parece un enorme tragedia para Francia, pero también para el mundo. No es un hecho menor la desaparición de estos importantes monumentos: hay muchos otros en la Tierra que son fundamentales en la cultura de la humanidad pero, por nuestra proximidad con la Europa occidental y por la importancia que tiene esta catedral específicamente, es evidente que nos afecta a todos. Es una pérdida para todos quienes nos relacionamos, de manera directa o indirecta, con la cultura francesa: la arquitectura, las artes plásticas, la danza, muchas cosas tienen su origen en los pasajes de París y esta ciudad tiene como una de sus principales almas a Notre Dame. Este incendio hace olas para todo el mundo.”
Felipe de la Torre puntualiza que, si bien es posible recuperar y restaurar gran parte de las cosas dañadas por las llamas, otras deberán rehacerse, sin embargo, señaló que la prioridad es determinar las medidas, junto con las tecnologías, que habrán de implementarse para modernizar la seguridad de las construcciones y evitar que una desgracia como esta pueda repetirse.
“Hay que encontrar de inmediato las causas del incendio para mejorar de manera rápida y precisa las medidas de seguridad. Así, lo que se va a restaurar se podrá hacer con la más alta calidad de restauración. Esta tragedia deja una enseñanza que tenemos que aprender de inmediato y muy probable, por desgracia, vamos a tener que avanzar a pasos agigantados, en estas semanas, en estos años, las técnicas y tecnologías de protección y prevención para los edificios, aunque sea, como dice el dicho una vez ahogado el niño tapar el pozo.

Entrevista a Ethel Herrera Moreno | Doctora en arquitectura e investigadora del INAH
La doctora Ethel Herrera Moreno, investigadora de la Coordinación Nacional de Monumentos Históricos del INAH realizó para Siempre! un retrato hablado de la catedral de Notre Dame, a la cual calificó como un invaluable tesoro a nivel internacional dado que se trata del más hermoso e importante ejemplo del estilo gótico francés, un impresionante recinto que tiene una longitud de 128 metros por 48 de ancho y cuyas torres tienen un altura de 69 metros. También la especialista señala que Notre Dame ha sido intervenida de manera importante en dos años específicos, 1790 y 1871. En este último año, fue cuando Eugènel Viollet-le-Duc le añadió la aguja de 96 metros de altura que se perdió tras el incendio. Pero, además de sus atribuciones arquitectónicas, la catedral colindante al Sena tiene mucho que contar en cuanto a los acontecimientos que ha albergado en su interior.
“En Notre Dame han tenido lugar algunos de los acontecimientos más importantes no solo en la historia francesa, sino mundial, dada su trascendencia en la cultura. Algunos de los más significativos fueron la proclamación imperial de Napoleón Bonaparte en 1804, la beatificación de Juana de Arco por Pío XII en 1909 o los funerales del general Charles de Gaulle en 1970. Por si fuera poco, es el monumento más visitado de Francia, pues solo en 2018 recibió a 14 millones de personas ”.
Herrera menciona, además, que no es de poca importancia la relación que este recinto mantiene con nuestro país, pues fue en el interior de Notre Dame donde Antonieta Rivas Mercado, la gran impulsora y mecenas de las artes en México durante los primeros años del siglo XX, se quitó la vida, según cuenta la leyenda, después de una decepción amorosa con José Vasconcelos. Por otra parte en el ala lateral izquierda puede observarse un espacio dedicado a la Virgen de Guadalupe, el cual fue concebido en 1949 y consagrado un año después; en él, puede observarse una representación de la “Reina del Tepeyac” proveniente de El Vaticano engalanada con una fastuosa corona de oro de 18 quilates con incrustaciones de esmeraldas y perlas hecha por la joyería Mellerio, considerada la más antigua del mundo. Para la académica, “la pérdida más significativa que dejaron las llamas, en el sentido simbólico, es en el ámbito religioso, pues es equiparable, precisamente, a que en México hubiera un incendio en la Basílica de Guadalupe”.
Aunque este sentimiento no es necesariamente católico, explica, “puesto que la espiritualidad y la religiosidad trascienden el esquema del dogma”. Por último, considera que se visualiza un panorama positivo en cuanto a la reparación de la catedral, debido a que ya se han sumado diferentes voluntarios y donadores a la tarea de devolverle el brillo; no obstante, aclara, que es necesario asimilar la utilidad de este lamentable hecho y aplicarla a la conservación de patrimonio histórico.
“Es increíble que Francia siendo un país de primer mundo no haya tenido un sistema de protección. Esto debe enseñarnos que se deben implementar medidas para resguardar nuestro patrimonio. Al igual que en México los sismos nos mostraron los diferentes comportamientos de las estructuras, en este caso particular también debe aprenderse algo. Deseo que estas cosas tan tristes y lamentables sirvan para llamar la atención sobre el cuidado de los tesoros invaluables que poseemos en el mundo”.
