El lanzamiento del primer nanosatélite fabricado por especialistas mexicanos es motivo de satisfacción y reafirma el valor de la comunidad de ciencia y tecnología de México, que a pesar de carencias económicas logra la generación de conocimientos invaluables.

Además, este gran logro podrá permitir “detonar la industria espacial mexicana y crear cientos de compañías con miles de trabajo en México”, como lo planteó Andrés Martínez, encargado de Programas Especiales de la División de Sistemas Avanzados de la NASA (Agencia Estadounidense de la Aeronáutica y del Espacio).

 

Los hitos mexicanos

La creación y lanzamiento del nanosatélite no es el primer logro mexicano en la era espacial, sino una más que consigue el talento mexicano. La primera hazaña ocurrió dos meses y 24 días después de la puesta en órbita del primer satélite artificial.

El 4 de octubre de 1957, la entonces Unión Soviética lanzó el Sputnik 1 al espacio, unos meses antes, entre junio y julio, la Escuela de Física de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí creó un programa para el diseño y construcción de cohetes. En noviembre se intentó el lanzamiento de un cohete, pero estalló en la base de lanzamiento, en Cabo Tuna. Semanas después, el 28 de diciembre, lograron lanzar el cohete Física 1, que pesaba ocho kilogramos y medía 170 centímetros, el cual se elevó hasta 2 500 metros de la Tierra. De esta forma se lanzó por primera vez en México un cohete con fines científicos.

El 12 de octubre de 1968, se transmitió al mundo por primera vez en color y vía satélite la inauguración de unos Juegos Olímpicos. Claro que la señal no fue captada por un satélite mexicano, sino por el estadounidense Early Bird (Pájaro Madrugador), pero pasó a la historia de las comunicaciones vía satélite.

Dos meses después, a fines de diciembre, el doctor Ramiro Iglesias Leal, fundador de la Asociación Mexicana de Medicina Aeroespacial, se convirtió en el primer ser humano en recibir e interpretar un electrocardiograma enviado desde una nave espacial, fue el del astronauta William Anders, tripulante del Apolo 8, que fue el primer satélite tripulado que orbitó la Luna.

En noviembre de 1985, el doctor Rodolfo Neri Vela fue el primer viajero espacial mexicano, en el transbordador espacial Atlantis, en el cual fue “especialista de carga” y el segundo latinoamericano en viajar al espacio, ya que el primero fue el cubano Arnaldo Tamayo Méndez.

Otro mexicano relevante en el terreno espacial es el doctor Rafael Navarro González, quien encontró una zona en el desierto de Atacama, Chile, con suelo semejante al de Marte; asimismo, propuso procesos para explicar la posible formación de moléculas orgánicas con base en estudios de terreno de Marte. Su trabajo influyó en el rediseño del instrumento que busca moléculas orgánicas en el robot Curiosity, en Marte.

 

El nuevo proyecto mexicano

Y en este año, se suma a esas hazañas el AztechSat-1, el cual hace alusión a la cultura azteca (Az), al reto tecnológico (tech, por su abreviatura en inglés) y es el primero de varios proyectos satelitales (Sat-1) con la NASA.

Este nanosatélite fue diseñado y construido por un equipo interdisciplinario de estudiantes de ingeniería y de otras áreas de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP), con la coordinación de la Agencia Espacial Mexicana (AEM).

El AztechSat-1 fue lanzado por el cohete Falcon 9, en la cápsula Dragon, desde las instalaciones de la NASA en Cabo Cañaveral, y forma parte de la Iniciativa de Lanzamiento CubeSat de la NASA, que ofrece alianzas tecnológicas innovadoras para deducir costos y permitir a estudiantes universitarios adquirir experiencia práctica.

El satélite mide diez centímetros por lado, pesa 1,050 gramos, tiene celdas solares que captan energía y la guardan para el funcionamiento de todos sus sistemas, entre ellos los de comunicación. Cuenta con un módem para comunicarse con satélites de la constelación Globalstar y un transmisor-receptor de ultra alta/muy alta frecuencia (UHF/VHF).

AztechSat-1 podría significar “una innovación disruptiva, al posibilitar con su interconexión con Globalstar, dejar de utilizar solamente estaciones de tierra para el control de nanosatélites, lo que permitiría incrementar el intercambio de datos para aplicaciones satelitales en el mundo y una reducción en costos”, consideró el director general de la AEM, Salvador Landeros Ayala.

Si se obtienen buenos resultados, se marcará otro hito en la tecnología espacial, para orgullo de los mexicanos que contamos con investigadores y especialistas de ciencia y tecnología con reconocimiento internacional, a pesar de “los otros datos” que dice tener la Presidencia.

reneanaya2000@gmail.com

f/René Anaya Periodista Científico