Entrevista José Luis Ruvalcaba, artista plástico
Dando continuidad a la celebración del 66 aniversario de Siempre!, presentamos a nuestros lectores una segunda portada conmemorativa, obra del artista José Luis Ruvalcaba. Se trata de una obra que representa una propuesta innovadora, no solo frente a los múltiples estilos y conceptos que se han engalanado las portadas de esta publicación, sino también ante los esquemas tradicionales del arte y su expresión. Como exponente de una corriente llamada pictorealismo, que combina la técnica plástica, con la fotografía y el body painting, Ruvalcaba se ha encargado de llevar al personaje del Quijote a una nueva dimensión interpretativa y estética que se encuentra vinculada con un proyecto en el que ha empeñados sus esfuerzo en los últimos años: Skin calligraphy.

“Es una idea que básicamente iba dirigida a la reivindicación de los estereotipos de lo que pude considerarse una o un modelo de arte. Los artistas tradicionalmente trabajan sobre lienzos de los que difícilmente se puede realizar una distinción, no hay lienzos feos, bellos, buenos o malos, todos se ven igual, pero cuando el cuerpo humano se convierte en uno el mundo de posibilidades visuales es infinito. Este proyecto no busca respaldar un estereotipo plástico académico, helenista o de alguna de las tendencia que a veces no son tan saludables, la idea es revalorar la premisa de que el creador de arte no se predispone al tipo de lienzo y, por lo tanto, las modelos no tiene por qué hacerlo; queremos repensar la posición de la plástica sobre ‘el debiera ser’”.

José Luis Ruvalcaba, artista plástico
Esta filosofía, explica el creador, se desarrolla en un marco particular, la apreciación de las letras, pero en el sentido literal de la expresión.
“Uno de nuestros objetivos es lograr que la gente se vuelva a enamorar de letras, pero de forma independiente a los temas o autores, queremos que se vuelva a enamorar de las propias formas de las letras, de las formas de la escritura. Todas las personas convivimos diariamente con las letras, pero no nos tomamos un momento para apreciarlas a pesar de que es sorprendente y prodigioso que existan y que nos permitan evolucionar de la manera en lo han hecho. La esencia de mi trabajo consiste en regresar a observar cosas que no estamos acostumbrados a ver, en llevar la caligrafía al body painting y pensar después en autores, obras y temas, y no a través del personaje sino en el personaje”.
Así pues, estos elementos y la visión personal del icónico caballero de Miguel de Cervantes se conjuntaron en una obra en la que se volcaron numerosos elementos técnicos y simbólicos.
“Después de años de estudiar la vida y obra de Cervantes, específicamente El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, nos llevó aproximadamente cuatro meses todo el proceso para llegar al resultado que el público apreciará. La caracterización del Quijote está inspirada en su mayoría por las ilustraciones que el artista francés Gustave Doré realizó durante la segunda mitad del siglo XIX. Considero que la imagen que tenía Doré del personaje es la más cercana a lo que quería representar Cervantes, la de un hombre envejecido, que ya no tiene fuerza para cargar con una armadura, pero que aún así decide volverse un héroe solitario al que no le importa consumirse, ni morir, por iluminar la vida de las personas que lo rodean”.
Adicionalmente, Ruvalcaba señala que este elemento de nobleza en el que se antepone el bien común al individual es fundamental para comprender la existencia del Quijote y su trascendencia desde que fue publicado por primera vez en 1605, una reproducción en la que el maestro también encontró inspiración.
El artista busca que la figura del Quijote muestre a “un héroe solitario al que no le importa consumirse, ni morir, por iluminar la vida de las personas que lo rodean”.
“La edición príncipe, la primera parte del Quijote, cuando la publican, está llena de errores ortográficos, la imprimen con una tipografía muy poco cuidada, la imprenta que la realiza no tiene muchos recursos y entonces hay fuentes distintas y tipos rotos, es decir que para su tiempo no era edición muy fina y estaba muy descuidada.
“Retomé en parte esos aspectos que nos permiten interpretar como se empezó a identificar al Quijote en sus primeros años e integré en la composición de la obra, por ejemplo, la portada y la contraportada de aquella edición, que podrán observarse a los pies del modelo. Los textos que están plasmados en el cuerpo son las primeras líneas de la primera parte, también de aquella edición, y se encuentran hechas con la tipografía exacta que viene en el libro de 1605.
“Vale decir que alcanzar la caracterización conllevó un tiempo aproximado de seis horas en las que se utilizó pintura profesional de body painting emulando los tonos de las tintas originales del Quijote; el 95 % de la imagen es pintura, por lo que se cuidaron los detalles de manera esmerada, ya que la producción se iluminó totalmente con luz natural y cada uno de los elementos que la conforman tienen un significado especial: el hacha celta, por ejemplo, representa las influencias literarias del norte de Europa que recibió Cervantes”.
No sin antes mencionar que el modelo, de nombre Hugo, que encarnó al “caballero de la triste figura” fue seleccionado precisamente por su actitud quijotesca ente las circunstancias de su vida, José Luis Ruvalcaba explica la relación que visualizó entre el Quijote y Siempre!

“El hecho de levantar la voz no significa necesariamente tener la razón, pero el hecho de callarse es peor que estar equivocado. Desde Siempre! se levanta la voz para que la gente sea consciente de que existen otras formas de ver el mundo. La revista es un faro para la gente que no sabe que tiene el uso de la voz y los Quijotes permiten, no levantarla, sino darte cuenta de que la tienes”.
Finalmente, agrega una definición propia de los Quijotes que son herederos del idealismo cervantino.
“En un mundo de oscuridad, los Quijotes iluminan el camino de quienes se sienten perdidos, aun cuando esto consuma su alma para, al final, convertirse en un eco del tiempo”.
