Mientras unos investigadores señalan que en el cerebro humano adulto se siguen generando neuronas (neurogénesis), otros descartan que haya producción de células cerebrales en la edad adulta. Ambos grupos de investigación han publicado sus trabajos en los que demuestran lo que afirman. Pero eso no quiere decir que alguno de ellos haya falseado los resultados, sino que deben continuarse las investigaciones para llegar a un mejor conocimiento de la neurogénesis.

En estos días de encuentros y desencuentros entre México y España, resulta coincidente que se enfrenten en esta discusión científica un grupo de investigadores españoles y otra de americanos encabezados por el neurobiólogo mexicano Arturo Álvarez Buylla, Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica, en 2011.

 

La génesis de una polémica

Durante muchos años se consideró que el ser humano nacía con un número determinado de neuronas y que a lo largo de su vida, principalmente en la infancia y adolescencia, se desarrollaba y maduraba. En la década de 1960, Joseph Altman encontró las primeras evidencias de que había neurogénesis en mamíferos adultos en la corteza cerebral y posteriormente en el giro dentado del hipocampo (estructura del cerebro que tiene como principales funciones la memoria y el aprendizaje).

Sin embargo, no fue sino hasta dos décadas más tarde que se empezó a investigar con más interés, pues se encontró neurogénesis en ratas y aves. A principios de los años de 1990 se demostró la neurogénesis en primates. A partir de entonces se han sucedido estudios sobre la neurogénesis, pero no ha habido un trabajo concluyente.

 

Investigaciones contradictorias sobre el desarrollo de células cerebrales muestran cómo se genera el conocimiento científico, siempre buscando la comprobación de resultados.

 

En esas circunstancias, el doctor Arturo Álvarez Buylla y colaboradores publicaron el 15 de marzo de 2018 en la revista Nature, su trabajo Human Hippocampal Neurogenesis Drops Sharply in Children to Undetectable Levels in Adults (La neurogénesis del hipocampo humano cae bruscamente en niños a niveles indetectables en adultos), en el que buscaron neuronas jóvenes en el hipocampo de monos Rhesus (Macaca mulatta) y en pacientes adultos con epilepsia y adultos sanos. Los investigadores concluyeron: “El reclutamiento de neuronas jóvenes en el hipocampo de primates disminuye rápidamente durante los primeros años de vida, y la neurogénesis en el giro dentado no continúa o es extremadamente rara en humanos adultos”.

Días después, el 5 de abril, Maura Boldrini, neurobióloga de la Universidad de Columbia y colaboradores, publicaron en la revista Cell Stem Cell el estudio Human Hippocampal Neurogenesis Persists Throughout Aging (La neurogénesis del hipocampo humano persiste a lo largo del envejecimiento). Pero Sorrells y Paredes, coautores del trabajo publicado en Nature, señalaron que observaron en su estudio neuronas semejantes a las descritas por Boldrini y colaboradores, pero que su análisis determinó que no eran neuronas jóvenes, es decir que no había neurogénesis.

 

Un estudio más extenso

El 26 de marzo pasado, un grupo de investigadores españoles encabezados por la bióloga María Llorens Martín publicó en la revista Nature Medicine su trabajo Adult Hippocampal Neurogenesis is Abundant Neurologically Healthy Subjects and Drops Sharply in Patients with Alzheimer’ Disease (La neurogénesis del hipocampo en adultos es abundante en sujetos neurológicamente sanos y desciende bruscamente en pacientes con enfermedad de Alzheimer), en el que presentaron los resultados del análisis del tejido cerebral post mortem de 13 personas sanas, de entre 43 y 87 años y de 45 enfermos de Alzheimer, de entre 52 y 97 años.

Los investigadores informaron en su trabajo: “identificamos miles de neuronas inmaduras en el giro dentado [del hipocampo] de sujetos humanos neurológicamente sanos hasta la novena década de la vida. Estas neuronas mostraron grados variables de maduración a lo largo de las etapas de diferenciación de la neurogénesis del hipocampo adulto. En marcado contraste, el número y la maduración de estas neuronas disminuyeron progresivamente a medida que la enfermedad de Alzheimer avanzaba”.

Llorens y colaboradores consideran que su método de registro de muestras es más efectivo que otros, ya que después de fijarlas en paraformaldehído no pasan más de 12 horas para que las observen, pues creen que después de ese tiempo ya no se pueden detectar las neuronas inmaduras. Sin embargo, Álvarez Buylla ha precisado que hicieron sus observaciones menos de 12 horas después de fijar sus muestras y no encontraron neuronas inmaduras, aunque apunta que utilizaron un anticuerpo diferente.

Además, ha puntualizado: “Las neuronas inmaduras que ellos detectan son muy grandes, parecen totalmente maduras por el tamaño, y sorprende que bajo ellas no haya otra capa con células inmaduras más pequeñas. Este es un problema muy complicado que se remonta más de un siglo, a la época de Ramón y Cajal. Tal vez necesitemos métodos alternativos para poder zanjar la cuestión”.

Estos trabajos que arrojan resultados contradictorios muestran la forma en que progresa el conocimiento científico, ya que como refiere el neurobiólogo mexicano, tal vez se requieran nuevos estudios con otra metodología, que permitan llegar a conclusiones que puedan ser aceptadas por la comunidad científica.

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f/René Anaya Periodista Científico