Dice un muy querido amigo y maestro que “el taxímetro nunca deja de correr”, así nos lo comentaba cada que un nutrido grupo de jóvenes corríamos a pedirle trabajo porque lo habíamos perdido, algo más o menos común especialmente cuando se trabaja en el sistema de partidos políticos, y se refería a que había que encontrar rápidamente una nueva fuente de ingresos porque los gastos, los acreedores, las deudas, las obligaciones contraídas, no se detienen.

Pues bien, “el taxímetro no deja de correr” para nadie, mucho menos para la república: compromisos hay, millones, y no terminan, al contrario, día a día es necesario invertir más en algunas tareas o al menos lo mismo para mantenerlas, difícilmente se gasta menos, es una tontería incluso sugerirlo, la vida no funciona así.

Año con año, los consejeros del Instituto Nacional Electoral salen a defender su proyecto de presupuesto, desde 2014 se le quiere convencer a la ciudadanía con el argumento que si se piensa que hay una diferencia entre precios reales contra precios nominales pues entonces el aumento que se pide no lo es tal, aunque se pida más, no dejan de decir y repetir que se debe mantener la autonomía del órgano ejecutivo, que hay un mandato constitucional obligado, etcétera, patrañas exquisitas.

Los consejeros electorales deben insistir que el INE es lo más parecido a un seguro de cobertura total, contra daños a terceros y responsabilidad civil, agréguele usted que también es un seguro de gastos médicos mayores, están obligados a recordarnos que es el único órgano de la república que asegura paz social, que quienes pensamos distinto estamos obligados a trasladar nuestros deseos y fobias a un ring institucional que nos organiza el instituto electoral, en donde no se desborden las pasiones, y si ello pasa que no nos agarremos a batazos o a balazos.

Deben insistir en que la única forma gratuita que tenemos en este país para identificarnos, para cobrar un cheque, para abrir una cuenta de banco, incluso para comprar un boleto de camión y viajar de la CDMX a Toluca o a cualquier otro lugar, contratar un servicio como internet o un teléfono celular, entrar a un antro, comprar cerveza, pornografía o cigarros, se llama credencial para votar, la cual indirectamente pagamos con nuestros impuestos y ya después no nos la cobran, eso es lo de menos, nos la dan y lo hacen de maravilla.

El consejo general año con año le debe recordar a actores y partidos políticos que no se nos debe de olvidar que la clase política desconfía de sí misma, que los ciudadanos también desconfían de la clase política y también entre ellos, y que al final es una hoguera de desconfianzas y vanidades de nunca acabar, por lo mismo los procesos electorales son tan complicados, tan barrocos, tan controlados, observados y que eso cuesta, mucho, muchísimo.

De forma un tanto tímida nos recuerdan que, en plena violación al derecho de libertad de expresión del ciudadano, fue tal el berrinche del actual jefe del ejecutivo que jura y perjura que le robaron la presidencia, que desde 2007 el monitoreo y el tremendo caudal de spots de 30 segundos ya no les cuestan directamente a los partidos políticos, tampoco se les ocurre recordarle a cada partido político que esos spots los utilizan, todos, que ni uno se desperdicia, que incluso a veces reciben más.

Por alguna extraña razón tampoco le quieren recordar al ciudadano que todavía vive en un país libre, en donde cada tres años puede cobrar facturas cuando los políticos no le cumplimos, que México todavía no es Cuba ni Haití, ello a pesar de las consultas a mano alzada. ¿O acaso el ciudadano cree que las mamparas, el crayón, las boletas, la tinta indeleble, las capacitaciones son gratis? ¿Qué todo ello lo regala la asistencia pública? Por favor, maduren…

Pero tampoco quieren ni son capaces de señalar incongruencias, como cuando la mayoría de los partidos políticos les boicotearon una nueva sede, mucho más digna y moderna, pero sobre todo necesaria y que ahora, el partido político mayoritario va a por la compra de un gran edificio, doble contra sencillo que no va a ser una casita de 64 metros cuadrados.

¿A quién le importa escuchar un debate sobre computadoras viejas? Tan simple que es preguntarle a cada representante de partido político y a cada representante del legislativo si todavía utilizan el primer teléfono celular que compraron o si cada año lo renuevan, ejemplos hay de sobra. Nadie quiere un árbitro rijoso pero la estrategia de comunicación que año con año adopta el INE es tan exquisita que pocos la entienden, por eso los cuestionan y desafortunadamente los descalifican.

La democracia cuesta, como ya lo han dicho muchos, es una inversión que evita que la sangre llegue al río…

@DrThe