El 7 de mayo de 2019 ha muerto Rafael Coronel Arroyo; se trata de uno de los más importantes y representativos artistas mexicanos de los últimos tiempos. Nacido el 24 de octubre de 1931 en Zacatecas, Coronel  se estableció desde  muy joven en la Ciudad de México donde realizó estudios en arquitectura y artes plásticas, siendo el acercamiento y amistad con grandes artistas como Carlos Orozco Romero, Francisco Corzas y Carlos Mérida el verdadero enriquecimiento que aquellos días dejaron a su vida.

Autor de un estilo excepcional en que confluyen una solemne sobriedad, colores vivos, elementos tradicionales mexicanos y un cierto matiz sombrío, el pintor estuvo siempre ligado a la genealogía de los pinceles nacionales de primer nivel siendo el hermano menor del no menos brillante Pedro Coronel y el yerno de Diego Rivera con quien estableció un vínculo entrañable a través de su hija Ruth Rivera Marín, el gran amor de su vida y madre de su único hijo, Juan Rafael Coronel Rivera.

Una vez deslumbrados los ojos mexicanos en espacios como el Palacio de Bellas Artes, a la obra de Coronel trascendió las fronteras y llegó a diferentes partes del mundo como Japón, Brasil, Bélgica, Italia y Estados Unidos. Sin embargo, el santuario de su imaginación tiene sede en la tierra que lo vio nacer, Zacatecas, donde se ubica su museo entre los muros de un antiguo convento.

 

De personalidad solitaria, y a la vez expresiva, este recinto parece ser una expresión viva del misticismo que siempre acompañó cada trazo del creador.

Aunque en sus últimos años se retiró de los reflectores públicos, Rafael Coronel mantuvo toda su vida un vínculo emotivo y de profunda amistad con la revista Siempre!, del cual dejan constancia las portadas de aniversario que realizó con la imagen de Don Quijote de la Mancha. El mítico personaje de Miguel de Cervantes significó un punto de encuentro entre los ideales de la publicación fundada por José Pagés y el genio de Coronel. La libertad con rostro humano es el simbolismo que se desprende de las imágenes que sirvieron como portada al semanario, mostrando a un hidalgo valeroso, gallardo, estoico, cuya sublime locura contra el mundo de la oscuridad nunca lo abandona, pese a que el tiempo ha erosionado su cuerpo. No sin matices melancólicos, el Quijote de Coronel acepta por sí mismo el desafío de tener voz y hacerla valer frente al silencio imperante;  es consciente de que su lucha es infinita, que nunca terminará, pero sabe que un solo halo de luz, el suyo, por más tenue que parezca puede romper con el más agobiante de los abismos, porque el autoritarismo político existe en tanto nadie levante la cabeza y el Quijote siempre tuvo el rostro había el sol. El trabajo de Coronel en Siempre!   hoy más que nunca simboliza un estandarte del papel ideal del periodismo dentro de la sociedad mexicana y nos lega la responsabilidad de preservarlo, al igual que la obra del zacatecano, en la memoria dinámica del actuar cotidiano. Descanse en paz, Rafael Coronel.