En México, y en América en general, no es tan grave el movimiento antivacunas como en Europa, pero ya en los Estados Unidos va cobrando fuerza, pues solamente 70 por ciento de los niños reciben el esquema de vacunación completo. El año pasado, en Europa, se diagnosticaron 40 mil casos de sarampión por falta de vacunación, y el movimiento contra las vacunas sigue en aumento, a pesar de las graves consecuencias para la niñez.
Por esas razones, un grupo de investigadores de la Universidad de Pittsburgh realizaron una investigación en redes sociales sobre los motivos de la oposición a las vacunas.
Una añeja disputa antivacunas
Prácticamente desde que surgió la primera vacuna, a fines del siglo XVIII, comenzó la disputa contra “esa repugnante sustancia de la vaca que introducen al cuerpo humano”, según protestaban los ingleses de esa época, ya que la vacuna, proveniente de una pústula de viruela de una vaca (de ahí su nombre), se administraba a los seres humanos.
Poco a poco la realidad terminó por vencer los temores y prejuicios, pues las eficientes campañas de vacunación lograron que en la segunda mitad del siglo pasado se erradicara la enfermedad de todo el mundo. Ahora sólo se conservan algunas muestras del virus en lugares bien resguardados de Estados Unidos y Rusia.
Sin embargo, en 1998 se publicó en la revista médica Lancet un artículo en el que se afirmaba erróneamente que la triple vacuna de rubéola, varicela y sarampión causaba autismo, lo cual fue desmentido por numerosas investigaciones serias y fundamentadas; la propia revista aceptó que las conclusiones de ese artículo eran falsas. Pero de la calumnia algo queda y han quedado sinrazones.
Ahora ya no se oponen solo a la triple, sino a todas las vacunas, como pudieron observar investigadores de la Universidad de Pittsburgh en 2017, cuando publicaron en Facebook un video en el que recomendaban la vacunación contra el virus del papiloma humano. Al cabo de un mes su video se viralizó (en redes sociales, por supuesto) y fue atacado por 800 usuarios de Facebook, que dejaron más de diez mil comentarios.
De esos usuarios se realizó una selección de 197, de los cuales 89 por ciento era del sexo femenino, 78 por ciento tenía hijos y únicamente 24 por ciento había estudiado más allá de la secundaria. La mayoría era de Estado Unidos (136) y el resto de ocho países, entre ellos Australia y Canadá.
Los resultados del análisis lo dieron a conocer Brian A. Primack y colaboradores en su trabajo It’s not all about autism: The emerging landscape of anti-vaccination sentiment on Facebook (No se trata solo del autismo: el panorama emergente del sentimiento antivacunación en Facebook), que se publicó en el número de abril de la revista Vaccine.
Las cuatro principales objeciones
Los investigadores clasificaron los argumentos opositores en cuatro grupos. El primero es el de la desconfianza: no creen en la comunidad científica y les preocupa que el Estado decrete la obligatoriedad de las vacunas, como ya ha sucedido en algunos países europeos y en varios estados de los Estados Unidos, pues consideran que atenta contra su libertad.
Otro grupo defiende los tratamientos alternativos como herbolaria, homeopatía y otros remedios nada confiables, pues rechazan las vacunas porque “tienen muchos químicos”, como si hubiera algún remedio sin productos químicos.
El tercer grupo apela a la seguridad, cree que son más los riesgos de aplicarse las vacunas que no hacerlo, pues toma como ejemplo generalizado una reacción secundaria en un millón y desestima los beneficios de prevenir una enfermedad.
El último grupo es el de la conspiración, asume que los gobiernos y los organismos internacionales ocultan información a la gente, algunos creen que el virus de la poliomielitis no existe y otros suponen que las vacunas esterilizan a los niños, como se esparció el rumor en México hace algunos años.
Ante estas objeciones, los investigadores proponen una serie de medidas, como hacer una campaña de alfabetización mediática, que consiste en mostrar a las personas el efecto de las redes sociales en las actitudes y comportamientos, lo cual podría contribuir a evaluar mejor lo que se publica. Otra opción es hacer series de ficción de contenido médico, ya que los autores consideran que es una forma eficaz de transmitir el conocimiento.
Finalmente, proponen que los médicos sean más activos en las redes sociales para contrarrestar la desinformación y, al propio tiempo, conformar una cultura médica y de la salud, pero con una estrategia bien planeada, como planteó Primack:
“Queremos entender a los padres que rechazan la vacuna para darles a los médicos la oportunidad de comunicarse de manera óptima y respetuosa con ellos sobre la importancia de la inmunización”.
@RenAnaya2
f/René Anaya Periodista Científico
