Por Cecilio Ferro Villa

Las promesas alimentan las esperanzas, los hechos las pulverizan. Por décadas México ha anhelado un campo fuerte y garante de una alimentación suficiente, variada y saludable para todos; que reduzcan las grandes desigualdades entre los productores de autoconsumo, los que tienen capacidad de comercializar y los agroindustriales,que ofrezca a las nuevas generaciones una opción de vida segura y digna. La 4T ofrece promesas y buenas intenciones para el campo mexicano, pero en los hechos la esperanza de mejorar se desdibuja a medida que se observan los detalles del proyecto de Presupuesto de Egresos 2020.

La propuesta presupuestal del Ejecutivo se centra en las políticas sociales dirigidas a la población más desprotegida del espacio rural. Tal es el caso del programa Sembrando Vida, el cual busca ofrecer opciones de empleo y bienestar para la sociedad rural con mayor marginación. Es encomiable. No obstante, en el espacio rural acontecen innumerables interacciones económicas de una sociedad que no solo vive en el campo, sino que vive del campo. Ganaderos, fruticultores, horticultores y productores de granos y oleaginosas, entre otros, manifiestan su preocupación, porque de aprobarse el magro Presupuesto para el campo, tendrá efectos perniciosos que limitarán el desarrollo de las ramas productivas y el bienestar de sus familias. ¿Cuál es el objetivo de la política agroalimentaria del gobierno? Parece querer perpetuar un modelo incierto de autoconsumo en detrimento de un campo confiable, fuente de alimentos sanos, variados y suficientes para todos, pero también motor de aportación al PIB nacional.

La propuesta presupuestal 2020, asigna a la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (SADER), 46 mil 250 millones de pesos, lo que significa un 29.3 por ciento menos que en 2019. Comparado con los recursos que recibió en 2015 (92 mil 142 millones), se observa una estrepitosa caída del 50 por ciento. Para los agroindustriales del Consejo Nacional Agropecuario (CNA), los recortes son incongruentes con las intenciones de López Obrador para lograr la autosuficiencia alimentaria, sobre todo cuando 70 por ciento de los recursos que se destinarán al campo se enfocarán a programas sociales, para los cuales no se observan mecanismos de transparencia ni indicadores de cumplimiento.

Como si fuera poco, también se prevé el reacomodo de la estructura institucional del sector agroalimentario con el riesgo de la falta de expertos: la SADER presentó su nuevo Reglamento Interior –puesto a consulta pública el pasado 21 de agosto– el cual destaca el cambio de ASERCA por la Coordinación General de Ordenamiento de Mercados de Granos y Oleaginosas, la desaparición de 6 direcciones y la creación de 16 más. Semanas atrás representantes de cadenas productivas, legisladores y organizaciones del campo, levantaron la voz para inconformarse por el desmantelamiento institucional que se avecina, preocupación desoída por el Ejecutivo.

La inquietud por el debilitamiento institucional y presupuestal también se percibe en los gobiernos estatales de Aguascalientes, Querétaro, Guanajuato, SLP y Jalisco. Congregados en la Alianza Centro-Bajío-Occidente, con una perspectiva más integral sobre los problemas del espacio rural, proponen acciones estratégicas clave para el desarrollo del sector agroalimentario: vinculación académica y científica con la planta productiva; planear, ejecutar y evaluar el desarrollo agropecuario de la región; armonizar la legislación regional en materia agropecuaria; fortalecer el acceso a los mercados; disminuir el índice delictivo en el sector; facilitar el acceso al financiamiento; fortalecer la seguridad sanitaria; impulsar el desarrollo rural, y potenciar la competitividad de los productores de la región. Problemáticas que han sido expuestas en el seno del Consejo Mexicano de Desarrollo Rural.

Ojalá esta iniciativa de los gobernadores no quede como otra más de las expresiones desoídas por López Obrador y por una aplanadora legislativa a la hora de aprobar el presupuesto. El 15 de noviembre vence el plazo para la aprobación del Presupuesto ¿Habrá tiempo para que los legisladores de Morena y sus aliados corrijan la plana al Ejecutivo en favor del campo mexicano? ¿Veremos una Cámara de Diputados sensible a la realidad del espacio rural de México? Frente a esta esperanza, está la posibilidad de que los hechos la pulvericen.