Qué es más sano en la vida pública: ¿Reconocer un error y tratar de recomponerlo o profundizar en éste y hacer un símbolo donde no lo hay? Éste es el gran dilema para evaluar lo que pasó en Culiacán, es obvio y todo el mundo ha reconocido que fue un operativo mal planeado y mal instrumentado.

Nadie lo ha defendido, sin embargo, el gobierno reconoció con integridad, honestidad y responsabilidad que no podía adentrarse en esa aventura, de haber continuado hubiera sido la semilla de una masacre y un enrarecimiento en la vida nacional, además de hacer de Sinaloa uno de los motores de la economía mexicana, una arena de batalla.

Las decisiones son consistentes con la estrategia, se dijo que la inteligencia iba a privilegiar sobre la potencia en fuego, y eso pasó, por supuesto que no es afortunada la liberación del capo, pero hubiera sido menos atinado hacer un campo de batalla sin condiciones. ¿Para qué luchar batallas perdidas y volverlas a perder?

¿La captura del hijo del Chapo hubiera significado un cambio en la situación de violencia nacional? La verdad es que aunque es deseable, tampoco iba a ser la bala mágica contra el narcotráfico. Otro elemento es la gran paradoja, Ovidio Guzmán tiene sin duda órdenes de aprehensión con fines de extradición a Estados Unidos por tráfico de mariguana, aunque ya sea legal en muchas partes de ese país.

El Presidente y el secretario Durazo hicieron lo correcto, no engancharse en la vanidad, sino ver el interés público y la seguridad de los ciudadanos. La estrategia de seguridad es la pacificación del país, es cómo los ciudadanos de a pie podemos caminar en la calle sin miedo, y eso no se logrará sembrando más terror.

Sin duda la situación tendrá un costo, pero ningún punto en las encuestas o aplauso valen una vida humana.

@LuisH_Fernandez