Las tiranías fomentan la estupidez.
Jorge Luis Borges
Plataformas como UBER, DiDi o Cabify nacieron de un gran vacío legal que no regula ni debe regular transacciones entre privados, si a eso le sumamos el pésimo servicio que ofrecen la mayoría de los taxis en cualquier ciudad o pueblo mexicano, simplemente llegaron para triunfar.
El argumento es sencillo, un ciudadano está dispuesto a transportar a otro más en su automóvil privado y hay un punto de encuentro que es la aplicación o app, que los une y les cobra a ambos un porcentaje por dicha intermediación, fácil, lo mismo sucede con los intermediarios en la venta de semillas, de leche, contenidos televisivos, carne, hortalizas, compra y venta de inmuebles o incluso en el arte, los artistas tienen dealers que sirven en la intermediación entre el creador y el consumidor, solo por poner unos ejemplos.
Este tipo de transacciones son de lo más sencillo, cotidianas y naturales, sin embargo, el gremio de taxistas no es la primera ocasión en que pierden la cabeza e intentan manifestarse violentando la tranquilidad en una o varias ciudades.
¿Tienen razón en algo? Si, les afecta el mercado de asignación de placas. El estado mexicano ha sido totalmente ineficiente en este rubro por dos razones (1) porque la asignación de concesiones es una práctica monopólica del estado y (2) porque son gremios que supuestamente implican votos y movilización.
Ante el cambio tecnológico y la llegada de las plataformas, los taxistas se han convertido en una verdadera carga que difícilmente ganan electoralmente un par de distritos, han transitado a ser uno de los gremios más despreciados por la ciudadanía por hechos provocados por ellos mismos, a saber, unidades sucias, asientos desvencijados, cobros abusivos, asaltos, violaciones, secuestros, música desagradable, fuman, incumplen todas y cada una de las reglas básicas de urbanidad y de tránsito, nula higiene, generalmente se desconoce la identidad del chofer o es imposible saber la ruta de viaje, lo cual les facilita cometer todo tipo de tropelías.
Es normal, la familia alemana Von Thurn und Taxis, inventores del servicio de taxis, eran ladrones dedicados a robar transportes, un buen día descubrieron que ya nadie quería transitar por ningún bosque así que de pillos transitaron a “taxistas”, transportaban de todo por una módica cantidad y ellos mismos daban la seguridad de no auto robarse, así que, en el pecado llevan la penitencia. ¡Ah con el tiempo también inventaron el seguro contra robos!
Rentar un par de placas es más o menos fácil, comprarlas es el punto fino, obtenerlas implica colaborar con algún líder sindical “charro”, o con algún operador político siempre cercano a las secretarias de transporte o de movilidad, el pago de derechos es lo de menos, no así el “extra” que debe ser pagado para que, de mano en mano, lleguen las cantidades exactas a quienes controlan el trámite de principio a fin, unos billetes aquí, otros allá, todos ganan menos el consumidor.
Cada que un taxista sale a decir que los ciudadanos preferimos unidades inseguras, piratas o ilegales, es como cuando un ladrón se queja que alguien lo acaba de asaltar, todos hemos pasado por alguna historia desagradable en un taxi, nadie se salva, sin embargo, la pregunta del millón de dólares es ¿por qué los taxistas desean seguir siendo taxistas con placas controladas?
¿En verdad los estados necesitan diseñar plataformas tecnológicas para servir de intermediarios entre la oferta de taxistas y la demanda del consumidor que necesita un viaje? ¿No se han dado cuenta que el taxi tal cual lo conocimos está muriendo sino es que ya se extinguió? ¿Esa es su mejor idea? Estamos fritos…
Este es el momento para que las autoridades tanto federales como estatales simplemente se olviden de la producción de placas y tarjetones para taxis, principalmente porque no tienen la capacidad imaginativa y tecnológica para crear una aplicación de tal envergadura, ejemplos hay miles, la alerta sísmica, la corrupción que existe en los centros de verificación, el pago de muchos servicios, y un largo etcétera, sin duda hay algunos trámites muy eficientes como el pago de luz, el refrendo o la CURP, pero son los menos.
Los taxistas parecen personajes de la Edad Media, no entienden, no comprenden, no articulan que, si tienen la oportunidad de adquirir un auto, no es necesario comprar o rentar placas, lo único que tienen que hacer es adoptar un jefe virtual, pagar impuestos y con el tiempo cotizar para sus fondos de ahorro de retiro o pensión por mínima que esta sea. Esta también es la oportunidad política para convenir con las plataformas y trasladar el total del parque vehicular a plataformas reguladas que le den seguridades al usuario y eventualmente pueden contribuir al gasto público vía el pago de ISR.
Nunca, en ningún momento de la historia el cambio tecnológico se ha rendido ante movimientos políticos o sociales, preocupa, pero así es. Si a ello le sumamos la desesperante incapacidad política de la Jefa de Gobierno de la CDMX tenemos un perfecto coctel molotov.
No es lo mismo futurear con unos mezcales en el Covadonga que gobernar en el Palacio del Ayuntamiento ¿verdad doctores Sheinbaum y Lajous?
@DrThe
