La democracia, tan anhelada y vapuleada a la vez, necesita demócratas, ciudadanos que crean, piensen y sientan que no es sólo un deber sino una obligación cumplir con un conjunto de reglas que a través de los años hemos decidido darnos, según el país o el autor; al término se le agregan o se le quitan algunos componentes, no son pocos los autores que condicionan el Estado de derecho que asegure derechos políticos, las libertades civiles y mecanismos de rendición de cuentas con una democracia de calidad (Democracia y estado de derecho https://bit.ly/2GHy0xW).
El ciudadano demócrata es una especie en peligro de extinción; lo atestiguamos en las declaraciones de mentes que suponíamos brillantes cuando el ejecutivo recién electo decidió celebrar la consulta ciudadana que le dio el pretexto para cancelar el ex nuevo aeropuerto de la Ciudad de México, los más sofisticados decidieron calificar dicho abuso como un ejercicio “alegal”, o sea, ni regulado ni prohibido, aunque en realidad si hay una figura constitucional regulada y permitida que es la consulta popular la cual requiere que se cumplan un buen número de requisitos y pues ¡que pereza hacerlo!
Bueno, pues ese fue el inicio de una serie de actos violatorios del Estado de derecho, algo predecible en el actuar del jefe del ejecutivo.
El ciudadano que le confió su voto, fue engañado. Seguramente si le hubieran explicado con peras y manzanas el verdadero fondo del proyecto político lopezobradorista, más de uno lo hubiera pensado antes de sufragar, y así llegamos a mediados de diciembre de 2018 cuando desde Palacio Nacional se ordenó la suspensión indefinida de las licitaciones de contratos petroleros, bajo el argumento de que el desarrollo de campos petroleros por parte de privados es consistente con la meta de AMLO de revertir la caída en la producción nacional de crudo, pero se tenía que revisar.
Probablemente el presidente, su grupo político y su partido esperaban mayores números en el legislativo que le permitiera hacer prácticamente su real antojo, sin embargo, el Senado ha sido el único dique de contención ante el pulso autoritario presidencial, pero, para todo hay una solución y que mejor que aquel famoso apotegma “obedézcase, pero no se cumpla”.
Sus feligreses gritan y exigen más facultades para su presidente, incluso algunos analistas han argumentado que el ejecutivo se encuentra tan acotado especialmente por los órganos autónomos que esa es una de las razones por las cuales esto no camina, tonterías.
¿Puede? Sí, claro que puede, no debe, pues ello implica una flagrante violación del Estado de derecho, pero es una solución medianamente viable, solo deben de dejar de trabajar algunas áreas en secretarías de estado claves como gobernación y educación pública entre otras y así logrará sus fines.
¿Es el presidente un demócrata? No, no lo es, no quiere, no lo desea y simplemente no le gusta, desafortunadamente su ejemplo permea entre la ciudadanía, su actuar invita a que nuestros problemas sen resueltos a golpes y no por la vía institucional.
Ahora bien, el famoso memorándum es un maravilloso pretexto para que futuros presidentes, si es que los hay, puedan hacer su santa voluntad, si ahora hemos normalizado lo sucedido, no nos debe asustar ni molestar que vuelva a suceder, incluso si un opositor decide hacerlo para lastimar al régimen.
En breve, es probable, que atestigüemos otros abusos, que no nos gustarán, que nos lastimarán y que seguramente nos dividan más como sociedad.
2021 se ve tan lejos…
@DrThe
