A poco estamos de que se cumpla un semestre de la nueva administración, la división entre mexicanos es cada día peor, preocupante, tangible. Siguiendo el famoso adagio “divide y vencerás”, PAN y PRI no pudieron llegar a un acuerdo medianamente aceptable para la elección de 2018 y el camino para el candidato ganador quedó libre.
Sin duda existe un cambio de paradigma, pero tal parece que no es el que se esperaba ni el que se deseaba, atrás quedaron los necios que rindieron su voluntad argumentando que “se iba a moderar” y aunque causa cierto placer malsano saber que se tiene algo de razón cuando previamente se advirtió lo que podría suceder, lo cierto es que vivimos en el mismo país, y los efectos positivos o negativos nos afectarán a todos, a unos más a otros menos.
Poco a poco va creciendo una no tan pequeña masa crítica que tomó por asalto las redes sociales, espacio por muchos años casi exclusivo del Movimiento de Regeneración Nacional, sería injusto no reconocer que fue ese un ingrediente clave en la dispersión de su mensaje y, por ende, una de las tantas razones de su victoria. Sin embargo, ese terreno, lo han perdido, les ha sido arrebatado por la furia opositora y difícilmente lo volverán a conquistar, más cuando miembros distinguidos de la nomenclatura han decidido claudicar.
Ahora la memoria falla, pero, cuando el líder de MORENA, recién caminaba las calles, dando a conocer su nuevo proyecto político, justo después de haberse separado del PRD, los ciudadanos que reunía eran pocos, algunas veces una decena, otras más media centena, en el mejor de los casos medio millar. Había perdido la operación en tierra que su otrora instituto político le brindaba y ya no tenía, sin embargo, le apostó a la construcción de uno nuevo.
Insisto, no ha pasado mucho para que un pequeño grupo de ciudadanos, decidieran organizarse y salir a las calles, sin embargo, es un conjunto peculiar se ha dicho que solo se manifestaron ciudadanos de piel blanca en un país en donde mayoritariamente somos raza de bronce.
“¿Cómo puede ser eso posible? ¡Están muy güeritos! ¡Son ricos! ¿En dónde estaban cuando los 43 de Ayotzinapa?” Es lo menos que han reclamado los fanáticos del jefe del ejecutivo, y suponiendo sin conceder que así sea, el presidente está leyendo bien la coyuntura, pero sus seguidores están cometiendo un grave error.
Si el estereotipo construido por el grupo político mayoritario es cierto entonces resulta que los dueños de la pequeña y mediana industria, los eternos cautivos del SAT, los empleadores de un buen número de mexicanos, son los que están levantando la voz, haciendo uso legítimo de sus derechos políticos.
Si es que son los blancos, clasemedieros, universitarios, mayores de cuarenta años los que ahora han tomado las calles, aquellos que tienen acceso a medios de comunicación y de información de forma indistinta, los que se paran en un aula y educan a nuestra juventud, suponiendo que es así, entonces el partido en el poder tiene un problema en ciernes, pues son esos mismos los que inicialmente les apoyaron, los que ayudaron a crear la masa crítica que se convirtió en un tsunami electoral.
Hoy día esta gente ha convocado a tres marchas, de poco menos de cinco mil asistentes la primera, algo cercano a diez mil la segunda y esta última, según el medio al que se le quiera hacer caso, van desde los tres mil asistentes que “concede haber visto” un reportero de El Financiero hasta los más de quince mil que reportó la policía preventiva, eso solo en la Ciudad de México, faltaría un cálculo de aquellos que se movilizaron en otros estados. Ellos alegan haber sumado más de cincuenta mil asistentes; es una guerra de números.
Tienen razón algunos integrantes del politburó, los marchistas todavía no encuentran una causa, un motivo que inspire a más ciudadanos a unírseles, si a ello le sumamos que algunos tomaron las calles con mantas y pancartas con mensajes discriminatorios y excluyentes, se enfrentan sin duda a la feroz crítica y cuestionamiento no solo de quienes a través de la apología del odio lograron posicionar a su candidato, también de otros ciudadanos que quizás se encuentren en la búsqueda de otras opciones políticas. Movilizar, operar en campo es un arte que dominan los partidos, pero que ahora los ciudadanos aprenderán poco a poco.
Algo se mueve al interior del sistema, pues la nueva clase política desprecia a quienes se manifiestan, los ataques son feroces, y la descripción que hacen de los asistentes, simplemente confirma lo que una y otra vez la academia ha querido negar, claro que existe el racismo inverso, esto que sucede es un gran ejemplo.
¿Por qué el presidente no los atacó? Porque justo así dio inicio su peregrinar en la construcción del partido que lo llevó al triunfo. El odio que destilan sus seguidores es una mala lectura de lo que podría suceder; ahorita son pocos, pero faltan más de dos años para las elecciones de 2021, el primer paso ya lo dieron.
Cuando Hannibal Lecter platicaba con Will Graham sobre los primeros asesinatos del Tooth Fairy, con mucha claridad le dijo que este era torpe y novato, pero que se le tenía que dar la oportunidad, iba a aprender y ese difícil “arte” lo iba a perfeccionar…
@DrThe
