La aprobación de la reforma laboral por la Cámara de Diputados, que, por cierto, ya se estaba demorando, no fue porque la tuvieran contemplada para este periodo, se encontraban dirimiendo el sueño de los justos como muchas otras que están pendientes, pues son los temas predilectos de los morenistas.

A la actual administración se le prendió un foco rojo cuando la líder de los senadores demócratas Nancy Pelosi, en el vecino país del norte señaló que si México no hacía a la brevedad la comprometida reforma laboral, el Acuerdo México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) ni siquiera sería tomado en cuenta para su aprobación en la Cámara Alta norteamericana. Es un tema donde puede haber confluencia entre demócratas y republicanos, aunque el equipo de Trump requiere un buen número de votos de los primeros para obtener la ratificación.

En un principio el presidente López Obrador y su equipo de asesores, al darse cuenta del contenido del Anexo 23 del tratado y sus alcances, trataron de hacer infructuosos cabildeos con los norteamericanos buscando atemperar las exigencias establecidas en el documento, topándose no solo con el rechazo a cualquier cambio sino que además se les reconvino a su estricto cumplimiento.

En realidad existe una predisposición hacia nuestro país al considerar su incumplimiento en los pactos, y el tema laboral se ha vuelto sensible a grado tal que los congresistas Ron Wyden y Sherrod Brown se han pronunciado en el sentido de que el gobierno estadounidense tenga la facultad de inspeccionar fábricas en México para certificar que se acata lo convenido en ese rubro, planteando consecuencias —en caso contrario— a través de sanciones comerciales, a ese grado llega la desconfianza.

Se comenta que el mismo Jared Kushner, en su última reunión con López Obrador, urgió al gobierno a sacar adelante la reforma, cerrando la pinza el Secretario de Comercio de la administración Trump, Wilbor Ross, en la ciudad de Mérida, al señalar que el proceso de ratificación ante el Senado norteamericano iniciaría el dieciocho de abril y tardaría alrededor de tres meses.

En esas condiciones la aprobación de la reforma laboral se ha convertido en prioridad para la administración lopezobradorista, razón por la cual la Cámara de Diputados con mayoría morenista se vio en la necesidad de meter el acelerador a fondo, cuidar el dictamen y sacarla a la brevedad posible, mandando mensajes positivos al Senado norteamericano.

En cuanto al contenido es menester decir que toca rubros trascendentes en relación al sindicalismo mexicano, esencialmente el esquema democrático, área por demás sensible que amerita transformaciones de fondo y que se habían ido postergando, al igual que lo concerniente a la titularidad de los contratos colectivos de trabajo y el fin de las juntas de conciliación y arbitraje dependientes del Poder Ejecutivo.

Su paso por el Congreso Mexicano es simplemente como ventanilla de trámite, la presión norteamericana fue en realidad el principal motor para abordar intempestivamente el tema. Ahora nuestros vecinos del norte apuntan hacia nosotros con un solo reclamo: cumplan, cumplan y cumplan.