Entrevista a Jorge Comesal, escritor

Hace aproximadamente un año, conocí a Jorge Comensal en una fiesta de disfraces a usanza de la Condesa. Antes de ese día no había escuchado su nombre y fue precisamente por eso que no me importó conversar sobre cualquier cosa que pudieran decirse un hombre disfrazado de taquero y otro de aguacate. De entre la estridencia de la música y los muchos diálogos espontáneos, solo recuerdo haber hablado de Woody Allen y la sorpresa que me causó enterarme de que tenía 30 años cuando en realidad reflejaba una edad mucho menor. Posiblemente  mencionó que era escritor, pero fue hasta el día siguiente que pude corroborar el dato, no sin la emoción de un lector que acaba de descubrir a uno de sus autores favoritos.

A través de una prosa nítida y una brillante sensibilidad, cada uno de los textos de Jorge Comensal representaba un prodigio literario cuya lectura reinventaba de manera deslumbrante, por ejemplo, la vivencia de la música o el simbolismo de los tatuajes.  Pero Jorge, además, había creado una novela, Las mutaciones, a la que considero una de las mejores de nuestro tiempo, en la que el tema del cáncer representa una entrada, o una salida, a los más profundos rasgos de la personalidad humana. Jorge y yo  volvimos a encontrarnos para platicar  de esta extraordinaria obra editada por Antílope.

 

Existe una diferencia entre escribir y publicar; si un escritor quiere ser leído debe procurar abrir un diálogo público mediante su obra. La tuya, es una obra muy personal, autobiográfica, y a pesar de ello eres un autor muy comunicativo, lo cual no debe ser nada fácil de lograr.

La respuesta más honesta, y también escueta es que no sé cómo lo hago. Estoy pensando  ahora en el ensayo personal, y creo que procedo mucho a partir de algún episodio o anécdota personal para ser un poco mordaz conmigo mismo, como una estrategia de burlarme de mí  pero también como un pretexto para tratar un tema que me interesa o sobre el que me interesa discutir, especialmente aquellos que tienen que ver con la vigencia y actualidad de aspectos culturales como el tatuaje o el reggaetón contra la música barroca.

Escribo sobre temas así porque creo que también vale la pena pensarlos a través de la óptica de la memoria, del auto escarnio y de la  confesión, un poco,  aunque creo que es en la crítica donde se establece el diálogo sano con algunos lectores y está en el  tratamiento un tema que nos puede inquietar o dar curiosidad, un tema de actualidad. Por otro lado existe además el enfoque en que a todos nos sirve reírnos un poco, tal vez no físicamente, pero sí reconociendo que hay una aproximación ligera, sarcástica, irreverente a cierto tema, lo que a mí me sirve como una manera de soportar el mundo, de que no resulte tan oscuro, tan gris e insufrible.

Jorge Comesal, escritor

Jorge Comesal, escritor

 

Aunque detrás de lo satírico siempre persiste un trasfondo de tragedia: puedes reírte de una persona que se ha caído, puede ser cómico, pero la persona que cayó sufrió dolor en la caída. ¿Está presente esa premisa en Las mutaciones?

En la novela me importaba mucho buscar  la forma de reírnos con los personajes cuando se cayera uno de ellos. También quería, de algún modo, participar de su desgracia, caernos con ellos y reírnos, ser  el que cae y se ríe de que se cayó; no se trataba de solo quedarnos desde afuera, porque muchas veces la comedia es incompatible con la profundidad del  personaje, precisamente porque en la medida en que conoces más a alguien no te puedes reír de él, pero yo quería desafiar  esa aparente incompatibilidad e intentar que nos compenetráramos con los personaje y así pudiéramos encontrar lo risible en sus vidas, porque definitivamente no podía abordar esta historia  de manera superflua, o no quería hacerlo así.

 

“Escribo sobre temas así porque creo que también vale la pena pensarlos a través de la óptica de la memoria, del auto escarnio y de la  confesión”.

 

 

Y nos cuentas sobre varios personajes alrededor de un tema tan complejo como lo es la enfermedad, el cáncer específicamente.  

Hablé sobre el cáncer por varios motivos, pero ahora pienso en la existencia de un componente de molestia con la omnipresencia del cáncer en la narrativa en el que sirve solo para detonar el desenlace o el conflicto. Yo no quería que fuera el cáncer fuera arma con la que el narrador mata a su protagonista, sino el tema alrededor del cual la historia se teje, porque el cáncer, y me remito Sontag, es la enfermedad que se ha convertido en un paradigma, en depositario de una serie de metáforas negativas, inmorales, de nuestro tiempo. Le hace mucho daño a los pacientes y a sus familiares cargar con el peso de la  enfermedad como tal y a la vez con la carga de connotaciones negativas dadas por titulares de periódico como “La corrupción es el cáncer de nuestra sociedad”, o por la creencia de que el  rencor, la envidia, las emociones negativas son las responsables de que nos de cáncer.

Creo que es muy nocivo estar alimentando lo que Sontag llama, si no mal recuerdo, teoría moral del cáncer y quería contestar a eso a través de una historia donde el cáncer es fundamentalmente un hecho azaroso, ciego, hereditario, producido por desequilibrios o errores genéticos, que ni siquiera están atados a los hábitos de los personajes; es algo que me importaba narrativamente, que los tres personajes principales tuvieran la enfermedad por mala suerte y era ponerlos frente a la absoluta incomprensión de lo que les sucede, dotarlos de la necesidad de deshacerse de la pregunta corrosiva (¿por qué a mí?) cuando no se puede responder, y hacerlos aprender a lidiar con la incertidumbre y renunciar a la comprensión del universo  a partir de ese tipo de cuestionamientos egocéntricos.

 

¿Cómo lograste construir a esos personajes con características tan particulares, tan profundas, en un contexto con el que resulta tan difícil identificarse como lo es el padecimiento del cáncer, a una sentencia fatal?

Primero hay que reconsiderar la idea del cáncer como una sentencia de muerte. Paradójicamente, la principal sentencia  de muerte es haber nacido, por lo tanto la muerte está operando todo el tiempo, el cáncer la puede anticipar, apresurar mucho, pero no es ajeno a lo que va a pasar de todos modos en nuestra vida. En cuanto a la aproximación al aspecto vivencial de la enfermedad  se dio a través  de mi historia familiar, de las pláticas con personas enfermas, además de que descubrí todo un género de la escritura digital en el tema como los blogs donde los pacientes describen el proceso de la enfermedad y también el tratamiento. Y tuve oportunidad de descubrir distintas fases como la negación, la rabia, la aceptación, la tristeza y el duelo; esto me sirvió mucho para sumergirme en la experiencia del cáncer y fue si como desarrollé cada personaje de manera particular.

 

Dentro de tu novela realizas constantes analogías entre el comportamiento de los personajes y el comportamiento de algunos animales, ¿por qué el interés en este tipo de comparaciones, en estas metáforas?

En la novela esas metáforas se originan de manera muy poco premeditada, pero que si reflejan un interés genuino mío. Me parece que, no sé si es nuestra cultura o es algo que compartan todas las civilizaciones o de qué dependa, pero solemos asociar lo peor de nosotros a lo animal o atribuir lo peor a la animalidad, y lo mejor de nosotros a la divinidad. Nos despojamos de nosotros mismos de una manera muy maniquea, hay incluso personas que asumen que lo instintivo es malo, que son las bajas pasiones frente a las altas.

A mí eso no me gusta nada porque creo que mucho de lo mejor de nosotros es profundamente animal y lo compartimos con las demás especies: la empatía, el altruismo maternal, filial o fraternal, la curiosidad, el juego, todo eso está en mucha otras especies, ni siquiera son tan cernas a nosotros. Efectivamente me interesaba, por ejemplo, empezar comparando al protagonista con un babuino, curiosos frente a sí mismo y así simultáneamente todos los personajes  de la novela están movidos por una inquietud vital que es muy instintiva.

Después de Las mutaciones he querido dialogar con otras especies; desde el ensayo, en una antología de Antílope publiqué un texto sobre las anguilas ciegas de Yucatán y mi padre, en un libro el año pasado sobre los buitres, sobre las langostas y David Foster Wallace, y en ese ejercicio lo que hago es tratar de conocerme mejor a mí mismo a través de reflexionar sobre otras especies animales y vegetales también, porque creo que tenemos una imagen muy distorsionada de nosotros mismos.

 

Las mutaciones, tu primera novela, por la que has sido elogiado y celebrado por especialista en diferentes medios, entraste al mundo de la narrativa y los anaqueles por la cúspide, Jorge Comensal carga ya, por así decirlo, con el estigma del éxito de Las mutaciones, ¿será posible superarlo, dejarlo atrás?

Lo que yo escriba tiene que ver con el juego de las expectativas. Creo que  tratar de imitar Las mutaciones o diferenciarme completamente de ella serían formas artificiales de proceder. Pasa lo mismo con nuestra relación con nuestros progenitores, los admiramos tanto que intentamos emularlos, y pienso que nos puede hacer daño,  lo mismo cuando los aborrecemos tanto que nos definimos en contra de ellos.  Yo deseo  encontrar el camino natural y considero que la forma honesta de hacerlo es seguir escribiendo de lo que disfruto escribir, porque tampoco  creo que haya que caer en la tentación de tratar de predecir que va a para con nuestros libros, pero ser sincero conmigo mismo es seguir creando sobre el mismo mundo que describo aquí, que es el que conozco y con el que tengo una relación de amor y odio, con esta mexicanidad tan cómica, eso es lo que me sigue interesando tratar.