Desde 1961, cuando Yuri Gagarin se convirtió en el primer hombre en órbita terrestre hasta ahora, más de 500 personas han ido al espacio. Sin embargo, apenas ocho viajeros espaciales han estado más de 300 días en la órbita terrestre, por lo que aún se desconocen los cambios que podrían ocurrir después de una estancia prolongada en la ingravidez.
Lo que sí se conoce son los resultados de “la visión más exhaustiva que jamás hayamos tenido de la respuesta del cuerpo humano a un viaje espacial”, señaló la doctora en ciencias biomédicas Susan Bailey, de la Universidad Estatal de Colorado, coautora de un estudio de gemelos astronautas, uno en la Tierra y otro en el espacio.
El estudio de gemelos astronautas
En 2015 comenzó el Estudio de gemelos de la Administración Estadounidense de Aeronáutica y del Espacio (NASA), que consistió en tomar muestras de sangre y excreciones corporales al astronauta Scott Kelly, antes, durante y después de su viaje espacial que duró 340 días, a 400 kilómetros de la Tierra, a bordo de la Estación Espacial Internacional (EEI).
Al propio tiempo, su hermano gemelo idéntico o monocigótico (originado del mismo óvulo), Mark, también astronauta pero ya retirado, se sometió al mismo procedimiento en la Tierra, de tal forma que se pudieron comparar las modificaciones ocurridas durante un vuelo espacial en organismos con la misma carga genética.
El estudio de los gemelos, de 50 años de edad al inicio de la investigación, fue realizado por más de 80 expertos de 12 universidades, quienes formaron diez equipos de trabajo dentro del Programa de Investigación Humana de la NASA.
El pasado 12 de abril, precisamente 58 años después del primer viaje espacial, los autores del estudio publicaron su trabajo el “Estudio de gemelos de la NASA: un análisis multidimensional de un vuelo espacial humano de un año” (The NASA Twins Study: A multidimensional analysis of a year-long human spaceflight), en la revista Nature.
En total se tomaron 183 muestras de sangre, bajo las indicaciones del investigador Francine E. Garrett-Bakelman de la Escuela de Medicina de la Universidad de Virginia y autor principal del trabajo.

Los principales resultados
Con el análisis de esas muestras se obtuvieron hallazgos relevantes:
Alargamiento de los telómeros (parte final y de protección de los cromosomas, que tienden a acortarse conforme se envejece), pero al regresar a Tierra la mayoría volvió a su longitud normal, incluso algunos se acortaron más, lo que podría representar un riesgo de problemas cardiovasculares y cáncer.
El microbioma del intestino de Scott (conjunto de genes de microorganismos, como bacterias, virus y hongos, que tienen una función importante en nuestro cuerpo) se modificó drásticamente durante el vuelo espacial, pero la flora intestinal regresó a su población normal cuando terminó el viaje.
Los cambios epigenéticos de Scott (mecanismos que regulan la activación o desactivación de los genes, originadas por el medio ambiente) no fueron mayores que los experimentados por Mark. Pero un subconjunto de genes persistió alterado durante seis meses, probablemente debido a daños causados por la radiación; asimismo se observaron cambios en sitios relacionados con el acortamiento de telómeros y producción de colágeno.
La arteria carótida, que lleva sangre del corazón al cerebro, se engrosó en Scott, pero no se pudo determinar si fue debido a modificaciones del flujo sanguíneo en el espacio o por el proceso de envejecimiento del astronauta; tampoco se sabe todavía si será reversible dicho engrosamiento.
La masa corporal de Scott disminuyó siete por ciento durante el vuelo, probablemente por el mayor ejercicio y la nutrición controlada en el espacio.
Se encontró elevada la proteína acuaporina 2, que regula la reabsorción de agua e indica el estado de hidratación. Se cree que hay una tendencia a que los líquidos migren a la cabeza, lo que aumenta la presión intracraneal y causa problemas visuales.
Scott tuvo dificultades en los procesos cognitivos como aprendizaje, razonamiento, atención, memoria, resolución de problemas y toma de decisiones, en especial tardó más en resolver las pruebas cognitivas.
Estos y otros hallazgos podrán servir para investigar “cómo nuestra salud se ve afectada por el entorno que nos rodea, independientemente de las variaciones físicas que ocurren naturalmente entre la mayoría de nosotros como individuos”, ya que estas investigaciones podrán ayudar a comprender mejor el envejecimiento y algunas enfermedades aquí en nuestro planeta.
Sin embargo, debe señalarse que se trata del primer estudio comparado, por lo que se requieren más investigaciones para determinar los efectos del espacio en el ser humano.
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