La primera noticia que tuve de Stanley Kubrick fue al leer una nota crítica aparecida en el No. 39 de la Semana en el CINE (25 de mayo de 1963): “Lolita, película norteamericana de Stanley Kubrick, s/hist. de Vladimir Nabokov, basada en su novela, con James Mason, Shelly Winters, Peter Sellers y Sue Layon (James B. Harris, Seven Arts, MGM, 1962). Cuando Espartaco había hecho perder a muchos la esperanza con Kubrick, he aquí que el director nos sale con una Lolita imprevisible e insólita. La película se inspira en la novela de Nabokov únicamente para profundizar en el análisis de una sociedad y de algunos de sus tipos característicos. ¿Qué importa que sean diferentes a los que el libro nos obliga a imaginar si son cinematográficamente verdaderos? He aquí que la película se salva por la estupenda elección, caracterización y dirección de los actores”.

La segunda noticia fue al leer, en la sección LOS REALIZADORES, de la parte DOCUMENTACIÓN, de la Semana en el CINE, No. 93 (6 de junio de 1964): “STANLEY KUBRICK. Fecha y lugar de nacimiento: 26-VII-1928; New York, EE. UU. ANTECEDENTES: Estudia en la Taft High School. Trabaja como periodista en Look (añado, y en Life) Se inicia en el cine como amateur que produce, dirige, fotografía, escribe y monta sus filmes. TESTIMONIO: Jean Luc Godard en Cahiers du Cinéma No. 150-151 (París, diciembre de 1963-enero de 1964) dedicado al cine norteamericano: Ha debutado impresionando al copiar los travellings de Max Ophuls y la violencia de Robert Aldrich. Después se ha dejado embaucar por el comercio intelectual siguiendo por los senderos de la gloria (Paths of Glory) internacional a otro K, otro Stanley (Kramer) de más edad que también se tomaba a sí mismo por Livingston. Pero, en tanto la pesada sinceridad de éste terminaba por triunfar en Nuremberg (Juicio en Nuremberg), Stanley junior zozobraba bajo el peso embarazoso de Espartaco sin llegar a hacer la caricatura deseada. Lolita autorizaba pues el peor pesimismo. Sorpresa: es un filme simple y lúcido, con diálogos justos, que muestra a Norteamérica y su sexo mejor que Melville y Reichenbach y prueba que Kubrick no debe abandonar el cine, a condición de filmar los personajes que existen y no las ideas que no existen sino en los basureros de los viejos argumentistas que siguen creyendo que el cine es el séptimo arte.”

Tiempo después, leería a Jean Mitry: “Uno de los realizadores con más impacto (y más prometedores) de la nueva generación. Características: filmes de tendencia social, tono brusco, despreocupado por la sintaxis tradicional”. La primera película que vi de Stanley Kubrick fue 2001: A Space Odyssey (1968) Filmada en D-150. Una introducción al conocimiento del cine de ciencia ficción, como anticipación del futuro, de manera filosófica. Mi inquietud fue tal que me propuse ver, a como diera lugar, sus anteriores largometrajes. Así que, comencé con Fear and desire (1953), historia de cuatro soldados, pertenecientes a un ejército no identificado, perdidos tras las líneas enemigas y que terminan siendo acribillados.
Killer’s Kiss (1955), su segundo largometraje, es un ejemplo de la primera vez que un artista importante entró en la industria cinematográfica para realizar su propia película, haciendo lo que se le daba la gana. Prestó más atención a los requerimientos de la serie B que a la lógica comercial, mostrando la figura de un boxeador y la muchacha que él protege de las proposiciones de su patrón, dueño de un salón de baile y de sus tentaciones de venganza. En The Killing (1956), su tercer largometraje, con un estilo rítmico y apabullante, relata un atraco llevado a cabo en un hipódromo. La película es sólida, con largos travellings y extrema violencia, muy al estilo del film noir. Hay una penetrante observación del los personajes, verosímiles y paroxísticos a un tiempo, en el marco de una acción muy concentrada, pero rica en aberrantes detalles (el sacrificio de un caballo). Fue un atrevimiento presentar una película de clase B sin orden cronológico. El sórdido y egoísta mundo del crimen, con una variedad de malhechores inédita, late a lo largo de un de las obras cumbres de la serie negra.

En Paths of Glory (1957), su cuarto largometraje, película antimilitarista, expone el por qué de unos procesos contra una rebelión de soldados, durante la primera guerra mundial (1917). El tema son los acontecimientos (un motín en el ejército francés) que conducen a un consejo de guerra. En Spartacus (1960) no vemos evidencias de su estilo, excepto las secuencias de las luchas de los gladiadores. Espectáculo e idea social salvan la película, aunque la actitud social no es muy convincente en cuanto a la explicación de las causas de la rebelión y los abusos de poder. Lolita (1962) describe una Norteamérica presta a la liberación sexual, con un estilo opuesto a su rápido ritmo narrativo. Doctor Strangelove or How I Learned to Stop Worrying and Love the Bomb (1963) es una farsa apocalíptica que, bajo una aparente bufonada, denuncia lo absurdo de la tecnocracia, la violencia extrema del nazismo y la reducción de la política a un ballet de marionetas que nada puede desequilibrar. Un comedia de pesadilla.
2001 A Space Odyssey (1968), es una película futurista plenamente lograda. La narración fue planeada en capítulos visuales (El alba de la humanidad, La pérdida en el espacio de un astronauta cuya suerte no llega a saberse, La persecución de un misterioso objeto celeste) unidos entre sí con las notas del vals El Danubio Azul. La concepción visual es magnífica. Hacia el final, el viaje psicodélico nos transporta hacia una nueva dimensión (se piensa, actualmente, en una caída, a la velocidad de la luz, inevitable y sin retorno, rumbo al centro de un hoyo negro) de sonido, color y movimiento, en el que las nociones de tiempo y espacio se pierden durante los diez minuto que dura. Al final de la parte inicial de la película, acompañada magistralmente de Also Sprach Zarathustra de Richard Strauss, hay un corte en el que se sintetiza, como bien se ha dicho, “la evolución tecnológica del hombre”. El antropoide que ha aprendido por casualidad a guerrear con un instrumento externo a su ser, lo lanza hacia arriba e inmediatamente vemos el espacio exterior colonizado, por el propio hombre, independientemente de misteriosos monolitos, portadores del conocimiento.
